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La Iglesia en los medios Uruguay. Apostar por la familia y volver a las raíces: el antídoto ante la droga libre [Entrevista a Mons. Fuentes]

ZENIT |

Entrevista al ‘obispo Jaime’ sobre la ley recién aprobada que permite la comercialización de la marihuana en el país platense

El Parlamento de Uruguay, con los votos del oficialista Frente Amplio, ha aprobado definitivamente el 10 de diciembre pasado la ley que permite la comercialización de marihuana.

La nueva ley, denomina “Marihuana y sus derivados: Control y regulación del Estado de la importación, exportación, plantación, cultivo, cosecha, producción, adquisición, almacenamiento comercialización, distribución y consumo”, prevé la creación del Instituto IRCCA, que deberá fiscalizar el cumplimiento de la normativa. Esta ley permitirá a los adultos comprar hasta cuarenta gramos al mes en los establecimientos autorizados.

La comercialización comenzará en aproximadamente seis meses, una vez reglamentada la norma, y además, no se podrá vender a extranjeros. “Vino gente que no sabía adónde quedaba Uruguay, pero que ahora, por la marihuana, sabe mucho de nosotros”, explicó una empleada de una farmacia, según indicó un cable de ANSA.

Para profundizar el tema,ZENIT habló con el obispo uruguayo de Minas, Jaime Fuentes, que además de estudiar periodismo en la universidad de Navarra lo ejercitó varios años, y que fue rebautizado por un diario como “El bloggero de Dios” justamente por sus escritos en internet.

El ‘obispo Jaime’ como le llaman sus feligreses, responsable de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar y Vida, explica a nuestros lectores en la siguiente entrevista los desafíos que presenta la nueva ley.

¿Cuál es su opinión sobre la reciente ley que legaliza la marihuana en Uruguay?

–Mons. Fuentes: La legalización de la marihuana, a mi entender, es el último paso que ha dado el actual gobierno para instaurar un tipo de sociedad basada en una idea individualista de la libertad, que torpedea en su línea de flotación al matrimonio y la familia.

¿O sea no sólo marihuana, por qué afirma esto?

–Mons. Fuentes: Porque si hasta hace dos años estábamos al borde del precipicio en cuanto sociedad (no se olvide que Uruguay fue el primer país de América que legalizó el divorcio en 1907 y la familia está deshecha), ahora se han dado cuatro decididos pasos hacia adelante… En este tiempo se aprobó el aborto; se equipararon las uniones homosexuales con el matrimonio; se legalizó la fecundación artificial y ahora la marihuana.

¿Habría entonces un denominador común entre aborto, uniones gay, fecundación artificial y ahora la marihuana?

–Mons. Fuentes: Naturalmente. Estamos en el reino del “yo-mi-me-conmigo”, por así decir, sin ninguna referencia trascendente. Este sustrato ideológico individualista de las leyes mencionadas, afecta profundamente a la educación de nuestros niños y jóvenes. Se les está diciendo que lo más importante es que cada uno sea feliz a su manera, que la verdad del hombre, en definitiva, es lo que cada uno elige. Si se tiene en cuenta que el 80 por ciento de la población uruguaya se educa en la escuela pública, donde no sólo no se imparte ninguna noción religiosa sino que, aunque parezca increíble, está prohibido hablar de Dios, concluiremos en que es necesario un esfuerzo de largo aliento para superar este estado de cosas.

Volviendo a la marihuana. ¿La gente está de acuerdo con su legalización? ¿Qué consecuencias trae la aprobación de la ley?

–Mons. Fuentes: Meses antes de la aprobación, las encuestas decían que el 62% de la población uruguaya estaba en contra y estoy seguro que ahora este porcentaje sigue igual o ha aumentado. Igualmente, la ley promovida por el Presidente Mujica siguió su curso, hasta ser aprobada con los votos en contra de todos los integrantes de la oposición. Muchos médicos uruguayos y extranjeros han explicado claramente que la marihuana no solamente daña la salud alterando el funcionamiento cerebral y, por consiguiente, el rendimiento intelectual y físico, sino que lleva al deseo de consumir drogas más fuertes. Creo que no es difícil imaginar las consecuencias que esto traerá, sobre todo, para la gente joven.

¿Cuáles fueron los motivos del gobierno para hacer esta ley?

–Mons. Fuentes: El Presidente dijo que combatir el narcotráfico persiguiendo a los narcotraficantes, no ha dado resultado. Si en cambio, es el Estado el que produce la marihuana, la comercializa y la vende, los consumidores no tendrán que comprarla en otro sitio y se terminará con el negocio ilegal que tanto daño produce. A mi modo de ver, es un planteamiento por lo menos pelagiano, como si el pecado original no existiera, como si no tuviéramos pruebas más que suficientes, en todo el mundo y a lo largo de la historia, de que el Estado está compuesto por hombres y que los hombres pecamos. Por lo demás, también puede llegar a ser un gran negocio cultivar privadamente las plantas de cannabis y después venderlas, la ley permite un determinado número de plantas. ¿Quién va a controlar si tengo 4 o 10 plantas en el fondo de mi casa y si las tengo para consumo propio o para venderla a los turistas? En fin, hay otros argumentos que están diciendo a gritos que la ley de la marihuana traerá daños muy serios.

¿Se podrá volver atrás si se ve que los resultados de la legalización fueran funestos?

–Mons. Fuentes: Hace unos meses, antes de aprobarse la ley, el Presidente estuvo en Nueva York y se entrevistó con George Soros. Este señor, conocido financista internacional, dijo que él estaba financiando el “experimento” uruguayo de legalización de la marihuana… El Presidente Mujica dijo entonces que si el “experimento” salía mal, entonces siempre se podría volver atrás. Cuando lo escuché, enseguida me vino a la mente “El aprendiz de brujo”… Y algo que es más grave: ¿se puede “experimentar” con una sociedad, como si estuviera formada por cobayas? Hay en todo esto una concepción materialista del hombre, muy alejada del sentido no solamente cristiano, sino del sentido común.

Usted se encarga de la Comisión Pastoral de Familia y Vida. ¿Cómo ve el futuro?

–Mons. Fuentes: Pienso que es necesario volver a las raíces. Vivimos en una sociedad pluralista, es verdad, en la que nuestra Constitución, sin embargo, señala definitivamente: “La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad” (art. 40). Me parece que no hace falta comentar qué lejos estamos de tan solemne declaración. Pienso que todo el trabajo de los políticos será poco, para hacerla realidad. Pero no solamente ellos. Cuando estuvo el papa Juan Pablo II en Uruguay, dijo algo muy cierto: “son las familias cristianas, las que harán que nuestro mundo vuelva a sonreír”. La situación en la que nos encontramos, y no sólo en Uruguay, no es nada distinta de aquella en la que tuvieron que vivir los primeros cristianos. Y, con su coherencia, con su ejemplo y con su explicación ganaron: “esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe”, dice san Juan. Tenemos por delante un trabajo fantástico de formación, para hacer ver la belleza del matrimonio y de la familia, tal como Dios la quiso para la felicidad de las mujeres y los hombres de todos los tiempos. Estamos en el ojo de una tormenta ideológica que pasará, como tantas otras. Pero hay que trabajar y rezar, rezar mucho y trabajar mucho.