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Tiempo de la Creación

Noticeu Cardenal Daniel Sturla: Para Uruguay sería “un retroceso” si se rechaza la colocación de la imagen de la Virgen en la rambla

en perspectiva

El Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, confesó que no esperaba el debate suscitado en torno a las gestiones realizadas para instalar una escultura de la Virgen María en la rambla capitalina, aunque admitió que no le “asombró”.

Entrevistado por el periodista Emiliano Cotelo, conductor del Programa “En Perspectiva” (Radio Oriental 770 AM) , el Cardenal Sturla adelantó que el rechazo de la iniciativa de la Arquidiócesis significaría “un retroceso” en el “camino del Uruguay plural”.

“Montevideo debe de ser de las pocas capitales de América Latina en las que no hay un monumento público a la Virgen María, que existe en casi todas las ciudades de América” y en muchas ciudades del interior, recordó el Cardenal.

El Arzobispo explicó que no esperaba el debate suscitado debido a que “el Uruguay ha evolucionado positivamente en este tema”.

“En esta sociedad uruguaya que va evolucionando positivamente hacia una laicidad que ya no es arrinconar lo religioso, arrinconar a la Iglesia católica, podría darse una aceptación cordial de esta propuesta”, planteó el Cardenal Sturla. “El logro enorme de la sociedad democrática es que uno, siempre que no ofenda al otro, puede manifestarlo públicamente, es parte del juego de la pluralidad”, subrayó.

TEXTO DE LA ENTREVISTA

EN PERSPECTIVA

Viernes 26.02.2016, hora 8.11

EMILIANO COTELO (EC) —En 1987, con motivo de la llegada a Uruguay del papa Juan Pablo II, se instaló una cruz de 30 metros de altura en la intersección de bulevar Artigas y avenida Italia, donde el pontífice iba a oficiar una misa campal. Después de la visita, el entonces presidente Julio María Sanguinetti propuso que la cruz permaneciera en su lugar a modo de testimonio de un acontecimiento histórico, algo que finalmente fue autorizado, aunque tras una acalorada discusión sobre el respeto a la laicidad en los espacios públicos.

Casi 30 años después, la Iglesia católica vuelve a protagonizar una polémica similar. Esta vez por la gestión para colocar en la rambla del Buceo una escultura de la Virgen María.

La solicitud fue planteada por el arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, ante la Intendencia. A principios de febrero el jefe comunal, Daniel Martínez, dio el visto bueno y remitió el proyecto de decreto a la Junta Departamental, donde la aprobación requiere una mayoría especial de 21 votos.

El texto va a comenzar a analizarse en marzo, pero varios ediles del Frente Amplio (FA) y de la oposición ya mostraron su rechazo, porque entienden que no se puede violar la “neutralidad” del espacio público y menos para colocar un símbolo de la Iglesia católica, que ya cuenta con la cruz en bulevar Artigas.

¿La Iglesia católica esperaba este debate? ¿Cómo responde a quienes consideran que habilitar el monumento viola la laicidad?

De estos temas vamos a conversar con el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo.

¿Cuál es el origen de esta solicitud que la Arquidiócesis de Montevideo presenta ante la Intendencia?

DANIEL STURLA (DS) —El origen está en que en la rambla, en ese espacio público de la Aduana de Oribe, hace cinco años comenzó a realizarse, en el mes de enero, lo que se llama el Rosario de las Familias, que es ir a rezar el rosario, y se fue organizando también amplificación, etcétera. El primer año fueron unas 600, 700 personas, el segundo año fueron 2.000… y así fue creciendo. Este año para algunos fueron 8.000, para otros fueron 10.000 personas que estuvieron el 23 de enero rezando el rosario por las familias en una celebración muy bonita allí en la rambla.

Entonces ya hace un año surgió la inquietud de la gente de tener allí una imagen de la Virgen, en un lugar muy significativo de la ciudad. Además Montevideo debe de ser de las pocas capitales de América Latina en las que no hay un monumento público a la Virgen María, que existe en casi todas las ciudades de América. Incluso en el Uruguay en muchos departamentos del interior, sobre todo en las entradas de muchas de nuestras ciudades, hay imágenes de la Virgen María porque es una tradición de la cristiandad, de los países cristianos, que se encuentre en los cruces de los caminos, en las esquinas de las calles, como en Roma, la imagen de la Virgen.

