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" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Andrés Lima, el evangelista de izquierda que sigue las huellas de Dios y gobierna Salto con “ingenio” y prácticas que “rozan” el populismo 

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El intendente Andrés Lima está entrenando duro. A las 6:30 de la mañana sale a andar en bicicleta por la costanera de Salto y a las 20:00 va al gimnasio de Beto Castagnaro a levantar pesas. Quiere tonificar sus músculos y estar preparado para correr detrás del camión de la basura cuando se sume al equipo de limpieza. Durante algunos días de agosto va a trabajar como uno más, para demostrarles a los funcionarios cómo se levanta la basura: sin dejar un solo papel en el piso. Para eso, dice, hay que dar el ejemplo y estar en forma.

Aunque el ejercicio es sobre todo para despejar la cabeza después de un primer año de gobierno lleno de problemas. También para afrontar los que se vienen, que serán igual de complicados.

Lima se quedó sin mayoría en la Junta Departamental después de que denunció a tres ediles del Frente Amplio —su misma fuerza política — por adulterar boletas. Dos de los tres ediles denunciados se fueron de las filas oficialistas y se transformaron en opositores, al igual que la mamá de uno de ellos, también edila. El tercero ya no pertenece a la coalición de izquierda, aunque sigue acompañando sus proyectos.

De todas maneras, el escenario de 18 ediles opositores —13 colorados, dos blancos y tres independientes— frente a 13 oficialistas le impide a Lima impulsar proyectos fundamentales, como el presupuesto quinquenal. Incluso una estatua de Luis Suárez que ordenó instalar en el centro de la ciudad hace unas pocas semanas generó un conflicto porque no pidió permiso al órgano legislativo departamental.

El nuevo presidente de la Junta, el colorado Alberto Villas Boas, que consiguió ser votado para ese cargo tras un acuerdo con los ediles desertores, criticó a Lima por haber hecho eso sin enviar la iniciativa a la Junta, como exige la normativa.

Ahora los colorados dominan la Junta Departamental. Villas Boas dice que eso no quiere decir que vayan a rechazar todos los proyectos que se envíen, que dependerá de cada propuesta.

Pero Lima desconfía, y piensa que ellos, junto a los ediles que se abrieron, no votarán ninguno de sus proyectos, y, por lo tanto, toma decisiones sin consultar. Con este panorama el intendente se prepara para gobernar con mecanismos poco ortodoxos.

En los últimos meses consiguió que la empresa Creditel comprara contenedores a cambio de dejarlos poner publicidad en ellos y acordó con otra empresa de Salto para que haga lo mismo. También le pidió prestada una retroescavadora a la Intendencia de Canelones para postergar la inversión en esa maquinaria y seguir mejorando las calles. Darles autorizaciones a boliches para que se instalen a cambio de que cuiden el predio es otra de las medidas que piensa implementar.

“Hay que usar el ingenio, lo que importa es que la gente vea resultados”, justifica el intendente, que no quiere escuchar ni de revolución, ni de discursos sesentistas ni de cambios estructurales. De hecho, siente que, a veces, se pierde demasiado tiempo en discusiones sobre grandes temas sin dar respuestas a las personas en el día a día. Por eso busca que cada uno de los ciudadanos de Salto solucione sus problemas sin importar demasiado las formas.

De esta manera gobierna con “millones” de observaciones del Tribunal de Cuentas pero sin quebrantar la ley, argumenta él y su equipo de gobierno. Al consultar a María Soria, la directora de Desarrollo Social si la forma que tiene Lima de hacer política es populista, ella responde: “Está rozando”.

Fuerza paralela.
De lunes a sábado, después de almorzar y de haber recorrido durante la mañana las diferentes dependencias de la Intendencia, Lima se dedica a recibir vecinos en su despacho, en reuniones mano a mano. A veces se queda hasta altas horas de la noche. También recorre los barrios.

El viernes 29 de julio el intendente estuvo caminando por Andresito, uno de los asentamientos más pobres y antiguos de Salto. Búsqueda lo acompañó en el recorrido. Lima visitaba casa por casa y atendía los pedidos de cada uno de los vecinos: uno le consultó sobre un tema legal, una pareja de ancianos le preguntó por las pensiones del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y un joven le planteó que necesitaba ayuda. La respuesta fue la misma en los tres casos: que se arrime de lunes a viernes a tal dirección, de tal a tal hora, que hable con Fulanito y que diga que van de parte de él, claro.

En las redes sociales, en la cuenta de la Intendencia de Salto de Facebook que él mismo maneja —junto a su fotógrafo— aplica la misma metodología. Responde cada una de las consultas que recibe por mensaje. La mayoría pide trabajo. En estos casos, dice, avisa sobre los llamados públicos que se abrirán. Y sucede con frecuencia que le solicitan cosas que no puede ofrecer y tiene que decir que no, que no puede ayudar. Pero siempre contesta.

