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La Iglesia en los medios Anécdotas del viaje papal

LA REPÚBLICA |

Francisco. Bendice a una monja al arribar ayer al aeropuerto de Filadelfia.
La visita del papa Francisco a Estados Unidos está dejando una serie de anécdotas sobre lo que ha realizado el pontífice. Desde qué ha comido a sus problemas de salud son los temas más comentados de la prensa norteamericana.

Volando sobre la estatua

El papa Francisco pidió volar ayer sobre la Estatua de la Libertad y el excentro migratorio de Ellis Island en un momento de nostalgia al irse de Nueva York, según el arzobispo de la ciudad Timothy Dolan, citado por la prensa local.

“Cuando sobrevolamos Ellis Island, cuando sobrevolamos la Estatua de la Libertad, pude ver que estaba muy ‘commosso’, como dicen los italianos, muy emocionado”, dijo Dolan, que acompañaba a Francisco en el helicóptero que lo trasladó al aeropuerto JFK, desde donde partió hacia Filadelfia. Según Dolan, citado por CBS, el Papa argentino y descendiente de italianos pidió al piloto desviarse para poder ver esos dos íconos de Nueva York.

“Usted sabe, Buenos Aires también fue una ciudad de inmigrantes”, dijo el Papa a Dolan, de acuerdo con el arzobispo estadounidense.

Un viaje cansador

El vocero del Vaticano dijo que después de un día ajetreado en la ciudad de Nueva York, el papa Francisco está cansado y tiene algunos dolores y molestias, ya que no ha recibido fisioterapia durante el viaje. Francisco sufre de ciática y tiene problemas en una rodilla por lo que recibe fisioterapia dos veces por semana. Durante su viaje de 10 días ha necesitado ayuda para subir y bajar escaleras, y el viernes fue llevado alrededor de la ONU y el Madison Square Garden en un carro de golf. El vocero, el reverendo Federico Lombardi, dijo que el carro de golf fue planeado antes del viaje, no agregado de último momento para que el pontífice caminara menos. Aun así, Lombardi dijo “podemos ver que está un poco cansado de caminar” y subir escaleras. Lombardi dice que es normal, en el sentido de que el pontífice de 78 años de edad “no corría” cuando fue electo en el 2013 y recibe fisioterapia frecuente que no puede tener en viajes largos.

Regalos

El papa Francisco deja la ciudad de Nueva York con algunos regalos evocadores del estado y líderes de la ciudad, junto con regalos de muchos otros.

El gobernador Andrew Cuomo le dio a Francisco una cruz especial que fue cortada de acero rescatado del World Trade Center. El alcalde Bill de Blasio le regaló al pontífice una credencial de identificación de la municipalidad de la ciudad de Nueva York. Las tarjetas fueron diseñadas como una identificación con foto oficial emitida por el gobierno para todos los residentes de la ciudad, sobre todo para quienes tienen problemas para obtener otro tipo de identificaciones.

De Blasio dijo que las credenciales son un “verdadero símbolo” del mensaje de Francisco sobre proteger a los más vulnerables. Francisco ahora es uno de los más de 540.000 que tienen las credenciales.

Piden que adelgace

Alimentar al líder mundial de 1.000 millones de católicos es una tarea sobrecogedora, pero la chef Lidia Bastianich dijo que los platillos que le sirvió a Francisco durante su estancia de 40 horas en Manhattan fueron a la vez sencillos, sofisticados e incluso espirituales.

Tomates frescos, langosta de mar al vapor y burrata casera —una mezcla de muzzarella con crema— recibieron al papa Francisco en su primera noche en Nueva York, donde la célebre chef dijo que su menú se inspiró en la humildad y sencillez del pontífice. “En estos alimentos está todo lo que siento sobre el catolicismo. Brindémonos un poco de sustento, un poco de amor”, dijo Bastianich, quien recogió zanahorias, remolachas, tomates y hierbas de su propia huerta para las comidas del pontífice.

Su médico quiere que adelgace unos siete kilos.

El jueves por la noche, después de la ensalada de tomate y langosta, se sirvió carne de res con hongos porcini. El postre fue de uvas y un pastel sin crema. El almuerzo del viernes fue un risotto con trufas de verano y queso grana padano, con un agregado sorpresivo: bagna cauda, una salsa de anchoa y ajo en la cual se introducen verduras crudas, uno de los platillos preferidos de Francisco.

La cena del viernes fue de ravioles caseros rellenos con pera y queso pecorino, tan livianos y delicados que se derretían en la boca. El plato principal, el día que los católicos tradicionalmente comen pescado, fue lubina rayada asada con unas gotas de aceite de oliva y perejil picado, con limón. Esta fue una visita con escasa pompa en la trastienda. Un pedido de Francisco llamó la atención por lo modesto: agua y bananas en su mesa de noche.