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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Una mujer gana un juicio porque un hospital perdió sus embriones

EL OBSERVADOR |

Fallo. Las dos hermanas involucradas en el caso cuentan cómo vivieron esa experiencia

Cuando estábamos en el block entró el médico con la cánula en la que llevaba tres embriones y nos dijo ‘tus hijos ya se están peinando’, de tan buena calidad que habíamos logrado”, recuerda María. Junto a su hermana Mirta se realizó una fecundación in vitro. No logró quedar embarazada, pero sí su hermana, quien tuvo una niña y un varón. En el procedimiento le colocaron a cada una tres embriones, mientras que los restantes (tres de una y cuatro de la otra) se congelaron.

Al enterarse de que no había quedado embarazada, María se aferró a los tres embriones que habían quedado en la clínica. Al pedirle al médico reiniciar el tratamiento, el profesional le dijo por teléfono que sus embriones se habían “perdido”. Las hermanas accedieron a dialogar con El Observador acerca de lo que vivieron, pero pidieron no ser identificadas por lo que se utilizaron nombres ficticios.

Un tribunal de apelaciones falló que los embriones “merecen respeto” y no deben ser manipulados ni desechados “por tener latente el derecho de convertirse en persona humana”. El fallo condenó a la clínica de fertilidad de la Asociación Española a indemnizar a las hermanas con US$ 35 mil y devolver a cada una los US$ 7.000 que invirtió en el tratamiento, más los intereses desde 2004, fecha en la que se inició el juicio, a la fecha. El fallo cuestionó el modo en el cual se les dio la noticia (por teléfono). La sentencia se convirtió en un leading case (caso líder) como se denomina en el derecho a un caso que marca una tendencia en un tema.

Niños o sustancia descartable

Las hermanas comenzaron el tratamiento en 1998. “Treinta días antes del procedimiento comenzás a tomar medicación y 10 días antes te sacan sangre todos los días a la misma hora para ver cómo evoluciona tu organismo. No es doloroso, pero es bastante agresivo”, recuerda Mirta. María explica que en ese momento fue muy poca la información que se les dio acerca de los riesgos del tratamiento. “La única explicación que recibimos fue una charla de media hora con todas las parejas del ciclo, unas 18. Nos dijeron que había que manejar la ansiedad. Pero no hubo detalles técnicos ni científicos ni nos dijeron qué podía pasar”, afirma. Lo que si les había quedado claro era que los embriones restantes se crioconservaban y se podían volver a utilizar inmediatamente después del tratamiento, si no resultaba.

El médico responsable de la clínica de la Española, Alejandro Bozzolo, dijo a El Observador que a los pacientes se les hace firmar un consentimiento informado con los riesgos, pero que en este caso el médico que actuó “no se los hizo firmar”. Ellas aseguraron que jamás les mostraron ningún documento y así lo acreditó la Justicia.

Las hermanas fueron internadas juntas para efectuar la fecundación in vitro. “A mi marido, el médico le dijo que lo felicitaba por sus hijos. Nos fuimos con expectativas muy altas. Era casi imposible que no quedáramos embarazadas. Estábamos muy felices con lo que estaba pasando. Hasta tuve antojo de sandía y mandé a mi marido a comprar”, recuerda María.

Sin embargo, 16 días después de la transferencia cuando le sacaron sangre para verificar si había embarazo recibió la peor noticia de su vida. Primero se enteró de que, contra todo pronóstico, no había quedado embarazada. Segundo, supo que sus embriones se habían perdido.

Un baldazo

“Hablé con el médico y me dijo que Mirta estaba embarazada, pero yo no. El me respondió que hubiera apostado que yo había quedado”, afirma. Ante esa noticia “te aferrás a los embriones que dejaste congelados. Es solo volver a preparar el endometrio, tomar la medicación y volver a intentarlo”.