En una de esas tantas reuniones personalizadas una señora le preguntó si le podía dar una tarjeta. “¿Del Mides?”, preguntó Lima. “No, para cargar el celular”. Tinta para el pelo fue otro de los pedidos que hizo una señora, esta vez a uno de los directores. “Antes me daban”, se quejó.

Cuando Lima o su equipo no pueden, por las características del pedido, derivar a los ciudadanos a alguno de los departamentos de la Intendencia, recurre a la agrupación humanista Armando Aguirre. Ese es el grupo político departamental que él mismo fundó en 2009, luego de que abandonara el Partido Demócrata Cristiano.

La agrupación Armando Aguirre —nombrada así en honor a un ex edil frentista conocido por ser el “fotógrafo de los pobres”— es la fuerza de izquierda con más presencia y militantes en el departamento. Supera al Partido Comunista, al Movimiento de Participación Popular e incluso al Partido Demócrata Cristiano, de gran influencia en Salto, y desde donde captó la mayoría de sus miembros.

La agrupación de Lima está integrada por diversos profesionales —incluyendo a su hermano, que es abogado igual que él— que son los que se encargan de ayudar a los vecinos de forma honoraria. En los hechos, funciona como un aparato que se mueve en paralelo a la Intendencia y que tiene su impronta.

Con el resto de los intendentes de izquierda mantiene cierta distancia, y si bien participa en reuniones, su relación no es muy fluida. Con la Asociación de Empleados y Obreros Municipales, en tanto, hay un buen diálogo. Juan Carlos Gómez, su presidente, dice que, hasta ahora, Lima cumplió con los compromisos que asumió.

Es entre los dirigentes y jerarcas frentistas de la capital, y también entre los dirigentes salteños de perfil más académico, donde el método de Lima y de su agrupación genera más suspicacia.

De “confesionario”.
Alejandro Noboa, un reconocido sociólogo que estuvo al frente de la Regional Norte de la Universidad de la República (2007-2014), renunció a uno de los cargos más importante de la Intendencia de Salto por discrepancias con Lima.

“En Salto se exacerbó demasiado lo de que la política es el negocio de ir arreglándole las cosas a uno y a otro y a otro. Entonces todo se vuelve una cuestión de negociaciones individuales y como que se van comprando los votos”, opina el profesor universitario.

Noboa, que se define como un frentista independiente, es el primer suplente de Lima y ocupó la dirección de Proyectos Especiales hasta que en febrero renunció.

“El estilo de trabajo de Andrés es absolutamente evangelizador, en la que llega con la mochilita debajo del brazo y se acerca a la casa y le habla a la familia. Ese estilo ahora se tornó de confesionario, en el sentido de que recibe a la gente en su despacho, y atiende un montón de horas por día”, describe Noboa. “A mi criterio, el uso que se está haciendo de los recursos no es el correcto para hacer despertar el departamento en el largo plazo. Aunque quizás ganes la elección, así no se resuelve el futuro de la gente”, sostiene el académico.

El apoyo de Noboa durante la campaña fue fundamental para que Lima captara los votos de las clases más educadas de Salto, más esquivas al intendente.

En los últimos meses, los directores que compartían la misma visión que Noboa, terminaron fuera del gabinete por distintos motivos.

Ese es el caso del ex director general de Obras Guillermo Minutti, quien fue removido en mayo. La decisión fue “abrupta” e “injusta”, reclamó el ex jerarca después de que se enteró de la noticia, según publicó el diario local “El Pueblo” ese mes.

Como consecuencia, renunciaron también el director de Hacienda y Administración, Víctor Invernizzi, y el director de Proyectos Especiales, Inversión y Desarrollo, César Sánchez. Antes, Juan Ferrer, otro académico, había dejado su puesto de director para trabajar en la Universidad. Y esos solo fueron algunos de la decena de movimientos que tuvo el gabinete antes de llegar al primer año de gobierno.

Lima reconoce que había discrepancias en la manera de hacer las cosas, que esos directores eran muy técnicos y que peleaban por el peso a peso. Él, por el contrario, piensa que hay políticas que deben llevarse a cabo sin importar si dan pérdidas o no.

Al intendente, aunque es de planificar su agenda, le generan rechazo las largas discusiones teóricas, los proyectos a largo plazo y el protocolo. Huye de los gabinetes y odia recibir a autoridades en visitas formales. Prefiere recorrer los barrios, atender a la gente. Cuando los directores de perfil más técnico le cuestionaban sus métodos en las reuniones de gabinete, él se levantaba y se iba.

Evitar el conflicto directo y mantener un estado de calma forma parte del carácter de Lima. Cuando despidió a 250 de los 2.000 funcionarios que tiene la Intendencia —argumentando que habían sido colocados a dedo por su antecesor, el actual senador colorado Germán Coutinho— decenas de ellos lo esperaron fuera de la Intendencia increpándole por el despido, pero él se mantuvo impasible, incluso cuando le tiraron una bolsa de basura.

