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La Iglesia en los medios Acuífero Guaraní: La gran reserva de agua dulce que clama ser custodiada

ALETEIA |

Los obispos uruguayos le recordaron al papa Francisco que este maravilloso lugar también requiere atención especial

Se trata de las mayores reservas de agua dulce del planeta compartido por cuatro países de América del Sur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Denominado Acuífero Guaraní –gracias a un geólogo uruguayo que hizo referencia al pueblo originario que lleva el mismo nombre-, la casi totalidad de estas aguas es subterránea y se extiende a lo largo de 1.200.000 kilómetros cuadrados aproximadamente.

Debido a sus dimensiones y sus características –que también se reflejan como proveedor de las aguas termales ubicadas en estos países- son millones los habitantes de esa zona sur de América Latina que dependen de alguna u otra manera de esta gran reserva, además de atravesar importantes centros urbanos de los países en cuestión.

Sin embargo, a pesar de que desde hace unos años existe un Proyecto para la Protección Ambiental y Desarrollo Sostenible del Sistema Acuífero Guaraní impulsado por los cuatros países del Cono Sur con el fin de generar un marco institucional compartido para la preservación y de esta gran reserva, la amenaza en cuanto a su contaminación y mal manejo está latente.

Precisamente, sobre este aspecto los obispos uruguayos, que recientemente culminaron la tradicional visita Ad Limina en el Vaticano, pudieron hacerle referencia al papa Francisco sobre la importancia de este acuífero para el planeta y la necesidad de una atención especial.

 

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Así lo confirmó el cardenal uruguayo Daniel Sturla en diálogo con Radio Vaticano.

“Hablamos del tema de la Cuenca acuífera guaraní, que es una de las mayores reservas de agua dulce del planeta, que compartimos Uruguay, Argentina, Paraguay y Brasil. Y que requiere un cuidado. El Papa, como sabemos, en la ‘Laudato Si’ ha dado elementos muy importantes acerca del cuidado de la casa común, y ahora ha convocado a un Sínodo para la Amazonía. Bueno, nosotros le hemos dicho: ‘Santo Padre, el Acuífero Guaraní también requiere de una atención especial’”, expresó el cardenal uruguayo, quien también recordó que durante la visita se mencionaron otros temas sobre la actualidad de la sociedad uruguaya.

Aquella gran marcha por el agua

En los últimos años varias iniciativas de organizaciones preocupados por el futuro de este lugar tan importante para el planeta tierra se han pronunciado a través de marchas y concentraciones reclamando mayor atención. Recientemente, en el departamento uruguayo Paysandú, ubicado a poco más de 300 kilómetros de la capital Montevideo, se realizó una concentración contra una perforación en búsqueda de hidrocarburos con la consigna también de la defensa del Sistema Acuífero Guaraní.

Pero quizás una de las más recordadas se ha dado en el año 2015 con la impronta de un recordado obispo uruguayo, monseñor Julio César Bonino, un apasionado por las cuestiones de la “casa común” fallecido en agosto de este año. Este obispo uruguayo al frente de la diócesis de Tacuarembó –ciudad ubicada al noreste del país y a casi 400 kilómetros de Montevideo- integraba la Comisión “Tacuarembó, por la vida y el agua”.

En aquella oportunidad, centenares de personas provenientes de diversos países de la región se concentraron en la ciudad uruguaya para machar en defensa del Acuífero Guaraní.

“Uruguay fue el primer país del mundo en declarar en su Constitución que el agua es un derecho humano fundamental, mediante la reforma del Artículo 47 con el plebiscito de octubre de 2004. Con esa enmienda se dispuso además que los servicios de agua y saneamiento del país deben ser prestados exclusiva y directamente por personas jurídicas estatales y que se debe priorizar el uso humano del agua por encima de los intereses de las corporaciones. También se estipuló la participación de la ciudadanía en la gestión y control de las fuentes de agua”, expresó Bonino a través de una acalorada proclama, recuerda la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU). 

“Sin agua disponible y limpia no hay desarrollo posible, sin agua disponible y limpia no hay trabajo, no hay vida”, enfatizó.

“Si el agua es vida, la crisis del agua es la crisis de la vida”, sentenció.

Hoy, dos años después de aquella reflexión, los obispos uruguayos vuelven a poner el tema a consideración de Francisco –área que conoce muy bien por ser argentino-, un lugar de suma importancia para el planeta y que también merece rápida atención tal cual invita la encíclica Laudato Sí, sobre el cuidado de la casa común.