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La Iglesia en los medios Uno de cada cuatro menores víctima de explotación sexual no supera los 12 años [Tema de interés]

EL OBSERVADOR |

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En 58% de los casos en el interior las actividades eran diarias o semanales

Sucede en espacios públicos, plazas, carreteras o casas particulares. A cambio de ropa, celulares o simplemente de una recarga de teléfono. Así ocurre la explotación sexual a niñas, niños y adolescentes en todo el país, quienes por estar en una situación de vulnerabilidad ven el vender su cuerpo como algo normal. Como una o la única forma de conseguir cosas.

Según un estudio realizado por Gurises Unidos y el Instituto de Estadística de la Universidad de la República, son 650 los niños o adolescentes que sufren actualmente explotación sexual comercial en Uruguay. Uno de cada cuatro es menor de 12 años. En su mayoría mujeres. Se trata entonces de “un problema de género y de generaciones”, donde el adulto está sobre el niño y el hombre sobre la mujer, y que muchas veces se invisiviliza, explicó a El Observador uno de los investigadores de Gurises Unidos, Diego Pailos. La frecuencia del abuso no es menor. En 58% de los casos de víctimas registrados en el interior del país, la explotación sexual se da de forma diaria o semanal.

El 70% de los menores explotados no asiste a centros educativos formales o lo hace de forma muy intermitente. Además en muchos casos sufrieron violencia o abuso sexual.

Se trata del primer estudio cuantitativo y a nivel nacional sobre esta problemática. Las cifras anteriores manejadas por las autoridades (74 casos en 2014) solo tomaban en cuenta las denuncias o situaciones en los que efectivamente se llegó a un procesamiento del explotador, por lo que no había una dimensión real del problema. Para realizar la investigación se trabajó en distintas zonas de Montevideo y el Área Metropolitana, y en ciudades del interior con más de 5 mil habitantes. Según indicó a El Observador Juan José Goyeneche, del Instituto de Estadística de Udelar, el trabajo no se realizó con contacto directo con los casos sino a través de técnicos, personas vinculadas con niños o adolescentes, que tuvieran conocimiento de los casos. Del total de casos, 64% se pudo constatar con certeza mientras que 36% restante fue identificado con indicadores de sospecha.

El trayecto hacia la explotación

Situaciones de calle, ser testigo o víctima de violencia doméstica, tener familiares o adultos cercanos dispuestos a vender su cuerpo por dinero y no tener referentes adultos, son algunos de los factores que llevan a los niños y adolescentes a caer en la explotación. Es que en una etapa de definición de la personalidad, sin nadie que proteja o guíe, ven a la situación de explotación como una forma de sustento, explicó a El Observador la psicóloga Fernanda Caballero, encargada del estudio.

La caracterización que realiza el estudio muestra que 70% de estos menores no asiste a centros educativos formales o lo hace de forma muy intermitente y tampoco tiene asistencia en instituciones barriales. Además, cuatro de cada diez no cuenta con un referente adulto y muchos de ellos se vieron relegados a tener que sobrevivir en la calle, cerca de 50% en el interior y 60% en Montevideo, ya fuera para recrearse, pernoctar o mendigar. Según los datos presentados, en 94% de los casos la explotación se daba para obtener sexo a cambio de dinero o de especias, mientras que en el 6% restante la explotación fue para producción de material pornográfico. Como única forma de obtener bienes, no se miden las consecuencias y secuelas, que son fundamentalmente en la autoestima. “Lo único que tienen para ofrecer es el cuerpo”, que hace que se vean así mismos como un objeto, dijo Caballero.

El mito de las grandes mafias

Según dijeron a El Observador los investigadores, previo a comenzar el estudio había una presunción de que los casos de explotación sexual se daban a través de grandes redes. Sin embargo el estudio dio cuenta de que la explotación se da en gran parte en ambientes de cercanía. “No hay un estereotipo del explotador, puede ser cualquiera”, dijo a El Observador Caballero. Puede ser el almacenero, un vecino, un profesor, el que recarga la garrafa. Son, en general personas que están en el entorno de la víctima y conocen su vulnerabilidad. Sin embargo, la cercanía no quita que el entorno sea un lugar de captación para el ingreso a redes de explotación más sofisticadas.

Si bien hubo avances, explicaron, con respecto a países de la región en Uruguay recién se está reconociendo la problemática y las actuaciones son incipientes.

Así, debido a las características de los adolescentes y el contexto de cercanía del abuso es que los investigadores ven la necesidad de un trabajo en todo el territorio, transversal y sobre todo de prevención.

Indicadores

Certeza. Se toma como indicador de certeza de la explotación sexual infantil los siguientes casos: haber visto el abuso; que el explotado lo haya contado personalmente, más allá de la claridad del relato; recibirlo a través de un tercero de confianza; o constatarlo por mensajes de redes sociales o celular.

Sospecha. Son indicadores de sospecha que el niño o adolescente compre cosas que claramente exceden a su economía; que tenga un cambio repentino en su estética; presente problemas de salud sexual; que desaparezca varios días o duerma en casa de amigos que no identifica.