EC —Es un dato importante, sobre todo teniendo en cuenta que el Uruguay tiene esa tradición laica y de separación de la Iglesia y el Estado. Usted remarca que en varias ciudades del interior la imagen de la Virgen está presente.

DS —En Paysandú desde hace muchísimos años, en Florida no hace tanto, en Mercedes… y seguramente me quede corto, son muchas, pero estas son las que me vienen ahora.

EC —Pero si la comunidad católica ya utiliza ese espacio público una vez al año, en enero, para el rosario de bendiciones de la familia, ¿por qué además entiende necesario colocar allí una escultura de la Virgen? El espacio lo puede usar, está a su disposición, nadie cuestiona ese uso. ¿Por qué agregar la Virgen?

DS —Creo que es un deseo de todo cristiano siempre tener distintas expresiones públicas de la fe. Eso de la expresión pública de la fe es parte ínsita de lo que es el ser humano, que manifiesta lo que piensa, lo que cree, lo que siente, y si lo hace colectivamente quiere tener signos de esta presencia allí donde vive, en las ciudades donde está. Es algo que surge naturalmente, no es que haya habido un plan premeditado, surgió de la gente el deseo de tener allí la imagen de la Virgen. Que aparte es un deseo natural, como la historia lo demuestra, como los lugares donde el cristianismo está presente lo manifiestan claramente.

EC —La idea es, en el correr del año, aparte de esa actividad que se desarrolla en enero, tomar esa imagen de la Virgen a efectos de… ¿qué otro tipo de convocatorias?

DS —El día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, siempre se precede por una novena, en los nueve días anteriores la Iglesia se va preparando para esa gran fiesta. Y una de las tradiciones más antiguas es hacer el rosario de la aurora, es decir, reunirse los cristianos que quieren en la mañana bien temprano a rezar el rosario durante esa novena. Yo largué esa idea el 23 de enero: qué lindo sería tener acá la imagen de la Virgen –ya estaba hecho el trámite– y reunirnos a hacer el rosario de la aurora en la novena de la Inmaculada.

Lo unía también a un hecho que en el Uruguay, en esa cuestión tan rara que se dio entre nosotros con el calendario secularizado, el 8 de diciembre, día de la Inmaculada –que a partir de 1919 pasó a llamarse oficialmente Día de las Playas–, el párroco de Pocitos, monseñor Domingo Tamburini, iba a bendecir las playas. Cuando yo era niño, ya hace unos cuantos años, todavía estaba aquella tradición: “No vayas a la playa antes del 8 de diciembre, que todavía no están bendecidas”, después del 8 como que uno quedaba habilitado para ir a las playas. Es una cuestión cristiana y de repente de algunas familias, pero había quedado marcada. Entonces qué lindo sería, ya que estamos ahí, bendecir las playas nuevamente como hizo este párroco de Pocitos.

EC —¿Usted esperaba, la Iglesia esperaba el debate que ha terminado dándose y que de algún modo pone en cuestión la aprobación de esta resolución en la Junta Departamental?

DS —Sinceramente no lo esperaba, pero una vez que se dio no me asombró tanto. No lo esperaba porque creo que el Uruguay ha evolucionado positivamente en este tema. Si pensamos en lo que fue todo el proceso medio traumático de la separación de la Iglesia y el Estado, el proceso de secularización, con un laicismo anticlerical muy fuerte, un laicismo jacobino, como lo llamó José Enrique Rodó en aquella famosa polémica por los crucifijos con Díaz a principios del siglo XX, y vemos cómo fue evolucionando hacia un espíritu de mayor respeto, tolerancia a lo largo de las décadas del 30, 40, 50, pero sobre todo después de finalizada la dictadura y retomada la vida democrática, ha habido un avance sustancial en la sociedad uruguaya hacia una laicidad positiva, hacia una laicidad que indica la pluralidad en la sociedad. Una pluralidad respetuosa, signo de una democracia plena y bien vivida, y que llevó, por ejemplo, a que la Junta Departamental aprobara por 26 votos en 28 la colocación de la estatua de Iemanjá. O a que hace poco –aunque creo que no tiene un significado propiamente religioso–, se aprobara la presencia del Greetingman por unanimidad en la Junta Departamental, que fue presentada con carácter de grave y urgente.

Entonces en esta sociedad uruguaya que va evolucionando positivamente hacia una laicidad que ya no es arrinconar lo religioso, arrinconar a la Iglesia católica, podría darse una aceptación cordial de esta propuesta. Pero eso ahora entró en la polémica y no hay más remedio que estar en el campo.