Una actitud similar tuvo cuando la Justicia lo condenó a ocho meses de prisión por difamación, luego de denunciar públicamente a tres ediles por adulterar boletas en su favor. Cada vez que le preguntaban por el tema él se mostraba tranquilo. Finalmente un Tribunal de Apelaciones revocó la condena.

Sin embargo, hay ciertas señales mínimas, imperceptibles para quienes no lo conocen que revelan su enojo. Cuando está perdiendo la calma Lima tamborilea en la mesa con sus dedos cada vez más rápido, mientras una vena se hincha en su cuello —cuentan quienes lo conocen— y ahí sí, se levanta, camina unos pasos, mira su celular, y se va.

Dios y “los nenitos”.
Levantar la voz y discutir parece estar en contra de sus convicciones cristianas. Lima fue juez canónico de la Iglesia católica hasta que, en 2013, cuando era diputado, votó la ley de matrimonio igualitario, que permite a los homosexuales casarse. “Antes de que me echaran, me fui”, cuenta.

Pero Dios sigue siendo parte de su vida. A fin de año planea presentar un libro en Montevideo en el que reflexiona sobre la existencia de Dios, sobre los principios y valores y sobre cómo debe actuar un gobernante. El libro que quiere publicar en la capital es, en realidad, un conjunto de cuatro libros que ya tiene escritos y de los cuales dos ya fueron publicados en Salto.

En uno de ellos, titulado “Certeza Moral”, Lima reflexiona: “Dios es el único instrumento para el conocimiento de la Verdad. Guardo en mí, cual preciado tesoro, la certeza moral, la íntima convicción de que Dios no me engaña, y que en ese sentido es garante de la identidad entre ser y pensamiento. Él es el motivo fundante de que mis sentidos y el entendimiento, reproduzcan la esencia misma de la realidad, proporcionándome un conocimiento fidedigno del mundo exterior. Él es la Verdad; y si ella es mi propósito, solo debo seguir Sus Huellas”.

Las huellas de Dios condujeron a Lima hacia la Iglesia evangélica, donde está yendo con regularidad. Allí no existe la figura del cura — aunque hay pastores— y entienden que, para conectarse con Dios, no se necesitan intermediarios. Algunos ritos se mantienen, como el de bautizmo, el cual Lima tiene planeado hacer en poco tiempo, en el río Uruguay o dentro de las iglesias, que tienen piscinas para ello. “En invierno hace frío para meterse al río”, bromea el intendente.

Fue María Soria, la directora de Desarrollo Social, quien lo invitó a participar en la Iglesia Evangélica. Ella es, junto a los directores Nicolás Palacios y Elbio Machado, de los jerarcas de mayor confianza del intendente.

Por la edad de cada uno de ellos, que ronda los 30 años, la oposición los llama “los nenitos”. Los tres pertenecen a la agrupación de Lima y son el blanco de las críticas de la oposición, que les dedican canciones que luego hacen circular por Whatsapp y las redes sociales. “Quiero contarle a todos lo que está pasando en Salto, el Andrés está malo a todos anda echando”, dice una cumbia con una voz que parodia la de Palacios.

Palacios, un mecánico que es funcionario de carrera de la Intendencia hace una década, Machado, un obrero de la construcción que armaba los escenarios de Lima durante la campaña, y Soria, una licenciada en Trabajo Social, escuchan las canciones sin tomarlas demasiado en serio. Incluso se divierten porque, pese a las críticas, se tienen fe para encarar los cuatro años que les quedan de gobierno, lo que incluye los problemas financieros.

Lima heredó de su antecesor colorado una Intendencia con problemas económicos y financieros. En los últimos meses, no había dinero para pagar los salarios. En algunas dependencias faltaba hasta para comprar el papel higiénico u otros elementos básicos.

Por eso, cuando Lima era el intendente electo, la Junta Departamental le otorgó permiso para endeudarse hasta el entorno de los $ 1.000 millones una vez que asumiera.

Fue así que, cuando quedó al frente de la comuna en julio de 2015, el gobierno consiguió un préstamo del Banco República (BROU) por $ 500 millones a pagar en ocho años. Con ese monto pagó los salarios atrasados y algunas deudas que tenía con los proveedores más chicos.

El dinero, sin embargo, fue insuficiente para saldar todas las deudas y quedó pendiente el pago de $ 350 millones a otros proveedores. Es por eso que la Intendencia está negociando un nuevo préstamo de $ 500 millones con el BROU y, de obtenerlo, buscará refinanciar la deuda total de $ 1.000 millones para que el pago sea en 15 años en lugar de ocho.

Los $ 150 millones restantes serían destinados a comprar maquinaria vial y de recolección, entre otras. El inconveniente es que Salto perdió el grado inversor durante la administración de Coutinho y para poder obtener un nuevo préstamo necesita recuperarlo y demostrar que el gobierno cumple con sus compromisos.

Mientras tanto, Lima recorre los barrios y atiende uno a uno a los vecinos de Salto y, cuando se le pregunta cómo va a hacer para gobernar con tantas complicaciones, sonríe con sus dientes grandes e insiste: “Con ingenio”.