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La Iglesia en los medios Colegios como segunda opción

EL OBSERVADOR |

Ana Clara Galiana es maestra y comenzó trabajando en un instituto privado, mientras concursaba por un cargo efectivo en la educación pública; actualmente da clases en una escuela de la Curva de Maroñas

Galiana es maestra en la Curva de Maroñas. J. M. Ramos

Como maestra recién recibida, Ana Clara Galiana comenzó a trabajar en el Instituto Crandon, una escuela privada en el barrio La Blanqueada a la que asisten alumnos de clases media-alta y alta. Pero este colegio no era su primera opción, sino que su meta era la de ingresar en una escuela pública. “Mientras estudiaba para concursar por el cargo de la pública, trabajaba en el colegio”, dijo a El Observador.

Según Galiana, es común que los maestros trabajen en una escuela privada “mientras esperan el anhelado ingreso a la educación pública. Creo que la aspiración es ir hacia lo público, considerando las condiciones de trabajo”.

“En la mayoría de los casos, los maestros se reciben y aspiran a la efectividad en la escuela pública. En general, los colegios complementan: o es el otro cargo, o es el trabajo más tranquilo, porque a veces las efectividades son en barrios difíciles”, explicó.

Al año siguiente de haber ingresado a la escuela privada, Galiana logró lo que esperaba: ingresar como maestra efectiva a una escuela pública, aunque en la Curva de Maroñas. Durante un año, trabajó en dos lugares, como muchos maestros lo hacen, hasta que la falta de tiempo entre un trabajo y el otro la obligó a abandonar uno de los dos lugares y optó por continuar en la escuela pública.

“Estar en dos instituciones es agotador. Quería seguir estudiando, ganaba más o menos lo mismo, pero en la escuela pública tenía más posibilidades de crecer. Eso me lo dijo hasta el director del colegio en el que trabajaba. En una escuela del sistema público, uno tiene muchas ventanas: desde trabajar vinculada al Plan Ceibal y las computadoras, en apoyo como maestra de educación especial, hasta hacer cursos y acceder a la dirección de una escuela. También se puede cambiar de grado y cuando uno cambia de grado, aumenta el sueldo”, explicó.

La escuela pública también ofrece seguridad. La docente señaló: “en la escuela pública uno tiene la garantía de que, a menos que hagas alguna aberración grave, es muy difícil que pierdas tu trabajo, por ser un empleado público y las garantías que tiene, por lo menos en mi caso, que soy efectiva. El colegio puede decir de un día para el otro que hay recorte de personal”.

Aunque en el colegio donde trabajaba el sueldo no era el principal problema, Galiana, como el resto de los docentes consultados, también afirmó que los salarios en el sector público superan a los de la educación privada. “Hay pocos privados que se equiparan con la escuela pública y menos son todavía los que lo superan”, dijo (ver página 2).

La vedette de las estatales

En la tarde, Galiana trabaja en la escuela de tiempo completo de Buceo como maestra de apoyo del Plan Ceibal. Actualmente hay 288 escuelas de este tipo –entre tiempo completo y tiempo extendido– y los sueldos de los maestros que tienen a cargo un curso allí prácticamente duplican al de un cargo de cuatro horas en una escuela tradicional ($ 38.703 nominales).

Las escuelas de tiempo completo son “las que todo el mundo desea”, aseguró la maestra. Ella también aspira, en algún momento de su carrera, a conseguir un cargo efectivo en una de estas escuelas. Muchos de los docentes que las integran están por jubilarse, y otros maestros desean esos cargos para aumentar su sueldo y tener una mejor jubilación.

Justamente ese es uno de los motivos que llevó a Galiana a optar por el sistema público. Salarios más altos y “mayores posibilidades de crecer” son una combinación tentadora.

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Lo dijo

“Creo que la aspiración es a ir hacia lo público, considerando las condiciones de trabajo. En la mayoría de los casos los maestros aspiran a la efectividad en la escuela pública”.

“Es raro que un maestro se reciba y trabaje siempre en (el sector) privado”.

Ana Clara Galiana

Maestr

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