EC —Un mojón importante en este proceso fue el del año 1987, con la primera visita de un papa a Montevideo, Juan Pablo II, y la iniciativa que tomó el entonces presidente de la República, Julio María Sanguinetti, un agnóstico, para que la cruz quedara como monumento, como testimonio de un acontecimiento de carácter histórico. Se debatió mucho aquello, en la Junta Departamental fue rechazada la posibilidad, que terminó haciéndose viable por una ley que votó el Parlamento declarando monumento histórico esa cruz. Una ley que dividió a todos los partidos políticos.

DS —Exacto. Eso marcó un antes y un después. El retorno de la democracia en el 85, la visita de Juan Pablo II en el 87 –hubo dos visitas casi seguidas, en el 87 y en el 88–, marcaron, para mí, positivamente a este Uruguay tolerante, respetuoso y que camina hacia una laicidad positiva. En el 87, en la discusión acerca de la cruz, se manifestaron abiertamente distintas posturas, pero es interesante observar que la mayoría de ellas, incluso las que estaban en contra de la colocación de la cruz, señalaban la evolución positiva del Uruguay en este tema.

A la colocación de la cruz, que finalmente fue aprobada con toda esa polémica, siguieron varios hechos, sobre todo los de carácter político –que a veces son los más resonantes–, que señalaron ese nuevo rumbo de un Uruguay en el que la Iglesia, las iglesias u otras religiones pueden tener su lugar en el espacio público. No me refiero solo a monumentos, sino su lugar en el diálogo, en el diálogo social, en el diálogo político –político en el sentido más profundo de la palabra–. Creo que eso es sumamente positivo, porque habla de una sociedad que se va haciendo más respetuosa de las diferencias y que por lo tanto se abre más a una concepción libre y democrática de lo que es la vida social.

EC —Sí, pero yo citaba el antecedente porque aquel debate se laudó de forma muy dividida. El propio Sanguinetti en su último libro, Retratos desde la memoria, recuerda los números: en Diputados el proyecto de ley se aprobó 46 a 42 y en el Senado 19 a 12. Ahora, en la Junta Departamental todo indica que también la mano viene muy ajustada, si sale va a ser con un margen muy estrecho. Y también está dándose esto de que las posiciones se dan en un sentido y en el otro en todos los partidos, porque el rechazo en principio apareció dentro de la bancada del FA, pero se han ido sumando voces nacionalistas, pienso por ejemplo en Francisco Faig, columnista en el diario El País, o en el diputado Ope Pasquet, del Partido Colorado (PC).

Dice Ope Pasquet en una columna que publicó: “No es la laicidad lo que está en juego. El artículo 5 de la Constitución no solo consagra la libertad de cultos, sino que además dice que ‘el Estado no sostiene religión alguna’. Contra lo que algunos pretenden creer, o hacer creer, la Constitución no dice que el Estado deba sostener a todas las religiones por igual; dice que ‘no sostiene religión alguna’. Lo público es lo de todos, ateos, agnósticos o creyentes; ninguna parcialidad tiene derecho a apropiarse de lo que es común. Es legítimo y no molesta a nadie que los católicos, en ejercicio de la libertad religiosa que siempre han tenido en este Uruguay laico y tolerante, se congreguen a rezar sus oraciones en un espacio público, en la rambla o donde sea; pero lo que no pueden legítimamente hacer es apropiarse de ese espacio como si fuera solo de ellos, instalando allí una estatua”.

¿Qué responde usted?

DS —El diputado Pasquet lleva esos argumentos. Habría que ir a lo que fue la Constitución del 17, que comenzó a regir el 1º de marzo del 19. Allí se dio una discusión muy fuerte entre los que todavía querían mantener la unión Iglesia-Estado, que eran una minoría, los que querían hacer una separación con cierto grado de persecución, sobre todo con el tema de los bienes de la Iglesia, propugnada sobre todo por el batllismo y el en ese momento minúsculo Partido Socialista, y la postura tolerante, que fue la que presentó el Partido Nacional (PN), que fue una postura de transacción. Con esa Constitución y la reforma del artículo 5 –el artículo 5 de la Constitución del 30 decía que la religión del Estado era la católica apostólica romana– se quiso llevar la paz a un tema difícil que fue todo el proceso secularizador uruguayo. Marcar de ese modo qué quiere decir “el Estado no sostiene religión alguna” es la postura de algunos, pero en definitiva hay que ir al espíritu, que fue de transacción.

