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La Iglesia en los medios Claudia Frigerio, la mirada para conectar con el arte [menciona la Catedral de San José]

EL PAÍS |
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Restauró el mural Oficios, de Julio Alpuy, en el Liceo Dámaso. Antes rescató obras de Martino Perlasca del Palacio Santos, y descubrió que el artista suizo, además, fue discípulo de Blanes.

Lo que más preocupa a Claudia Frigerio cuando se enfrenta a la obra de otro artista es “mantener completamente el original”. Cada pieza es única, irreproducible y su restauración conlleva una cantidad de estudios y análisis previo a abordarla con responsabilidad. Su trabajo más reciente fue el mural Oficios, de Julio Alpuy, ubicado en el Liceo Dámaso, pero antes se hizo cargo del monumento a Artigas en Plaza Independencia y rescató murales de Martino Perlasca en el Palacio Santos. Su próximo desafío es trabajar 18 obras de este artista suizo ubicadas en la Basílica de San José.

-¿Cuáles son los principios de la restauración y conservación?

-El respeto a la obra y la mínima intervención son los más importantes a tener en cuenta, ya que cualquier alteración en una obra implica consecuencias a corto y largo plazo. Hoy se pretende atender más a la conservación preventiva y a propiciar un ambiente para evitar que sea intervenida. Hay una cantidad de cuestiones técnicas para que la obra perdure en el tiempo sin necesidad de ser intervenida.

-El mural Oficios, de Julio Alpuy, ubicado en el liceo Dámaso llevó un año de trabajo, ¿cuánto suele demorar una restauración?

-Depende de muchas variables: dimensiones y tipo de obra, estado, nivel de pérdida, patologías, material y metodologías. Las pinturas murales son las que insumen más tiempo. Oficios llevó un año porque la dimensión del faltante en sus 8×3 metros era grande. El deterioro era tan importante que abarcaba todas las capas -pictórica, de preparación, revoque, muro- y hubo que analizar cada una.

-Se trata de un mural muy presente en la vida del liceo, ¿cuán importante fue el intercambio con alumnos y docentes?

-Antes de que llegáramos, Carola Whul, profesora de historia del arte del liceo, había empezado a trabajar el mural con sus alumnos, entonces pasó de ser una obra que nadie percibía a despertar cierto interés. Los puso a investigar y estuvieron siempre atentos al proceso que se hizo.

-¿Fue clave el apoyo recibido de los discípulos de Alpuy para el trabajo?

-Fue muy importante el contacto, la opinión y el interés de los discípulos de Alpuy. Lo que más me preocupó desde el inicio fue que el respeto a la obra del maestro se viera en la restauración. Marcelo Larrosa y Gustavo Serra, integrantes de la Fundación Alpuy, estuvieron muy pendientes. Hicimos un muestreo con las diferentes técnicas en una reunión con los actores interesados en el mural -Fundación Alpuy y Comisión del Patrimonio- y se tomó la decisión en conjunto de ir por la metodología de reintegración de color.

-Más allá del estudio documental y material, ¿qué importancia tiene lo que se observa y percibe de la obra a primera vista?

-Es lo más importante. Yo paso mucho tiempo contemplando la obra apenas me enfrento a ella. Agustín Espinosa, mi maestro en México, siempre observaba mucho y yo me preguntaba por qué lo hacía. Cuando fui haciéndome responsable de proyectos propios entendí que para entender y conectar con una obra hace falta ver y comprender y eso implica mucho tiempo de apreciación.

-¿Cuánto te dice esa primera mirada?

-Mucho. Estar frente a la obra es conectar verdaderamente porque empezás a entender una cantidad de complejidades al visualizarla desde diferentes puntos, traspasás incluso las capas y observás a través de los faltantes. También analizás el entorno donde está, por ejemplo, el Dámaso es un liceo con 5.000 alumnos que circulan todo el tiempo, y eso hay que evaluarlo y analizarlo porque influye.

-¿Cómo fue la experiencia de encontrar el mural Alegorías, del suizo Martino Perlasca, en pleno proceso de restauración de la puerta del Palacio Santos?

-Fue increíble. Habíamos trabajado la puerta y nos pidieron que pintáramos el hall y como empresa de restauración siempre analizamos al enfrentarnos a un muro histórico. Al abrir la cala estratigráfica me di cuenta de que había una textura muy particular en la última capa y dije ‘esto no es algo común’. Ahí apareció el ojo del pájaro, la cara de la virgen y se determinó que la obra era de Martino Perlasca. Eso despertó mucho interés en el gobierno suizo: fui invitada a dar una conferencia en Morcote, su pueblo natal; vino el canciller dos meses atrás a visitar las obras de Perlasca en Uruguay y se hizo un convenio con la embajada de Suiza para que dos chicas de la Universidad de Conservación suiza vinieran a trabajar conmigo. Hicimos una investigación en la Biblioteca Nacional con los periódicos de la época y encontramos varias menciones que decían que Perlasca había pintado en la Sala Verdi y en el Club Uruguay. Encontramos los murales originales debajo de las capas de pintura y quedaron visibles. También rescatamos un documento en la Biblioteca Nacional donde explica que pintó bajo la dirección de Juan Manuel Blanes el salón principal del Club Uruguay.

-¿Qué edificios u obras emblemáticas de Montevideo necesitarían ser restauradas?

-Creo que todas las esculturas al aire libre necesitan una atención. Hay infinidad; y murales también. El mural de Torres García en el interior del Casmu, por ejemplo, está bastante deteriorado.

-¿No se lleva a cabo por falta de recursos?

-El tema del patrimonio es igual en todo el mundo: es difícil conseguir los recursos, pero se puede. Para Oficios hubo un esfuerzo muy importante de la Comisión de Patrimonio y del Ministerio de Educación.

-¿Está descuidado el patrimonio de la ciudad?

-No, creo que tenemos la misma problemática que todo país con pocos recursos.

-¿Cuál es tu próximo trabajo?

-La alcaldía de Morcote hizo una donación importante para iniciar la restauración de 18 obras de Perlasca ubicadas en la Basílica de San José. Las mandó el artista mientras vivía en Suiza y empezaremos a trabajar con un grupo de maragatos. Esta donación es la décima parte de lo que se necesita, pero significa un gran aporte para comenzar.

EL DATO

Futuro con aires maragatos

El 12 de junio se inauguró el mural Oficios, de Julio Alpuy, en el Liceo Dámaso Antonio Larrañaga tras un año de restauración. Claudia Frigerio realizó el trabajo con el apoyo del Ministerio de Educación y Cultura, y la Fundación Alpuy. Su próximo desafío laboral será el abordaje de 18 obras de Martino Perlasca ubicadas en la Basílica de San José. Esta restauración será posible gracias a una donación hecha por la embajada suiza.