Iglesia al día

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La Iglesia en los medios Un rabino habla con Jesús

EL OBSERVADOR |

POR CARLOS LOAIZA KEEL ES MÁSTER EN TRIBUTACIÓN Y MÁSTER EXECUTIVE EN DERECHO EMPRESARIAL (HARVARD LAW SCHOOL-CENTRO EUROPEO DE ESTUDIOS GARRIGUES); PROFESOR DE TRIBUTACIÓN INTERNACIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE MONTEVIDEO @CLOAIZAKEEL

Solo podemos discutir si nos tomamos mutuamente en serio. Pero solo podemos entrar en diálogo si tenemos consideración por nosotros mismos y por los otros. En estas páginas trato a Jesús con respeto, pero tengo también la intención de discutir con él sobre las cosas que dice”.

Así comienza el epílogo de la edición española del profundo y lúcido libro del rabino Jacob Neusner, A rabbi talks with Jesus (Encuentro, Madrid, 2008), escrito como un aporte complementario a la “busca de la verdad teológica”, luego de que, en el primer volumen de Jesús de Nazaret, el mismo Benedicto XVI abrevara en varias ocasiones en las páginas del libro de Neusner para reafirmar su visión cristológica.

Un libro en el que el propio Neusner confiesa desde el comienzo “con toda franqueza y sin complejos por qué, si hubiera vivido en Israel en el siglo I, no (se) habría adherido al círculo de los discípulos de Jesús”, sin proponerse por ello que los cristianos revisen sus convicciones, sino todo lo contrario, procurando que sigan todos los días encontrándose con “la legión de razones que tienen para creer en Jesucristo”, siendo a fin de cuentas mejores cristianos. Es la misma actitud que rezuman los célebres diálogos epistolares mantenidos por Umberto Eco y el recientemente fallecido -y genial- Carlo María Martini, publicados en 1996 (In cosa crede chi non crede?, Atlantide).

Pues en nuestros días la discusión no es vana, mucho menos cuando Uruguay se encuentra una vez más embarcado en una loable agenda progresista, que exige un debate realista sobre los aspectos más relevantes de la circunstancia humana. Un debate en el que, ante todo, debe dejarse a un lado la hipocresía y la rigidez, y proponerse un diálogo genuino.

A este diálogo hace una rica aportación, desde hace ya varios años, otro judío practicante como Neusner, el profesor de la New York University, Joseph Weiler. Investido como doctor honoris causa por la Universidad de Navarra en 2011, hijo de un rabino polaco y padre de cinco hijos, a Weiler le gusta autodefinirse como un “judío errante”. Y con justicia, no puede negarse. Nacido en Sudáfrica, criado en Israel y formado en Inglaterra e Italia, reside hoy en Nueva York, donde puede vérsele en ocasiones paseando en las inmediaciones de la encantadora Washington Square… cuando no se encuentra de viaje.

Más allá de su extensa dedicación científica al constitucionalismo europeo, Weiler saltó a la fama cuando llevó adelante -pro bono- ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos el famoso caso Lautsi, defendiendo el derecho de Italia de mantener los crucifijos en las escuelas públicas.

Weiler tuvo éxito, sin dudas, pero la pregunta es cómo. Él mismo lo explica en reciente entrevista concedida a mi gran amigo Ricardo Calleja, doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y experto en los trabajos de Weiler, publicada en El Confidencial el 27 de octubre pasado: “Persuadí a los magistrados de que los valores de pluralismo y tolerancia en este caso favorecían la posición italiana. En Europa existe el modelo francés de laicidad. Pero más de la mitad de la población de Europa vive en Estados cuyos símbolos constitucionales y aún el texto de su norma fundamental incluyen una referencia a Dios e incluso una referencia explícita al cristianismo”.

Porque, aunque el mismo Weiler reconozca que “la emancipación de los judíos en Europa comenzó con la revolución francesa”, también se encarga de propinar un severo golpe al laicismo hostil imperante en las sociedades occidentales de nuestros días: “La laicidad puede ser una opción noble, cuando no se convierte en una antireligión disfrazada”. Y para describir esta distorsión, y dejar en evidencia que la laicidad como “laicismo” está lejos de ser neutral, propone un sencillo dilema: “Yo ofrezco dos opciones, y que el lector elija la que le parezca más neutral. En Francia y en Italia el Estado es neutraly por eso no financia con dinero público las escuelas vinculadas a las confesiones religiosas. En Holanda y en Inglaterra el Estado es neutral en materia religiosa y por esa misma razón financia tanto escuelas confesionales como escuelas laicas… Yo tengo clara mi preferencia”.

Weiler, como Neusner, Eco o Martini, apuesta por un diálogo genuino. Uno en el que quienes dialogan sí están dispuestos a dejarse convencer por el otro, bajo el entendido de que, al decir de Hans Urs Von Balthasar, “la verdad es sinfónica” (La verdad es sinfónica: aspectos del pluralismo cristiano, Encuentro, Madrid, 1979), pero no por ello renuncian a sus creencias ni caen en un relativismo moral autodestructivo.

Porque el mal principal de nuestros días, vencido el autoritarismo, es, precisamente, la ausencia de sentido y la más patética desorientación, no menos intransigente en su necedad. Una realidad que, para variar, Ortega y Gasset supo prever hace ya muchos años con su mente preclara. Así lo decía en las primeras palabras de un discurso pronunciado en 1933, recogido más tarde por Julián Marías: “No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa”.