EC —Pasquet se refiere al texto, “el Estado no sostiene religión alguna”.

DS —Pero las palabras tienen una interpretación que depende del espíritu de la ley y el espíritu de la ley fue de transacción. Ese espíritu fue creciendo en el Uruguay, la Santa Sede y el Uruguay no tenían relaciones diplomáticas, recién las van a tener en el año 40, fue un paso muy grande para el Uruguay, para la Santa Sede, pero también para el espíritu que comenzó a reinar entre nosotros. Se fueron dejando los antiguos enconos. Eso permitió que, retorno de la democracia mediante, en un Uruguay que ya había superado esas discusiones de los abuelos, vino el papa se hiciera esa manifestación pública y se pusiera allí la cruz que finalmente quedó.

Del lado de sostener, que también puede tener distintas interpretaciones, es la Iglesia la que se encarga del mantenimiento de la cruz, así como será la Iglesia –los fieles, la Iglesia no es una institución, no es que venga plata de no sé dónde– quien se hará cargo, si Dios quiere, de la colocación y el mantenimiento de la imagen de la Virgen. Entonces sostener, la sostendremos nosotros.

Y que se diga que eso invade el espacio público…

EC —Se apropia; Pasquet habla de una apropiación del espacio público.

DS —El espacio público es de todos, y ahí viene qué significa que sea de todos. Entonces yo puedo decir que un monumento político se está apropiando del espacio público, entonces yo no puedo ir a pasear por un parque porque se llama parque Batlle, o no puedo ir a la explanada municipal y mirar el monumento a Wilson Ferreira o no puedo ir a la plaza Gral. Líber Seregni porque me siento agredido, invadido. ¡Por favor! La madurez cívica, ciudadana, social es que yo veo las distintas manifestaciones de distintas corrientes políticas, religiosas, deportivas y no me siento agredido por ello, son parte de la pluralidad con la cual me encuentro en la sociedad democrática.

EC —Una parte del debate pasa por lo cuantitativo. La Iglesia católica ya obtuvo en Montevideo un permiso para colocar símbolos propios en un espacio público, la cruz y la estatua de Juan Pablo II en bulevar Artigas y avenida Italia. ¿Por qué debería concederse una segunda autorización?

DS —Quiero decir lo quiero decir con el respeto más grande a que haya manifestaciones de todas las religiones que están presentes en el Uruguay. Nosotros pertenecemos a una tradición de la cual no nos podemos desconocer, pertenecemos, como dijo el presidente Sanguinetti en su famoso discurso del 1º de marzo del 85, a la tradición grecolatina judeocristiana, no venimos de otro lado. Entonces es natural que en este país haya más monumentos religiosos cristianos que de otra religión, es un tema hasta de estadística, de encuesta.

Pero además –y acá viene un tema que tiene que ver con por qué lo religioso católico suscita esta urticaria y no la suscita poner Iemanjá o poner un signo de otra religión, sea el judaísmo u otra religión– es un factor histórico. El hecho mismo de que Uruguay sea un país que viene de esa matriz cristiana marca nuestra historia y marca también que habiéndonos separado Iglesia y Estado han quedado resabios de ese antiguo laicismo jacobino que marcó nuestra historia pero que, a Dios gracias, creo que está bastante superado, aunque no del todo.

Hace poco celebramos los 500 años de la llegada de los españoles al Uruguay, del desembarco de Solís en lo que hoy es Punta del Este. Llamó a ese lugar Nuestra Señora de la Candelaria, porque era el 2 de febrero, que era la fiesta de la Virgen de la Candelaria. El primer nombre que pone Solís al primer accidente geográfico, que se discute si era La Paloma o exactamente Punta del Este, fue cabo de Santa María. Incluso el Buceo, donde queremos colocar la imagen, se llama así por aquellos buzos que en la época de la colonia fueron a tratar de rescatar los tesoros de un barco que había salido de Buenos Aires y encalló… el barco se llamaba Nuestra Señora de la Luz.

Y nuestras ciudades: Nuestra Señora de los Remedios de Rocha, Nuestra Señora de Guadalupe de Canelones, Nuestra Señora de las Mercedes, Nuestra Señora de los Dolores… Toda la historia del Uruguay nos habla de esa presencia cristiana y de esos nombres marianos. No podemos hacer como que estamos en medio de la Luna, venimos de una tradición que es natural que tenga más elementos presentes en el espacio público.

