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Noticeu Cardenal Sturla en Jubileo de los consagrados: “¡Cuánta vida entregada hay acá!”

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El 8 de setiembre es uno de los pocos días en el año en que los sacerdotes pueden revestirse con el color celeste para celebrar Misa. Así estaba el Cardenal Daniel Sturla el pasado jueves, cuando presidió la Eucaristía en el día de la Encarnación de la Virgen María. Otros colores destacaron en la Misa. Marrón, gris, azul, negro, blanco, beige.. todos tonos de los hábitos de los presentes, que en su mayoría eran consagrados que celebraban su jubileo.

En este Año de la Misericordia se suceden los festejos en la Iglesia y en esta ocasión le tocó a los consagrados. En Uruguay hay cerca de 70 Instituciones de vida consagrada y sociedades de vida apostólica.

La ceremonia comenzó, al igual que otros jubileos, con el paso de todos los presentes por la puerta santa de entrada a la Catedral. Antes de eso el Card. Sturla hizo una oración, acompañado por el Obispo Auxiliar, Mons. Milton Tróccoli -Vicario para la Vida Consagrada en la Arquidiócesis- y por otros sacerdotes, diáconos y seminaristas.

Una vez en el templo, los consagrados rezaron juntos y entre otras cosas pidieron una “fidelidad creativa al carisma”.

En su homilía el Cardenal Sturla fue particularmente cercano, pues él es religioso y comenzó contanto el origen de su vocación. Fue precisamente un 8 de setiembre pero de hace 40 años cuando un sacerdote le propuso el camino de religioso y presbítero salesiano. Relató también cuánto extrañó la vida en comunidad cuando el Papa Benedicto XVI le pidió ser Obispo Auxiliar de Montevideo.

“El Señor es capaz de colmar este corazón humano (…). Esto es el corazón de la vida consagrada, vivimos en intimidad con Jesús”, dijo a propósito del amor a Dios. El eje de la vida consagrada, resumió, consiste en “conformar nuestra vida con la del Señor, elegir el tipo de vida que vivieron María y Jesús”.


Un aporte superlativo al país

“La vida consagrada ha tenido un aporte superlativo en este país, como en el mundo entero. ¿Se puede hablar de Uruguay sin hablar del aporte franciscano fundando las primeras poblaciones hace 400 años?”, inquirió el Cardenal, antes de repasar los diversos ámbitos donde los consagrados han hecho aportes a la sociedad. Mencionó la llegada de jesuitas y mercenarios, Hermanas del Huerto y las salesas. Destacó la ciencia y el arte, “¿y qué decir del aporte de la vida religiosa en la educación?”, preguntó con entusiasmo. Y siguió: el mundo del trabajo, sindicatos que han fundado religiosos y más.

A continuación, el Arzobispo de Montevideo se refirió a una “trampa” en la que pudieron caer los religiosos, y contra la que pidió estar atentos. “Con tantos recortes en la disciplina de cosas que no eran esenciales, ¿no habremos tirado el agua con el niño y no nos habremos hecho trampa? ¿No será que tiramos la pequeña disciplina y también la grande porque nos sentíamos encorsetados?”

“Ser discípulo de Cristo en la vida consagrada está unido a una serie de normas, algunas pequeñas, que hacen a la vida de cada día y a la entrega al Señor (…). Puede ser que ‘le enteguemos la vida’, como dicen las fórmulas, pero no nos entreguemos en la cotidiana porque nos quedamos en ideales.

Y necesitamos de pasitos que señalen en el día a día, en el hora a hora, la fidelidad al Señor”.

Después de esto, volvió a destacar la generosidad de tantos y tantos religiosos que han participado en la vida nacional: “¡Cuánta vida entregada hay acá! ¡Cuántas historias detrás de cada uno de nosotros! ¡Cuántos rostros! El Señor se ha fiado de nosotros para este momento de la historia”.


Su fidelidad es grande

Los presentes renovaron sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Y antes del final, tres personas pasaron a dar su testimonio en representación de los tres estados de la vida consagrada.

Fray Fernando Solá, religioso y sacerdote dominico, contó que la misericordia se manifestó en él en forma de gratuidad. Es español y de joven le dijeron que no tenía capacidad para los estudios, por lo que tuvo que dejar el seminario diocesano. Poco después entró en la Orden de los Predicadores y vivió “el ser conducido”.

“Lo que me queda de tiempo no me alcanzará a retribuir a mis hermanos y agradecer e la vida comunitaria. Todo es presencia y gracia”, aseguró.

Milton habló en representación de los institutos laicales masculinos, pues es de la asociación de los Pobres siervos de la divina providencia. Se refirió a la importancia del sacramento de la Confesión y a la necesidad de confiar en Dios.

Por último la Hna. Rosina Thevenet, de las Hijas de María Auxiliadora, contó cómo había experimentado su naturaleza frágil: “Somos de barro. Él nos construye de nuevo (…). Sintiéndome frágil me entregué al Señor, tengo la certeza de que su fidelidad es grande”. E invitó a los presentes a cantar con esas palabras: “tu fidelidad es grande”.

Por último habló Mons. Tróccoli, que agradeció a los consagrados por su fidelidad y por su presencia en el país. “Gracias por el servicio y amor con que se entregan cada día, cada jornada”.

Crónica tomada de http://icm.org.uy/su-fidelidad-es-grande/