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La Iglesia en los medios Vigencia y avance del maniqueísmo [Opinión de Oscar Larroca, menciona a la Iglesia]

ECOS.LA |

https://ecos.la/18/opinion/2019/04/16/32538/vigencia-y-avance-del-maniqueismo/

Opina Oscar Larroca

En la Argentina de 1946, la frase «Braden o Perón» constituyó una expresión de la división de la sociedad del país hermano y, al mismo tiempo, una herramienta diestramente utilizada por Juan Domingo Perón para ganar las elecciones presidenciales del 24 de febrero de ese año.

Spruille Braden, director de cuantiosas compañías mineras estadounidenses en Latinoamérica, fue un embajador fiel a los puntos de vista e intereses de Washington en la región. Durante su breve gestión como representante de la Casa Blanca ante el gobierno de Buenos Aires, Braden emprendió una cruzada contra el nazismo que, a juicio de la administración estadounidense, seguía vigente en ciertos países latinoamericanos.

El diplomático apoyó abiertamente a la Unión Democrática que llevaba a la presidencia la fórmula Tamborini-Mosca: una alianza de conservadores, radicales, socialistas y comunistas. La actitud del embajador sirvió a Perón para presentarse como una opción nacionalista (la fórmula era Perón-Quijano) frente a sus adversarios políticos, a los que caracterizó como servidores de la política imperialista de los Estados Unidos. La consigna «Braden o Perón» finalmente fue un clave fundamental para la conquista del triunfo del líder justicialista.

“De un lado o del otro de la mecha”, “un hijo puto o un hijo delincuente”, “el oso ruso que se llevará a sus hijos si gana el Frente Amplio”, “la vieja constitución o un futuro en paz”, “la continuidad del MIDES o su desaparición bajo un gobierno de derecha”, “Carolina Cosse o el caos”, “izquierda o derecha”, “una cosa o la otra”.

El uso de los opuestos es un enunciado que abreva en el panfleto y que se presenta falsamente como un argumento. Esos opuestos, además, apenas ocultan la clara intención de provocar miedo en el destinatario. Miedo a estar en “el lado equivocado de la mecha”, miedo “a que mis hijos terminen en un gulag en Siberia”, miedo “a la derecha.” El maniqueísmo, asimismo, evita pensar en el hecho de que la antigua división “izquierda-derecha” (por ejemplo) es, por lo menos, de una ligereza inconducente.

Ante la conocida tragedia del incendio en la catedral parisina de Notre Dame, muchos ciudadanos (entre los que me incluyo) expresó su congoja por la pérdida de una parte fundamental del patrimonio cultural de la humanidad.

Ante este dolor, no pocos internautas intentaron colocar paños fríos a esa pena señalando el carácter hipócrita de quien dedica su sufrimiento a un “montón de fierros viejos” (sic). Hasta comenzaron a circular fotografías sobre los bombardeos en Siria. “Hay niños que se mueren de hambre en el mundo por las injusticias de una economía destructiva con la naturaleza humana”, han expresado quienes consideran incompatible la coexistencia de ambos sufrimientos. De nuevo: “una cosa o la otra”.

Confundir una decisión política fascista como la que supone un ataque con misiles a inocentes, con el arte y la arquitectura solamente porque los artistas y el presidente de la nación que envía los misiles tienen la misma nacionalidad, es de una miseria e ignorancia insondables.

Con acierto, un amigo respondía a esto diciendo que “la única conclusión que se puede sacar es que con ciertos interlocutores no se puede hablar de nada, literalmente de nada. Porque para hacerlo habría que hablar de «El TODO», así con mayúsculas (la tragedia de los migrantes hondureños en la frontera con EEUU, las adolescentes yazidíes secuestradas por el ISIS, los detenidos en campos de concentración en Corea del Norte, de los que mueren en las pateras intentando llegar a las costas europeas y/o de las catastróficas consecuencias del cambio climático en los Estados insulares, etcétera).

Tendríamos que hablar de todas las tragedias y sufrimientos humanos, de todas las pérdidas, literalmente de todo, cada vez que abrimos la boca o aporreamos un teclado. Dado que eso es imposible, lo que nos quedaría sería guardar un piadoso silencio.”

También están aquellos que han celebrado el incendio apelando a la espantosa realidad de los curas pedófilos y a la famosa frase “La única iglesia que ilumina es la que arde”. El pensar que la pedofilia eclesiástica tiene el mínimo punto de contacto con el arte producido por centenas de artesanos y artistas que nos legaron su mejor obra para testimonio de la cultura humana, es lo mismo que decir que porque hubo una inquisición en nombre de Cristo, sus ideas sobre el amor al prójimo deban caer en descrédito.

Es probable que estemos padeciendo las consecuencias de una filosofía burda que desprecia ciertas normas y oficios. «No me vengas con literatura», espetó el mismo personaje que pedía que se tomara como ejemplo la vida de un delincuente solo porque “se hizo de abajo” (sic). Esta predica miserable ha hecho carne en quienes gustan de “una cosa o la otra”. Y es hasta comprensible, pues el uso de la razón es mucho más complejo y más arduo que las recetas que provee el maniqueísmo más pueril.