EC —Si la respuesta es afirmativa, ¿no se corre el riesgo de que otras religiones vayan por el mismo camino y pidan también segundas y terceras autorizaciones? Pienso, por ejemplo, en la imagen de Iemanjá, ubicada en la rambla en la zona de playa Ramírez. Sus seguidores podrían pedir permiso para colocar otra imagen de Iemanjá en el puerto del Buceo o en Carrasco… ¿Cómo vería usted un proceso así?

DS —Están en su derecho, por supuesto. El derecho de querer poner en el espacio público aquello que consideren pertinente no se lo quito a nadie. Hay colectividades uruguayas que tienen más de un monumento. Una colectividad que yo quiero profundamente como es la colectividad armenia tiene una cruz en la rambla, tiene el monumento al genocidio en el parque Rodó y no sé si no tiene algún otro monumento. La colectividad judía tiene varias manifestaciones, ya sea de algunos judíos prominentes o el monumento al Holocausto, que está en la misma rambla. Son distintas colectividades que, aun siendo minoritarias en Uruguay, tienen diversas manifestaciones, no necesariamente religiosas, sino de su cultura, de su tradición. Y me parece fantástico que las haya.

EC —Ato esta pregunta con uno de los argumentos, quizás uno más para agregar a esta conversación, de los que han estado circulando. Francisco Faig, en la columna que escribió en El País, dice: “Cuando el espacio público deja de ser neutro y abstencionista, las diferentes religiones empiezan a competir allí”. Y en una columna de Ítalo Bove y Rodrigo Alonso Suárez en La Diaria se señala: “Dado el afán por ganar adeptos que tienen muchos grupos religiosos, podríamos asistir a una verdadera disputa entre iglesias por ocupar el espacio público con sus símbolos”.

DS —Está bien, tienen todo su respeto esas opiniones. Me parece que la postura que asume Faig es la típica postura dogmática del jacobinismo en este país –todo el artículo tiene ese dogma de fondo–, que decía que lo religioso pertenece al ámbito de la conciencia privada y entonces no debe salir de los templos. Es como decir, con respecto a lo político, a lo deportivo o a cualquier otra manifestación, “ustedes quédense en su casa”, pero el hombre es un ser político en el sentido de que es un ser social, que vive en la polis, entonces manifiesta sus preferencias. El logro enorme de la sociedad democrática es que uno, siempre que no ofenda al otro, puede manifestarlo públicamente, es parte del juego de la pluralidad. En el respeto al otro, en la riqueza de la diversidad, se juega esta vivencia democrática, de la cual nos sentimos orgullosos ahora que estamos, según ese periódico, entre las 20 democracias plenas del mundo, algo que creo que nos enorgullece a todos los uruguayos.

EC —Se refiere a una columna del New York Times que se publicó hace pocos días.

DS —Fue una linda noticia. No es que seamos más o menos democráticos porque nos digan de afuera que lo somos, pero nos coloca en una vitrina mundial que nos hace bien, lo comparto totalmente y como uruguayo y como cristiano me siento consustanciado con ese espíritu.

***

EC —Por lo visto no es un debate que resulte indiferente a la gente, si miro la cantidad de mensajes de los oyentes me encuentro con un buen movimiento. No todos los temas generan esta participación de la audiencia.

DS —Es interesante, estos temas en el Uruguay siguen presentes. Además la Virgen María, como signo, como presencia, para los católicos y para otros cristianos aun no católicos, tiene un sentido muy profundo, vital, que toca los sentimientos más hondos y la espiritualidad de la persona. La Virgen siempre suscita esa devoción y esa adhesión, no me extraña que haya tantos mensajes en ese sentido.

EC —Según detalla la resolución que la Intendencia remitió a la Junta Departamental con fecha 5 de febrero, la Unidad de Patrimonio entiende que la propuesta es “viable”, ya que se integra “al contexto general del espacio público” y al edificio de la vieja Aduana de Oribe. Se explica además que la forma y el tamaño de la escultura y de su base se adecuan también al predio. La Intendencia autoriza a que la altura máxima de la imagen sea de 3,80 metros, incluida la base. ¿Cómo consideraron este otro aspecto, el estético-urbanístico? Porque este ángulo también apareció en el debate, por ejemplo en alguna de las Mesas de En Perspectiva esta semana.

