Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Comisión Nacional de Pastoral Familiar y Vida

NUEVO SIMBOLO de los ENCUENTROS MUNDIALES de la FAMILIA

El Encuentro Mundial de las Familias tiene un nuevo símbolo. Se trata de un ícono en un gran mosaico, realizado por el artista jesuita Marko Rupnik, esloveno, El 11 de abril de 2012 fue bendecido en la plaza de San Pedro por el Papa. Confiado por el Santo Padre a Monseñor Erminio De Scalzi, presidente de la Fundazione Milano Famiglie 2012, la obra representa la Sagrada Familia y la Santísima Trinidad (explicación obtenida en familynews del 31 de mayo de 2012 y family2012.va)

El mosaico de Rupnik, que, por indicación del beatificado Juan Pablo II se había ocupado de la decoración de la capilla Redemptoris Mater en el Vaticano, ha sido llevado a Milán por monseñor De Scalzi para ser expuesto en el interior de la basílica de Sant’Ambrogio, en la capilla de la Virgen de la leche. Luego la obra inició una gira por las siete zonas pastorales de la Diócesis, donde permaneció una semana en cada una. El ícono, que pesa 60 kg, fue finalmente expuesto en el Mico-Fiera Milano City con motivo del Congreso Teológico Pastoral que el 30 de mayo de 2012 abrió oficialmente el VII Encuentro Mundial de las Familias. También fue llevado a Bresso al escenario de la “Fiesta de los testimonios” y de la Santa Misa celebrada por Benedicto XVI para luego ser entregado a la Diócesis que acogerá el Encuentro en el 2015: Filadelfia.

El mosaico cuenta con hermosos colores que nos ofrecen una oportunidad para purificar nuestros ojos. La luz y el color inicialmente nos atraen. Luego distinguimos las formas, muy sencillas: una mujer, un niño, un papá. Sabemos que se trata de Jesús, José y María.

Hay paz en estas tres personas. Una paz que se expresa en los colores y en la luz. José mira hacia lo alto como para tomar inspiración desde el cielo. El cielo se abre y la mano de Dios hace descender una llama de Amor sobre el mundo. En particular la llama baja sobre María que fija sus ojos sobre los de cada uno de nosotros como se mira a un hijo predilecto. Mientras tanto, con gesto de madre, sostiene los primeros pasos de Jesús que camina hacia nosotros y fija sus ojos en los nuestros como diciendo: aquí estoy para tí como un don, como en la noche de Navidad, un don para tu corazón, un don de amor que nace del corazón de esta santa familia. La Sagrada Familia en el centro del ícono y de la historia de la salvación; a los lados el paraíso terrenal y la Jerusalén celestial.

El ícono invita a imitar la forma de vivir este modelo que María, José y Jesús nos presentan. Cuántos conflictos, en cambio, se dan en el ámbito familiar. El ícono continúa hablándonos, diciéndonos cosas nuevas, diferentes para cada uno y que se escuchan sólo en el silencio del corazón.

“En la familia santa de Nazaret el cielo encuentra la tierra y la Trinidad divina encuentra la imagen humana más perfecta – explica el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio de la Familia -. La Iglesia se siente interpelada a ser cada vez más familia, para manifestar mediante el amor recíproco la presencia de Cristo en el mundo. Las familias están llamadas a ser unidas y abiertas, a preparar a sus hijos para su futuro y su misión, sin retenerlos con amor posesivo.

Todas las relaciones y actividades terrenales – continúa Antonelli – deben seguir la lógica del amor, para encontrar una nueva armonía y belleza, reflejo y revelación de la Trinidad”.

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