Pero la respuesta del profesional fue: “Tenemos que hablar, tuvimos un problema, prefiero decírtelo personalmente”, recuerda.

Ante semejante afirmación ella exigió que le dijera en ese mismo momento qué había sucedido. “Empezás a pensar que me pusieron lo embriones de Mirta a mí o a ella los míos”, explica. Fue entonces cuando le dijo que los embriones no estaban.

“Fue un baldazo, quedamos muy afectados. Se nos cerró la puerta al momento. Fue un manejo espantoso, si no querían afectarnos a nosotras, nuestros maridos tenían que saberlo”, dice.

Bozzolo justificó que no se les dijo porque hubiera sido peor darles una noticia así, porque “hubiera sido una conmoción tremenda”.

Las hermanas explicaron que “nunca se pudo demostrar que la máquina falló”. “Al contrario, todos los indicadores daban que la maquina había funcionado bien. Tiene una especie de caja negra que reporta fallas, ese informe nunca apareció”, asegura María. Durante el juicio, el ingeniero de las máquinas insinuó que el equipo no se rompió.

“Nunca supimos ni sabremos qué pasó”, concluye Mirta. Su situación parece más ventajosa que la de María porque ella sí tuvo hijos. Pero asegura que le hubiera gustado poder tener más. Además, debe responder a las preguntas que le hacen sus hijos que ahora tienen 14 años. “Me preguntan cuántos seríamos, como serían los hermanos”, explica.

María adoptó una niña que tiene nueve años, pero con su esposo no dejan de preguntarse cómo serían sus hijos si hubieran podido engendrarlos. l

Natalia Roba twitter.com/natiroba

Apunte

Ahora habrá ley

La ley de reproducción asistida, aprobada en el Senado y que volverá a Diputados para que se voten los cambios, establece que pueden transferirse al útero únicamente dos embriones por ciclo, con un máximo de tres ciclos. Los embriones no transferidos deberán ser preservados, para un ciclo posterior. Establece que se conservarán “teniendo en cuenta su viabilidad”, pero eso quedará sujeto a la reglamentación posterior. (En España la legislación obliga a conservarlos por cinco años). La ley prohíbe la investigación o experimentación científica con los embriones. Permite la donación de gametos, pero no genera vínculo filiatorio entre el donante y el nacido. Admite el llamado “alquiler de vientre” si la mujer padece una enfermedad que le impida gestar. En ese caso podrá acordar con su hermana o hermana de su pareja la implantación y gestación del embrión propio.

“No es frecuente, pero pasa”

médico. El doctor Alejandro Bozzolo, quien dirige el Servicio de Esterilidad y Fecundación de la Asociación Española, condenada por la Justicia, explicó a El Observador, que “no es frecuente que se pierdan embriones, pero pasa”.

Si bien el profesional aseguró que lo que les sucedió en este caso no volvió a ocurrir, admitió que en el procedimiento de implante “hay una cantidad de embriones que se pierden, igual que se pierden los embarazos”, señaló.

Bozzolo dijo que generalmente ocurre en el momento de la congelación y decongelación porque es el momento más delicado. Agregó este tipo de situaciones no llaman tanto la atención en ámbitos médicos.

Bozzolo afirmó que en aquel momento además, el congelamiento se realizaba con una máquina y podía fallar circunstancialmente. “El procedimiento con la máquina llevaba 40 minutos. Hoy es más seguro”, dijo. Añadió que actualmente pasan de una sustancia a otra y se conservan a menos 170 grados, que es la temperatura que tiene el nitrógeno líquido.

El médico explicó que en la clínica de la Asociación Española conservan entre 200 y 300 embriones. De hecho, sostuvo que a una paciente se le realizó un procedimiento con embriones que llevaban 7 años congelados y aseguró que tienen embriones que llevan 12 y 14 años congelados. Aseguró que los consideran seres vivos y “jamás se descartan”, incluso aunque los pacientes no los reclamen.