Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Un retrato esmerado del argentino que se convirtió en el Papa

EL PAÍS |

Era probablemente un libro inevitable. Tras su elección como papa Francisco, Vergara reeditó “El jesuita”, un libro-reportaje que los periodistas Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti realizaron en 2010 al entonces cardenal Jorge Bergoglio.

Los cambios con respecto a la edición original son mínimos: le agregaron un subtítulo ( La historia de Francisco, el Papa argentino), cambiaron la foto de tapa para presentar a su personaje con vestiduras papales. Pero la sustancia del libro sigue siendo la misma, y sigue siendo vigente.

Los autores (un argentino, una italiana periodista de la agencia Ansa) realizaron una serie de entrevistas a Bergoglio, en cada una de las cuales se propusieron interrogarlo sobre un tema específico aunque el personaje se les escapa a veces del libreto. Se trata claramente de un trabajo “empático” con su entrevistado, escrito desde la admiración y el respeto, y tal vez pensado también como réplica a la campaña de desprestigio que un sector de la izquierda argentina (encabezada por el periodista Horacio Verbitsky, algunas de cuyas afirmaciones se reproducen en el libro aunque su nombre no se estampe nunca) llevó adelante durante bastante tiempo contra Bergoglio, y que sectores afines al gobierno argentino resucitaron durante cinco minutos después de la designación del personaje como Papa hasta que llegó de muy arriba un lineazo en sentido contrario.

De todos modos esa polémica, y en especial lo que tiene que ver con los vínculos de Bergoglio con la dictadura argentina ocupan solo una parte pequeña del libro, y ponen las cosas en su sitio: hay demasiados testimonios de inobjetables defensores de los derechos humanos que defienden al Papa en lugar de atacarlo. Y a los autores les importan por cierto muchas otras cosas.

Está la evocación de la niñez y juventud del personaje, el surgimiento de su vocación religiosa, el recuerdo de familiares y sacerdotes que influyeron a lo largo de su vida. Está la mirada de un hombre sereno y atento a su entorno, capaz de emitir casi siempre un juicio ponderado y con fundamento, que evita las controversias infructuosas (ese “país de las antinomias” del que tantos argentinos sensatos se quejan) y prefiere tender puentes, proponer cosas, matizar cada vez que se le presenta un problema en términos de blanco y negro. Incluso cuando se lo enfrenta a temas ríspidos (las complicidades eclesiásticas con la dictadura militar) señala que hubo gente de un lado, del otro y en el medio, y proporcionan algunos ejemplos concretos.

Con toda deliberación, Bergoglio esquiva hablar de su juvenil militancia peronista, y tampoco quiere que lo presenten como “el jerarca eclesiástico que enfrentó a los Kirchner”. Esas son etiquetas que otros le ponen, pero se esfuerza en sacárselas de encima. Lo suyo es el diálogo, acercar posiciones, buscar la parte de verdad que pueda haber en el error propio o ajeno. Buen jesuita, es además un tipo culto: es capaz de citar con fundamento desde Borges a La fiesta de Babette.

Los autores han hecho un buen trabajo al proporcionar un retrato cercano y cálido de su personaje. Como complemento, resulta particularmente interesante el último capítulo, que abandona el formato de reportaje para incorporar un ensayo del propio Bergoglio acerca de la Argentina, contemplada a través de una interpretación del Martín Fierro.

Ahí hay un competente crítico literario, y un sociólogo con buena vista y atención a los detalles.