Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Vaticano y Tierra Santa iniciaron una semana de celebraciones

EL OBSERVADOR |

Mensaje. La figura del papa llena de esperanza a los cristianos palestinos

Celebración para recordar el camino de Jesús en el Domingo de Ramos que inicia Semana Santa

El papa Francisco instó ayer a los católicos a preguntarse acerca de quiénes son como individuos, en la misa del Domingo de Ramos, jornada con la que inauguró ayer los ritos de la Semana Santa en Roma.

“¿Quién soy yo? ¿Soy como Judas, el traidor?, ¿como los soldados que se burlaban de Cristo?, ¿o soy como la Virgen María, que sufría el calvario de Jesús en silencio?; ¿como José, que portó con amor el cuerpo de Jesús hasta la sepultura?”, les preguntó.

Vestido con ornamentos rojos, el pontífice salió de la basílica vaticana y se acercó, en su papamóvil, hasta el centro de la plaza, donde se encuentra el obelisco de Sixto V, de 25 metros de alto.

Lo hizo, al son de cánticos de Hosanna y portando un báculo pastoral de madera de olivo, con una cruz en la parte superior, que le regalaron los presos de la cárcel de San Remo (Italia).

Miles de flores, palmas y ramas de olivos, traídas para la ocasión desde la región de Apulia (sureste de Italia), adornaron la plaza de San Pedro del Vaticano.

“La procesión festiva con ramos de olivo ha dado nombre a este domingo que abre la Semana Santa. La liturgia lo llama también ‘Domingo de Pasión’. Dos nombres que expresan los dos aspectos de hoy (por ayer): la fiesta y la cruz que se perfila en el horizonte”, explicó el pontífice.

Prosiguió la lectura del evangelio de Lucas, que narra la llegada de Jesús a Jerusalén, tras la cual los sacerdotes y cardenales de la plaza se dirigieron en procesión hacia el altar mayor.

Bergoglio cerró esta procesión portando en sus manos una palma, de dos metros de altura, trenzada con tres ramas que simbolizan la Santísima Trinidad, y que fue donada por la ciudad de San Remo.

Después de la lectura de la Pasión de Jesús según San Mateo, que cuenta el camino de Jesús a la Cruz, el pontífice argentino instó a los fieles, emocionados y con lágrimas en los ojos, a preguntarse si son traidores como Judas o aman a Jesús como José y la Virgen María.

“Que estas preguntas os acompañen durante toda la Semana Santa”, les dijo.

Festividad y procesión

Mientras tanto, en el monte de Olivos, miles de cristianos, en su gran mayoría palestinos, iniciaron ayer las celebraciones de Semana Santa con la tradicional procesión de las palmas, tan festiva como siempre, aunque teñida este año de un particular cariz reivindicativo.

A las palmas –procedentes, en su mayoría, de la vecina ciudad de Jericó– y las loas que rememoran la entrada de Jesús en Jerusalén, los diversos grupos participantes agregaron ayer un mismo cartel con la efigie del papa, multiplicado a lo largo de la marcha: “Francisco, Palestina quiere Justicia”.

“La visita de un papa tan comprometido con los pobres y con los que sufren es una buena noticia para nosotros. Esperamos mucho de su visita, la esperamos con ilusión”, explicó a Efe Mariam, una joven cristiana de 26 años. “Los cristianos de Palestina somos los verdaderos olvidados. Israel encierra nuestras tierras tras un muro, impide a muchos de nosotros viajar a Jerusalén para visitar los Santos Lugares y debemos sufrir el ataque de los colonos. Necesitamos justicia”, se quejaba durante la marcha.

Por su parte, Jean Paul, un estudiante francés de teología, aseguró que llegó a esta el lugar “para celebrar la entrada triunfal del Señor en Jerusalén, pero también para recordar que este lugar es de todos los cristianos”.

La procesión de las palmas –conocida popularmente como “de la borriquilla”– es el primer acto de la Semana Santa en Jerusalén, atestada este año de fieles y turistas, ya que la ortodoxa y la católica coinciden esta vez en el calendario, y lo hacen, además, con la fiesta de Pésaj o Pascua judía.

Suspendida tras la caída del reino cruzado, la tradición fue recuperada por los franciscanos en el siglo XVI, época en la que el Padre Custodio de Tierra Santa representaba la figura de Cristo subido a un asno.

En 1876, un labrador halló unas ruinas cruzadas con pinturas que representaban la resurrección de Lázaro y la entrada triunfal de Jesús en unas tierras a medio camino entre Betania y la cima del monte de los Olivos. Allí se erigió siete años más tarde el santuario de Betfage, del que parte la procesión y en el que esta mañana Mariam y grupos de scouts se afanaban en repartir palmas y afinar instrumentos y voces, con la visita de Francisco en el alma. (Agencias) l

Lo dijo

“¿Soy como Judas, el traidor?, ¿o soy como (…)José, que portó con amor el cuerpo de Jesús hasta la sepultura?”

Francisco

El papa instó a sus fieles a hacerse esas preguntas

“Los cristianos de Palestina somos los verdaderos olvidados”

Mariam

Joven cristiana en la procesión por el monte de Olivos