Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Un día para la historia con cuatro papas

EL PAÍS |

CANONIZACIONES DE JUAN XXIII Y JUAN PABLO II

La Iglesia Católica vive hoy una jornada que quedará en la historia: los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II fueron canonizados en una ceremonia con la presencia de Francisco y Benedicto XVI. Un millón de personas llegaron a Roma para el acontecimiento.

A las imágenes de los tres pontífices se agrega la del papa emérito Benedicto XVI. EFE

ROMA | EFE, ANSA Y AFP27 abr 2014

El papa Francisco proclamó este domingo santos a los pontífices Juan Pablo II y Juan XXIII, ante una multitud congregada en la plaza de San Pedro.

“Declaramos y definimos a los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II santos y los inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los Santos”, fue la fórmula pronunciada en latín por el papa, tras lo cual la muchedumbre estalló en aplausos.

La ceremonia que tiene repercusión mundial -con una audiencia por televisión de 2.000 millones de personas en todo el planeta- comenzó a las 5:00, hora uruguaya de hoy, y fue encabezada por Francisco, quien invitó a Benedicto XVI, cuya presencia fue confirmada, primero por el presidente de la Obra Romana de Peregrinaciones (ORP), Liberio Andreatta, quien destacó que en la Plaza de San Pedro “habrá dos Papas vivos y dos Papas santos”, y ayer por el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, quien informó que el Papa Emérito aceptó la invitación y “será concelebrante de la misa, lo que no quiere decir que vaya al altar”.

Si no puede ver el video, haga click aquí

Benedicto XVI ya había estado presente en la basílica de San Pedro en la ceremonia de Consistorio realizada el 22 de febrero pasado que, sin embargo, no era una misa.

La basílica vaticana permanece abierta hoy, hasta las 15:00 horas de Uruguay, para que los fieles visiten las tumbas de los dos papas santos.

Además de la ceremonia central, el único acto que ha sido programado es la “Noche de oración” que se celebrará en once iglesias de Roma, donde los fieles están invitados a rezar y confesarse.

Mañana lunes, en la misma Plaza San Pedro, el cardenal arcipreste de la basílica de San Pedro, Angelo Comastri, celebrará una Misa de agradecimiento por las canonizaciones.

La enorme repercusión de la ceremonia de hoy queda confirmada por la presencia de delegaciones de 90 países, además de representantes de las instituciones y organismos internacionales como la Unión Europea.

Contando los primeros ministros, las delegaciones con el máximo nivel de representación son 35, y las otras las encabezan ministros, embajadores y otras personalidades. No se cursaron invitaciones, debido a que todos son bienvenidos.

Juan XXIII (fue Papa de 1958 a 1963) y Juan Pablo II (1978 a 2005) subirán definitivamente a los altares de la Iglesia Católica como santos tras un reglado proceso de canonización definido por diversas particularidades. Los dos están tan próximos en el tiempo que sus causas se entrelazan, hasta el punto de que Juan Pablo II (Karol Wojtila) fue el encargado de decretar “las virtudes heróicas” y la beatificación de Juan XXIII (Angelo Roncalli).

No obstante, ambos pontífices, cuya bonhomía y carisma hizo que tras su deceso se solicitara su beatificación por aclamación, han atravesado en los últimos años un complejo proceso de canonización, que es el requisito ineludible para ser santo católico. Los dos Papas que son elevados a santos, tienen historias y desempeños con énfasis diferentes, aunque hay coincidencia en destacar los aspectos humanos de ambos y la magnitud de sus improntas en la historia de la Iglesia Católica.

Junto con Pío X, canonizado el 3 de septiembre de 1954, tres pontífices han sido proclamados santos en los últimos cien años.

Renovó.

Juan XXIII, elegido para ser un pontífice de transición, se convirtió en un Papa revolucionario para la Iglesia al convocar el Concilio Vaticano II y en el “Papa bueno” venerado por los fieles. Era oriundo de Sotto il Monte, en el norte de Italia, y nació en 1881 en el seno de una modesta familia campesina de Lombardía. Fue ordenado sacerdote en 1904, obispo en 1925, y cardenal y Patricarca de Venecia en 1953.

Durante la II Guerra Mundia, ayudó a salvar a miles de judíos de la persecución nazi en Hungría, lo que ha sido reconocido por importantes organizaciones judías.

“Era un hombre capaz de transmitir paz, una paz natural, serena, cordial, una paz que con su elección se manifestó al mundo entero”, señaló Francisco al hablar de Roncalli, de quien también destacó su espíritu dialogante y diplomático. Son muchas las características que ahora hacen que surjan comparaciones con el Papa Francisco, pues tras su elección en 1958, con 77 años, para suceder a Pío XII, modernizó la vida en el Vaticano, flexibilizando el protocolo y facilitando el contacto del pontífice con la realidad cotidiana.

