Iglesia al día

" “Todos somos discípulos misioneros en salida” "
I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

La Iglesia en los medios Colocaron placa por la Memoria de Mauricio Silva, el “cura barrendero”, desaparecido en dictadura

LA RED 21 |
http://www.lr21.com.uy/politica/1403001-kleber-mauricio-silva-iribarnegaray-cura-barrendero-placa-memoria-dictadura

La Comisión Nacional Honoraria de los Sitios de la Memoria procedió este viernes 14 de junio al descubrimiento de una placa en la parroquia San Juan Bautista (Pocitos) en homenaje a Kléber Mauricio Silva Iribarnegaray, conocido como el cura barrendero, quien ejerció el sacerdocio en dicho centro religioso, y en 1977 fue secuestrado y desaparecido por el régimen militar argentino.

La actividad se enmarcó en lo dispuesto por el artículo 23 de la Ley 19.642 de Sitios de la Memoria Histórica del Pasado Reciente.

Desde la Comisión se resaltó que la actividad de Mauricio Silva, siempre marcada por el compromiso con los más desprotegidos, lo llevó a radicarse en Argentina donde desarrolló su actividad religiosa como “cura obrero” empleándose en la municipalidad de Buenos Aires en el trabajo de barrendero. Desde allí realizó una fuerte actividad gremial y comunitaria.

En la mañana del 14 de junio de 1977 fue secuestrado por fuerzas represivas y desde entonces permanece como desaparecido.

Memoria, verdad y justicia

“A 42 años de sus desaparición nos congregamos hoy a hacer memoria, a reclamar por verdad y justicia, y a reivindicar el derecho de su familia a encontrar su cuerpo”, remarcó la presidenta de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH), María Josefina Plá Regules.

Agregó que el juicio que se inicio en Buenos Aires, para conocer el paradero del padre Mauricio “revela el incansable esfuerzo de verdad y justicia.

Resaltó el compromiso de los cristianos en Uruguay, en Argentina y en todo lugar donde los derechos humanos de otros “están menoscabados o violados”.

“Si dolorosamente tenemos que pedir perdón y lamentar tantos actos indignos de complicidad de hermanos en la fe, debemos también reconocer con orgullo, tantos gestos y tantas vidas como la de Mauricio, y otros, de entrega y solidaridad”, sentenció.

Del lado de los más humildes

Por su parte, la directora de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo Mariana Mota expresó que es la primera placa que se colca en un sitio religioso, y tiene el cometido de “recordar a las personas que sufrieron violaciones a los derechos humanos durante la dictadura”.

“Es también una forma de homenaje a la comunidad, y en el padre Mauricio a muchos religiosos que fueron perseguidos en dictadura”, indicó.

Mota remarcó el hecho de que la dictadura militar “no solo se focalizaba en las ideas políticas, sino también en todas aquellas personas que se oponían al régimen”.

“Que las personas dedicadas a su oficio religioso estuvieran del lado de los más humildes era entendido por la dictadura como una actitud subversiva, lo que demuestra hasta qué punto los regímenes totalitarios pueden llegar a someter y vulnerar los derechos”, indicó Mota en declaraciones a LARED21.

Su mensaje fue la solidaridad

Por su lado, el director de la Intendencia de Montevideo, Marcelo Schelotto, destacó que en el padre Mauricio “estuvieron los principios del cristianismo primitivo, el de los humildes, de los desplazados, de la sociedad y de los perseguidos por el poder dominante de la época”.

Remarcó que su vida fue su mensaje y su mensaje fue la solidaridad.

“Además de participar del movimiento reformador de la Iglesia Católica en la década de los años 60, se vinculó a la comunidad de los barrios populares compartiendo su vida con los más pobres. Su opción no fue dejar la pobreza, sino trabajar con los pobres desde la pobreza en el sentido material de la palabra”, remarcó

Resaltó, que “Mauricio era rico como ser humano, como actor social”.

“Ese sentimiento profundo por la justicia lo hizo estar del lado de los trabajadores y de sus luchas. Así fue que actuó como mediador en la huelga del gremio de la cervecería en Paysandú en 1960, y cuando el Plan Cóndor extendía sus alas en América Latina entró como barrendero en la municipalidad de Buenos Aires”, remarcó el jerarca.

Mauricio nos dejo ejemplos de lucha y vida volcada a los otros.

Mauricio, el cura barrendero

Kléber Mauricio Silva Iribarnegaray nació en Montevideo el 20 de setiembre de 1925. Mauricio fue su nombre religioso y familiar que adoptó en su confirmación, siendo seminarista salesiano. Fue maestro en la Patagonia, Lugar que le dejó profunda huella.

Participó como mediador entre la Iglesia y el líder de los cañeros Raúl Sendic. Experiencia que lo marcó profundamente.

Trabajó en la renovación de la catequesis en colegios como el San Juan Bautista, en la época de la renovación de la Iglesia después del Concilio Vaticano II.

Supo interpretar y poner en práctica las pautas de la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Realizó una lectura sabia de los documentos de Medellín. Ayudó a forjar hombres libres y responsables.

En 1970 ingresó como novicio en la Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio, -continuadores de la espiritualidad de Charles de Foucauld- en La Rioja, con Arturo Paoli, siendo obispo Enrique Angelelli.

En 1972 fue clasificador de residuos, en Santa Fe, en Rosario. La represión ya se sentía, sobre todo con los que participaban en actividades sociales y religiosas.

En los primeros meses de 1973 fue madurando su proyecto de comunidad evangelizadora y de acompañamiento en medio de los barrenderos municipales, en condiciones de trabajo paupérrimas, recordó la organización Madres y Familires de Uruguayos Detenidos Desaparecidos.

Luego se radicó en Buenos Aires donde trabajaba como barrendero municipal.