Iglesia al día

" El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos. #FratelliTutti "
@Pontifex

La Iglesia en los medios Los liceos públicos “aplican una selección salvaje” que explica los altos niveles de repetición y abandono del sistema educativo [de interés]

SEMANARIO BUSQUEDA |

http://www.busqueda.com.uy/nota/los-liceos-publicos-aplican-una-seleccion-salvaje-que-explica-los-altos-niveles-de-repeticion-y/ls-1970-ca15ff5f78acbab4248b

A 20 años de su creación, el centro educativo de gesión privada Los Pinos se financia con 65% de fondos estatales, según su director general, Pablo Bartol

escribe Juan Pablo Mosteiro

A 20 años de la creación del Centro Educativo Los Pinos, institución de gestión privada ubicada en el barrio Casavalle, su fundador y director general, Pablo Bartol, defiende su modelo de gestión educativa en una de las zonas más pobres del país ante las críticas que recibe de ámbitos gremiales y políticos, ya sea por su sistema de selección de alumnos, por su carácter religioso o por su modo de financiarse. “Cada vez más gente de distintos ámbitos se subleva contra la situación educativa del país. Es gente que se dedica a otras cosas, que podría hacer dinero con ellas, pero que al tener contacto con personas de otros barrios y ver sus problemas, deciden aportar su granito de arena. Ahí están instituciones como Espigas, Providencia o Jubilar. Pero claro, siempre nos van a encontrar ‘peros’: ‘Que a esta la hicieron los empresarios, que la otra es de la Iglesia, que atrás está Fulanito, y así. Y entonces el establishment educativo uruguayo te cae como una losa, con todo el peso, y te deja la cabeza llena de chichones’”.

Así, con tono y gesto de fastidio, Bartol explicó a Búsqueda el caso concreto de Los Pinos: “Nos critican por nuestro sistema de selección, que al parecer es terrible… ¿Y lo que hacen los liceos públicos —en los que en los primeros años repite el 50% de alumnos y abandona otro 30%— qué es? ¿Dónde está la verdadera selección? ¿De qué hablamos cuando hablamos de inclusión?”.

Picadora de carne.

“Una cosa es una selección estudiada entre el centro de educación y la familia para generar grupos coherentes, no iguales, que funcionen para un tipo de población. Y otra cosa es la selección salvaje donde nada de eso importa, y el alumno que aguanta se queda y el que no aguanta se pierde”, dijo Bartol. Y ejemplificó: “En los liceos de esta zona, Casavalle: el N° 13 tenía el año pasado 21 grupos en primero, 14 en segundo, nueve en tercero… ¿Qué es eso? ¡Selección salvaje!”.

Para el director de Los Pinos, “los liceos públicos aplican una selección salvaje, porque meten a chicos, por ser pobres y tener 15 años, en clases con alumnos de 12 años. Así, lo único que se logra es hacerse el cuento de la inclusión. ¡Pero no es verdad! Porque ninguno de esos chicos llegan ni a tercero de liceo… Y, además, le interrumpen la educación al resto de los estudiantes. A eso llamo inclusión y selección salvajes, porque perdés a los buenos, que se van corriendo, porque el sistema es un loquero”, expuso.

En cambio, Los Pinos —según su director— hace “una selección estudiada, pensando en los chicos, en cada uno de ellos, y con su familias. Acá, en capacitación laboral, hay un montón de muchachos que son muy buenos y abandonaron el liceo, no por burros, sino por falta de estímulos”.

“Es el Estado el que genera injusticia, y por ejemplo invierte muchísimo más dinero en un alumno de Pocitos que en otro de Maroñas. Esta es la realidad. O sea que sí, hay una selección salvaje, por la vía de que hay una picadora de carne según la cual el que aguanta sigue y el que no, abandona”.

¡Matemáticas, no catequesis!

Los Pinos es una institución de gestión privada, financiada con fondos mixtos que Bartol fundó y dirige desde 1997, que ofrece apoyo educativo y prepara para la vida laboral a niños, adolescentes y jóvenes de Casavalle. Donde antes había un baldío hoy pasan unos 360 estudiantes del barrio por día, en un predio de unas 10 hectáreas, ubicado entre San Martín y camino Mendoza. El lugar forma un enorme rectángulo, en cuyo centro están las edificaciones, pintadas en un tono entre pastel y ladrillo visto, con techos azules de chapa. Hay un proyecto edilicio frente al complejo, a cargo del arquitecto Carlos Ott.

En Los Pinos funciona un club de niños, un centro juvenil, un liceo técnico y talleres de capacitación laboral. “No es una alternativa a la educación formal. Los chicos que asisten van a la escuela o el liceo público y aquí completan su formación”, aclaró Bartol. Por ejemplo, el Club de Niños es un programa desarrollado por el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) que ejecutan organizaciones sociales en varios barrios de Montevideo. Los niños, de seis a 12 años, salen de la escuela al mediodía y en Los Pinos almuerzan, hacen las tareas y talleres.

