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La Iglesia en los medios Caló hondo en la Iglesia uruguaya carta del Papa (Se cita al Pbro. Galdona)

LA REPÚBLICA |

Contrario al endurecimiento de penas

El contenido de una reciente carta que el Papa Francisco envió al juez de la Corte Suprema de Justicia argentina y reconocido penalista Eugenio Zaffaroni y al coordinador de la comisión que redactó el anteproyecto de reforma al Código Penal de ese país que se conoció ayer a través de LA REPÚBLICA generó inmediatas repercusiones en la Iglesia Católica uruguaya.

El jefe de la Iglesia Católica sostiene, entre otros conceptos, que mayores penas no reducen los índices de delincuencia y reclamó a los medios de comunicación informar con responsabalidad y no con “fines sensacionalistas”. Además afirma que se trata de “hacer justicia a la víctima y no de ajusticiar al agresor”.

El mensaje papal se da en el marco de un fuerte debate en nuestro país a raíz de la reforma constitucional que busca sancionar a adolescentes con penas para adultos, a través de la baja de edad de imputabilidad penal de 16 a 18 años. Si bien la Iglesia Católica no se ha pronunciado oficialmente, varios obispos se han pronunciado en contra de esta iniciativa.

La carta llegó recién ayer a manos de referentes de la Iglesia, algunos de los cuales tuvieron acceso a través de un correo electrónico, según pudo saber LA REPÚBLICA.

El vicario pastoral de la arquidiócesis de Montevideo, Javier Galdona, afirmó que tiene una total coincidencia y sintonía con la carta del Papa Francisco. Dijo que el Sumo Pontífice propone tres elementos a implementar que son: la reparación del daño, la conversión de la persona y la restauración de las relaciones.

Afirmó que la punición no soluciona el daño causado a la víctima, y tampoco impide que la victimario se le genere más daño, y tampoco restaura el tejido social. “El aumento de las penas no disminuye la comisión de los delitos”, indicó.

Aclaró que la aplicación de penas no es un dolor que sane sino que sigue deteriorando el tejido social.

Entiende que podría aplicarse una justicia restaurativa, tal como se viene aplicando en San Pablo y Nueva Zelanda, “posibilitando el encuentro entre el victimario y la víctima. Al victimario le permite descubrir el dolor causado a su víctima y de alguna manera le ayudar a reparar lo afectado”.