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La Iglesia en los medios Aborto, la decisión, la soledad y 4 historias de vida y dolor

EL PAÍS |

Lejos de la política. Ante un embarazo no deseado las mujeres deciden en pocas horas. Recurren al Misoprostol, reciben instrucciones, pero lo hacen solas. El dolor es “irreparable”, dicen

VIVIANA RUGGIERO

Al igual que los políticos, ellas también opinan sobre la ley que legaliza el aborto. La diferencia es que su argumento principal es su propia historia. Decidieron solas, actuaron en la clandestinidad, se enfrentaron a hipócritas y algunas todavía sufren.

Después de más de 13 horas de argumentos a favor y en contra, la Cámara de Diputados aprobó el martes 25 el proyecto de despenalización del aborto. Política, creencia, filosofía y alguna historia cercana, marcaron una extensa sesión que, desde el principio, tenía un final anunciado.

El País entrevistó a mujeres de diferentes edades que al enterarse que estaban embarazadas se enfrentaron al aborto. Algunas lo concretaron; otras hoy tienen a sus hijos en brazos. Todas opinan sobre la legalización del aborto basadas en su experiencia pero desde un lugar común: después de tomar la decisión. A continuación se transcriben los testimonios. Algunos nombres no son reales a pedido de las entrevistadas.

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María Noel (25) se crió en una familia de clase media. Ella es profesional y está en pareja desde hace cinco años. En el verano de 2010, un test y un análisis de sangre, confirmaron su sospecha: estaba embarazada. “Cuando abrí el sobre y vi el `positivo` se me vino el mundo abajo. Sentí bronca y tristeza”, relata.

Sin embargo, no dudó en que no quería tener a su hijo. Tampoco su pareja. Dice que no podían hacerlo porque no estaban preparados ni mental ni materialmente. “Fue una decisión egoísta”, advierte.

Ese jueves gris, como ella lo define, y cuatro horas después de confirmar que estaba embarazada, María Noel ya había conseguido Misorpostol. “A través de Internet me contacté con una chica que lo había usado y como lo había comprado en una farmacia tenía mucho más de los que había necesitado. Nos encontramos en el callejón Emilio Frugoni, al lado de la Facultad de Derecho. Me dio las pastillas, le pagué, no me acuerdo cuánto pero eran caras, me contó su experiencia y me dijo que no tenga miedo”, recuerda. María Noel afirma que ese fue uno de los momentos en los que se sintió más sola. “Sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo y por eso me estaba comportando como una delincuente. La sensación de vacío fue horrible”. Esa noche no hizo nada. Tampoco la siguiente ni la siguiente. El lunes consultó a un ginecólogo en una mutualista. El profesional le explicó cómo debía hacerlo. Y así lo hizo esa noche en compañía de su pareja. “Me dispuse a pasar las peores horas de mi vida”.

Tuvo dolores fuertes de abdomen producto de las contracciones y pérdidas de sangre. Esperó tres días y fue a su mutualista. Explicó que estaba embarazada y que había tenido pérdidas. Dice que no se animó a decir la verdad. “Me hicieron una ecografía, me dijeron que estaba ahí y me hicieron un montón de recomendaciones para mantenerlo”.

Lejos de seguir los consejos se hizo de cuatro pastillas más de Misoprostol. La segunda noche de “tortura” fue peor que la primera. Los dolores de abdomen y las pérdidas fueron más intensas y se sumaron vómitos. Para la siguiente ecografía ya no había rastros. La joven dice que ahí no terminó la historia porque el dolor y tristeza estuvo presente durante varios meses. No se arrepintió por lo que hizo pero prometió que nunca lo volvería a hacer. “Me afectó durante mucho tiempo, incluso inconscientemente. Yo creo en Dios y enfrentarme a él también fue muy difícil. Fue un proceso que fui haciendo sola”.

Dice que por su experiencia está a favor de la despenalización del aborto pero no de la ley que se aprobó en la Cámara de Diputados. “Me parece muy hipócrita que todos sepamos que hay cientos de mujeres que abortan por año y que miremos para el costado. También me parece muy hipócrita que se identifique al aborto con las mujeres de bajos recursos. Y creo que esta ley no es la solución”, afirma.

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Cuando se enteró que la Cámara de Diputados había aprobado la despenalización del aborto, Andrea consultó a la ONG Madrinas por la Vida cómo podía hacer conocer su historia y transmitirles a otras mujeres que abortar causa una “herida para siempre”. Ella explica que tuvo siete embarazos, pero que tiene cinco hijos, porque acarrea con un aborto y una perdida.

Andrea tenía cuatro hijos cuando volvió a quedar embarazada. Cuenta entre lágrimas que ella quería tenerlo pero que una noche llegó a su casa y su pareja le dijo “o elegís a ese que vas a tener o los que están vivos porque si no te lo sacas te voy a matar a vos y a tus hijos”.

“Él ya me pegaba mucho. Entonces después de eso hice la denuncia. Él llegó primero que yo a casa así que fue peor. Al otro día fui al Pereira (Rossell) y plantee la situación. Me dijeron que no me podían dar Misoprostol, pero me explicaron el proceso. Yo no estaba segura de querer abortar. Fui a mi casa, consulté a dos personas y finalmente decidí hacerlo. Me prestaron la plata y le compré las pastillas a una persona que vendía en la puerta del Pereira. No me canso de decir que fue el peor error que cometí en 37 años de vida”, relata entre lágrimas.

Tiempo después volvió a quedar embarazada. Cuando se enteró, dice, se emocionó. Pero después empezaron las dudas. “Estaba en un subibaja, un día quería una cosa y otro día quería otra. Estaba confundida, no con ser madre, sino porque pensaba qué voy a hacer, qué le voy a dar, era eso constantemente”.