DS —La imagen es una imagen tradicional de la Virgen, de color blanco, es una imagen de la Medalla Milagrosa, muy elegante, muy hermosa, muy tradicional también de la Virgen Inmaculada, con los brazos abiertos. También está muy bien pensada –por la escultora Alicia Bauer, que ha hecho distintas obras, una persona estupenda, con un gran sentido artístico– la colocación sobre una piedra. En la aduana de Oribe hay todo un sector de césped y después hay una serie de piedras, y la imagen de la Virgen estaría sobre una piedra de casi 3 metros, con la parte que va hundida. Creo que en ese sentido le daría un toque muy bonito a la zona, al lugar, sería muy lindo. Obviamente, soy parte interesada, pero eso está pensado.

EC —¿Cómo va a resolverse la situación? Según ha trascendido, salvo los ediles que responden al PN, hay opiniones divididas en el FA y también en la bancada que responde a Edgardo Novick. ¿Usted u otros representantes de la Iglesia católica están realizando gestiones para obtener los 21 votos que se necesitan?

DS —Hay cosas que han surgido espontáneamente, por ejemplo la declaración que salió hoy en los diarios de cuatro diputados, uno por cada partido político (FA, PN, PC, Partido Independiente, PI), que a modo personal declaran que apoyan la colocación de la imagen de la Virgen. La apoyan en un sentido amplio, dentro del contexto de respeto a la Constitución y a la ley y en ese sentido de laicidad positiva como pluralidad de expresiones en el espacio público.

EC —La declaración está firmada por Víctor Semproni del FA, por Pablo Abdala del PN, por Valentina Rapela del PC y por Daniel Radío del PI. No quiere decir que estén representando enteramente a sus partidos, uno por cada partido.

DS —Fue una iniciativa de ellos, me la comentaron ayer y ahora me enviaron el texto. Es una iniciativa que surge espontáneamente de algunos políticos que entienden pertinente la colocación de esta imagen.

En su momento hablé con el intendente y ahora seguramente se hable con gente de la Junta, pero no va a hacerlo el arzobispo, porque hay muchos católicos interesados en el tema y en la Junta también hay gente que está vinculada a la Iglesia. Sí o no, se hablará con ellos como se puede hablar, no es que se vaya a hacer una especie de campaña de convencimiento, se van a dar los argumentos. En ese sentido, este programa también sirve para ello.

EC —¿Y si se rechaza?

DS —Si se rechaza no cambia básicamente nada en el sentido de las cosas más importantes de nuestra vida ni de nuestra fe ni de nuestra devoción a la Virgen. Sí creo que sería una pena, lo sentiría como una pena, como un retroceso en este camino del Uruguay plural. Reitero, por hacer la comparación, ¿por qué lo religioso católico o lo católico cristiano suscita enseguida esto de la laicidad y si estamos invadiendo el espacio público y no lo suscitó hace 20 años la colocación de la imagen de Iemanjá, diosa del mar, que fue votada por abrumadora mayoría? ¿Por qué otros homenajes que se hacen a personas vinculadas a lo religioso –tenemos a Confucio también en la rambla– no suscitan ningún problema y sí lo hace lo religioso católico?

El tema no es de la Iglesia, es de las personas que aún siguen con ese resabio anticlerical, para mí ya anacrónico, de un Uruguay que ya fue. Es respetable que estas personas piensen así, por supuesto, pero es algo de un Uruguay que ya fue. En cambio en este Uruguay del siglo XXI, más maduro en estas discusiones y en estas posturas, es natural que se apruebe. Pero si no se aprueba saldremos adelante y con mucha paciencia esperaremos tiempos mejores.

EC —Mientras tanto, en los próximos días usted se va, deja el espacio uruguayo, no va a tomar parte de esta polémica, por lo menos a través de los medios. Se va a Roma. ¿Cuál es el motivo del viaje?

DS —Voy a Roma el lunes hasta el 9 de marzo, son 10 días nomás, porque hay una reunión en Roma de una Comisión para América Latina, de la cual el papa me nombró integrante el año pasado. Pero de acá al 9 de marzo… si hay novedades, bendito sea Dios, y si no, a la vuelta estaré para ver de cerquita qué es lo que pasa.

Tomado de http://www.enperspectiva.net/enperspectiva-net/entrevista-central-viernes-26-de-febrero-daniel-sturla/