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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios “Uruguay sería muy omiso si perdiera visibilidad en este foro” (Entrevista al Embajador Ramada)

EL OBSERVADOR |

Embajador de Uruguay en el Varticano, Daniel Ramada

Daniel Ramada, embajador uruguayo ante la Santa Sede explicó el particular vínculo diplomático

El Uruguay laico, gratuito y obligatorio no necesariamente debe ser un país aislado, y de aquí que crea necesario tener una representación permanente ante el Estado Ciudad del Vaticano, una minúscula nación donde los códigos son otros. Daniel Ramada, embajador ante la Santa Sede, cuenta cómo Uruguay canaliza los vínculos entre la Iglesia universal y la local, gana más visibilidad ante las otras 181 naciones acreditadas y realiza –aunque no se crea– algunas gestiones comerciales.

¿Cómo define la relación entre Uruguay y la Santa Sede?

Hay que retrotraerse a los pactos de Letrán, que en 1929 pusieron fin a la cuestión romana y definieron la jurisdicción de los estados pontificios, en la nueva relación con la Italia que se unificó después de 1870. En ese momento hubo dos actos: uno declaratorio y otro constitutivo desde el punto de vista jurídico, por el que se constituyó el Estado de la Ciudad del Vaticano como entidad análoga a la civil. Se trata de una figura nueva, aunque ese Estado es la continuidad fáctica de lo que eran los estados pontificios, que constituían la forma visible de presencia del poder temporal de los romanos pontífices, que viene por lo menos del siglo X. Para entender la relación de Uruguay con el Vaticano es muy importante saber con quién nos estamos relacionando. La embajada ante la Santa Sede se relaciona con el Estado de la Ciudad del Vaticano, esa entidad que surge con los tratados de Letrán. Pero, a su vez, la relación se inscribe en una continuidad con la que el estado uruguayo tenía con la Iglesia Católica. Eso envuelve dos esferas, la del poder temporal, que quedó reducido al perímetro de 0,4 kilómetros cuadrados, y la relación con el ámbito civil de la Iglesia que había antes del tratado de Letrán.

¿También hay una relación formal con la Iglesia?

Claro, a través de la embajada, el Estado uruguayo se relaciona con el Estado de la Ciudad del Vaticano y, a través de este, con la Iglesia Católica en su esfera espiritual. No obstante, la Iglesia –como persona jurídica– está presente en el Estado uruguayo desde antes de que hubiera tal, desde la época de la colonia. Todo esto hace que la relación de la embajada uruguaya ante el Vaticano sea muy técnica, donde hay que tener muy claro cuál es la función. Porque nuestra relación formalmente es con el Estado Vaticano, pero materialmente se proyecta en la relación con la iglesia católica. Esto envuelve lo jurídico y lo teológico.

¿Cómo se concreta esto? ¿Son pocas las relaciones con el Estado Vaticano?

De ninguna manera, y vienen de larga data. Uruguay es de los estados que están aquí desde comienzos de siglo, primero con legación permanente y luego con embajada, en los años 1930. Es una relación sumamente dinámica, que envuelve al Estado uruguayo en sus características, porque nosotros tenemos un Estado no confesional.

¿Cómo es eso compatible?

Eso es una garantía de respeto mutuo y la Iglesia es muy sensible en este sentido. La Secretaría de Estado respeta todas las especificidades que eso conlleva.

¿El hecho de que Uruguay sea laico no entra en contradicción con que tenga una representación permanente ante el Vaticano?

Para nada, para nada. Es más, el Estado Vaticano es, desde el punto de vista mundial, el número dos en cantidad de representaciones extranjeras. Es decir, después de Estados Unidos, es aquel en el que hay más embajadas de otros países, muy pocos puestos por debajo: acá hay 182 embajadas de naciones de todo tipo y Uruguay sería muy omiso si perdiera visibilidad en un foro de estas características.

¿Cuáles son las principales funciones del embajador ante el Vaticano?

Desde que llegué, mi principal trabajo fue darle visibilidad a la embajada: ir a todos los eventos a los que convida el Vaticano, así sean menores, como presentaciones de libros. De esta manera se va generando una relación que, a la postre, favorece la empatía entre la Iglesia universal y la Iglesia en Uruguay, por explicarlo de alguna manera. Además, hay otras funciones que se cumplen acá, como alentar todo lo que hace la Iglesia uruguaya y para lo que necesita el apoyo de la Iglesia de Roma.

¿Pero Uruguay tiene ese interés en ganar legitimidad ante la Santa Sede?

Desde el momento en que destina a un embajador, ya es una manifestación de interés. Además, entiende claramente que la función de los embajadores ante la Santa Sede es ayudar a Uruguay a través de las obras que la Iglesia –generalmente en el campo social y educacional– hace en Uruguay, y esto lo hacemos cotidianamente. La iglesia en Uruguay, independientemente de su función confesional, también cumple una función de asistencia social. Es más, una de las cosas que le recalqué a la Santa Sede es que es un caso bastante raro que un Estado no confesional muchas veces le confía dinero del erario público a instituciones eclesiásticas para que administren lugares como merenderos o refugios para gente sin techo. Así, el Estado uruguayo reconoce, de cierta manera, que la Iglesia cumple una función metaconfesional que va a la asistencia de la gente carente.

¿Existe algún vínculo comercial entre el Estado uruguayo y el Vaticano?

Con el Vaticano directamente no. Pero hice gestiones para colocar productos uruguayos –vino y zapatos– en los almacenes vaticanos, que alimentan la estructura de comercio minorista de los centros vinculados al servicio exterior de los demás países y a los funcionarios de allí. A mediados de abril tendré una reunión con gente de comercio que está en Europa para intentar solucionar algunos aspectos logísticos. Queremos organizar una central de distribución en la región, donde Uruguay pueda tener algunos productos y garantizar la pronta entrega.

Perfil

Daniel Ramada

Diplomático

Profesor de teología

Empresario

Tras desempeñarse durante 25 años en la actividad empresarial y como colaborador del servicio exterior, Daniel Ramada, también profesor de Teología, fue designado como embajador de Uruguay ante la Santa Sede. Presentó sus cartas credenciales en febrero de 2012, siete meses después de que se retirara el anterior embajador, Mario Cayota.