Andrea estaba sola. Su pareja estaba preso. Sin embargo, decidió “no volver a equivocarse”, y continúo con su embarazo. Una conocida la vinculó con la ONG Madrinas por la Vida, que brinda ayuda a bebés y niños hasta los dos años. Andrea reconoce que fue motivada por la ayuda económica pero afirma que allí terminó encontrando “todo lo que necesitaba”. Ella está en contra de la despenalización del aborto porque sabe “el dolor irreparable que provoca”.

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Katherine tiene 16 años y es madre de dos hijos: Bruno Ezequiel de un año y medio y Mía Belén de seis meses. Su primer hijo lo tuvo con 14 años. Pensó en abortar, entre otras cosas, porque creyó que su madre al enterarse se iba a alejar de ella.

“Cuando se lo conté lo tomó bien. Me sentó a mí y a mi esposo y nos dijo que entre todos nos íbamos a ayudar y que él tenía que conseguir trabajo”. La reacción de su madre la tranquilizó. Y la idea se le fue de la cabeza. “Él consiguió trabajo siendo todavía menor. Y ahora que ya es mayor está en una empresa de cortar pasto. Y ahí… la luchamos, de a poco”, dice con voz inocente.

La adolescente dice ahora, con su hija de seis meses en brazos, que no sabe cómo pensó en abortar. “Cuando la panza te empieza a crecer es lo más lindo… y después que lo tenés también. Cansan, pero son tus hijos”, dice con orgullo la adolescente.

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Tamara tenía 20 años cuando quedó embarazada. Se asustó tanto que llamó de inmediato a su madre. “Tenía miedo de decirle pero más miedo me dio el saber que estaba embarazada”, cuenta. Su madre trabajaba en el Pereira Rossell, y allí consiguió rápidamente Misoprostol. Siguiendo las indicaciones de un médico amigo de la familia, Tamara inició el proceso.

Días después debió ser internada de urgencia en el hospital porque tenía alta temperatura, vómitos constantes y diarrea. Le hicieron un legrado ya que no lo había expulsado por completo. Con algunos años más, hoy Tamara está a favor de la despenalización y cree que las mujeres no deben callar cuando deciden abortar porque su experiencia abre puertas a otras.

“La riqueza de los pobres son sus hijos”

Algunas de las mujeres entrevistadas por El País integran Madrinas por la Vida. Una ONG que da apoyo a mujeres que están en riesgo de abortar por enfrentar un embarazo en extremas dificultades económicas, soledad o vivir situaciones de violencia doméstica.

La institución asiste a unas 80 mujeres por año. Quienes se acercan a pedir ayuda, reciben una canasta mensual y a cambio deben asistir dos veces por semana a talleres en los que aprenden algunos oficios con el fin de que, lentamente, puedan valerse por sí mismas.

Según las madres entrevistadas por El País, allí reciben mucho más que una ayuda económica. Incluso hay quienes dicen que encontraron en la ONG una familia. Martha Grego, que dirige la organización desde hace 12 años, insiste en que ninguna de las mujeres que se acercó a la institución decidió abortar.

“Nosotras no tenemos ayuda económica de nadie y es poco lo que podemos dar. Entonces lo que yo no entiendo es cómo hay autoridades y legisladores que dicen que el 80% de las mujeres asesoradas en el Pereira Rossell deciden abortar; cuando ninguna de las que se acercó aquí en estos 12 años lo hizo”, afirmó.

Si bien las integrantes de la ONG son católicas, afirman estar abiertas “a dar apoyo a personas no católicas o de otras religiones”. La institución tiene como objetivo tener representantes en los 19 departamentos; por ahora están solo en Montevideo, Artigas, Salto y San José.

“Nos queremos dedicar más a eso porque es fundamental. Hace unos meses escuché que había aparecido un feto en una volqueta en Artigas y pensé ¿qué estamos haciendo?, porque si estábamos allí eso no sucede”, dice con convicción.

CRÍTICA. La creadora de Madrinas por La Vida lamenta que antes de una ley para despenalizar el aborto no se intente implementar una ley de ayuda a la mujer en riesgo. “Todos esos proyectos duermen en los cajones de los parlamentarios. Porque no importa la mujer sino se hablaría del síndrome pos- aborto, de cómo la destruye abortar”, asegura.

De la sesión de la Cámara de Diputados del martes hubo varias afirmaciones que causaron “dolor” a Grego. “Me dolió mucho escuchar a los parlamentarios decir que los pobres son los que más se perjudica y los que mueren haciéndose un aborto. Los pobres señores diputados son los que no abortan. La riqueza del pobre son sus hijos”.

Grego entiende que el aborto se legaliza por “cuestiones políticas” y para convertirlo en un acto médico. “Detrás de un acto médico corre mucho dinero. Yo creo que son los reyes de la hipocresía”.

LEY VUELVE AHORA AL SENADO

La Cámara de Diputados aprobó el martes el proyecto de despenalización del aborto por 50 a 49 votos. El proyecto vuelve ahora a la Cámara de Senadores que deberá aprobar los cambios realizados por los diputados.

Cuando el Senado apruebe la ley, Uruguay será el segundo país de América Latina después de Cuba en legalizar el aborto. En Argentina y Colombia está permitido cuando existe riesgo de vida para la madre o si el embarazo fue fruto de una violación. En Colombia, en tanto, está autorizado en casos de mal formación probada del feto.

El proyecto de ley otorga a los médicos la posibilidad de alegar “objeción de conciencia” para negarse a realizar un aborto. Sin embargo, todas las instituciones de salud están obligadas a prestar el servicio.

En todos los centros del país existe desde el año 2010 los servicios de salud sexual y reproductiva.