Tras 18 años dedicado a la educación no formal, en 2016 Los Pinos se estrenó en el sistema formal con el liceo técnico. Estos jóvenes entran a las 8 de la mañana y se retiran a las 17.30. La oferta se ajusta al plan de estudios de UTU y le agregamos algunas horas de robótica, inglés y filosofía, comenta a Búsqueda Gregorio Medina, director del Ciclo Básico Tecnológico y profesor de Filosofía.

A través de convenios con el Inefop (Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional) los jóvenes de entre 18 y 24 años reciben capacitación para incorporarse al mercado laboral como operarios industriales, asistentes de laboratorio o informáticos. Los Pinos casi duplica en inserción laboral a otras instituciones con las que Inefop tiene convenios. Del 90% que toma una oferta —unos 140 jóvenes—, el 70% conserva el puesto tras el primer año y 30% es recolocado.

La totalidad de esta oferta educativa está dirigida a varones. “Es un sistema de origen anglosajón; de hecho, de los 20 mejores colegios ingleses, la mitad son de educación diferenciada, de orientación masculina”, argumenta Bertol. “También nos cuestionan por eso, y yo no digo que sea mejor que el sistema mixto: es una opción más”.

El programa más conocido que ofrece Los Pinos son las Olimpíadas de Matemáticas, competencia organizada en su origen para chicos del barrio y que hoy se extiende a 15 departamentos del país con alrededor de 30.000 participantes.

Además, la institución propuso en 2016 crear un profesorado de Matemática “con y para los chicos del barrio”. Pero el Centro de Formación en Educación (CFE) no lo habilitó. “El argumento central fue que no querían competencia para el IPA, algo privado, del Opus Dei, metido en lo público. ¡Pero esto es matemática! ¡Son números, no catequesis!”.

Los Pinos es un centro patrocinado por el Opus Dei, pero los alumnos no tienen obligación religiosa, es optativa. Bartol, miembro del Opus Dei, cuenta que el terreno donde hoy se asienta el colegio era propiedad de Leonardo Rozenblum, el dueño de Motociclo, de la comunidad judía, y que cuando le pidió el predio y le dijo que iba a predicar ahí la fe católica, le respondió: “Mientras hagas algo por los chicos, está todo bien”. El terreno original era un gran baldío, seis hectáreas donde los carritos de la zona reciclaban la basura.

Hoy la institución cuenta con “no menos de 10 inversores importantes de la colectividad judía”. El gimnasio lo construyó el empresario Alberto Taranto, dueño de Stiler SA.

Presencia en los barrios.

La institución ofrece hasta tres comidas diarias. Aparte del comedor, hay una capilla, una sala de informática, un laboratorio, un taller de electrónica, una huerta, un gimnasio y varias canchas de rugby y fútbol con un césped que envidiarían varios clubes de primera división. (De hecho, la idea original era crear una escuela deportiva). Se enseña rugby para promover la inclusión social a través del deporte. “La idea es mezclar a chicos de Carrasco o Pocitos con los de Casavalle y darnos cuenta de que somos todos iguales, superar los estigmas”, según Medina.

El “gran drama” es la lista de espera (en torno a 350 aspirantes, el doble de la matrícula). A diferencia de instituciones como Jubilar o Impulso, Los Pinos no es gratuito. Sus estudiantes pagan una cuota de $ 400 por mes. “Esa contrapartida la pedimos en primer lugar en dinero, pero si la familia no puede pagar, no pasa nada”.

La mayoría de la población de Casavalle es muy joven, vive en condiciones precarias y tiene además problemas sociales importantes. Apenas 3% terminó el liceo. La zona abarca al barrio Marconi, parte de Manga, Piedras Blancas, Las Acacias y Peñarol. Entre sus señas de identidad figuran la marginación, el desempleo, la informalidad laboral, la delincuencia y el difícil acceso a servicios básicos en medio de asentamientos precarios que definen el paisaje.

El predio está delimitado apenas con alambrado como los de campaña. Las ventanas no tienen rejas —hay un sistema de alarma adentro del edificio—, y el exterior está abierto. La zona que da a la avenida San Martín sirve de plaza o parque los fines de semana. Aparte de quitar las rejas, se ampliaron las ventanas de las clases y se tiraron las paredes que dividían los salones donde hay mamparas corredizas para trabajar en clases con docentes de distintas asignaturas y niveles juntos.

La plantilla es de unos 40 funcionarios, la mitad de ellos docentes y el resto personal de servicio: cocina, limpieza, mantenimiento y celadores. Todo se financia en un 65% a través de programas del Estado; el resto son aportes de particulares y empresas. “Esto desmitifica que es todo privado. ¡No! Esto es presencia estatal en los barrios con programas bien focalizados y modalidades para dar más oportunidades”.