Renovó el Colegio Cardenalicio al incluir representantes de zonas del mundo tradicionalmente ausentes e intensificó las relaciones diplomáticas del papado con los líderes políticos mundiales, incluidos los soviéticos, por lo que contribuyó a reducir la tensión entre comunistas y cristianos.

Los biógrafos destacan cómo Juan XXIII ayudó a aliviar las tensas relaciones entre la Iglesia y el gobierno de Cuba.

Publicó ocho encíclicas, entre ellas Pacem in Terris (1963), la primera en la historia dirigida “a todos los hombres de buena voluntad” y no solo a los creyentes.

Dos meses después del inicio de su pontificado, convocó a todos los obispos del mundo a la celebración del Concilio Vaticano II, con la finalidad de promover la adaptación de la Iglesia a los nuevos tiempos y el acercamiento a las restantes religiones cristianas. Pero, para los fieles católicos, el “Papa bueno” fue aquel que se asomó por sorpresa el 11 de octubre de 1962, mientras se celebraba la apertura del Concilio y pronunció el famoso y poético “Discurso de la luna”, en el que exhortó: “Cuando vuelvan a vuestros hogares, vuestros niños estarán durmiendo: acarícienlos sin despertarles y explínquenles después que era la caricia del Papa”.

El 3 de junio de 1963, poco después de iniciarse el Concilio, Juan XXIII falleció tras una larga enfermedad, sin conocer los resultados de la asamblea que marcó el camino de la nueva Iglesia Católica.

Como en el caso de Juan Pablo II, la muerte de Roncalli estuvo acompañada de un intenso fervor popular que pedía su proclamación como santo. Su causa de canonización no avanzó hasta la llegada del actual Papa.

El postulador de la causa para la santificación de Juan XXIII, el capuchino Giovangiuseppe Califano dijo que Angelo Roncalli “conocía muy bien sus defectos, como que era muy aprensivo, pero conseguía vencerlos con autoironía”.

A su vez, Marco Roncalli -sobrino del Papa, biógrafo y autor de varios libros sobre él- indicó que en una de las conversaciones con el histórico secretario de su tío abuelo, Loris Capovilla, éste le confió que para él esta canonización no era más que “la confirmación de todo lo que vio durante todos esos años: una santidad cotidiana y en una total normalidad”.

Clave.

Juan Pablo II, el otro papa que será santo, se ha convertido en una de las personalidades decisivas de las últimas décadas con influencia tanto entre los fieles católicos como en la geopolítica mundial. Karol Wojtila, el primer pontífice no italiano desde la elección del holandés Adriano VI en 1522, nació en Wadowice, en el sur de Polonia, en el seno de una familia humilde. Durante su pontificado, el más largo del siglo XX, se publicó el nuevo Catecismo Universal de la Iglesia (1992), se reconoció el Estado Palestino y en 1994 el Vaticano estableció relaciones diplomáticas con Israel.

Sufrió la opresión y persecución del nazismo, y fue nombrado arzobispo de Cracovia en 1963 y Cardenal en 1967, habiendo participado del Concilio Vaticano II hasta su clausura en 1967. Tras el fallecimiento repentino de Juan Pablo I, Wojtyla fue elegido sucesor con el nombre de Juan Pablo II, a los 58 años de edad. Fue el pontífice más joven del siglo XX.

Eligió para su pontificado el lema Totus tuus ego sum (Todo tuyo soy yo), una frase que le acompañó durante sus años al frente de la Santa Sede.

Preocupado por la renovación de la iglesia y paladín de la familia, defendió el valor de la vida, criticó los métodos anticonceptivos, el divorcio, el aborto, la eutanasia y los experimentos destinadoa a la clonación humana.

El 13 de mayo de 1981 salió con vida de un atentado perpetrado en Roma por el joven turco Ali Agca, a quien posteriormente perdonó.

Realizó más viajes que cualquiera de sus antecesores y prestó atención especial a los jóvenes, pues fundó las Jornadas Mundiales de la Juventud, que reúnen multitudes, con la idea de acercar la Iglesia y formar en la fe a toda una generación de cristianos desde la cuna. Falleció el 2 de abril de 2005 en su Palacio del Vaticano y fue sepultado el 8 de abril en las Grutas Vaticanas, a pocos metros de la tumba del apóstol San Pedro. El 1° de mayo de 2011, fecha de su beatificación, fue trasladado a la capilla de San Sebastián, en el citado templo vaticano.

El postulador de Wojtila, Slawomir Oder, sostuvo que “Juan Pablo II es un punto de referencia para todos y sobre todo por su recorrido humano tan rico, pues en la vida fue estudiante, obrero, actor, poeta y tuvo trazos de santidad en toda su vida”.

A su vez, el Papa Francisco expresó su felicidad de proclamar la santidad de Wojtila “por su servicio sin descanso, por su su guía espiritual y por haber introducido a la Iglesia en el tercer milenio de la fe y por su extraordinario testimonio de santidad”. Consideró que “abrió la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos a Cristo interviniendo con la fuerza de un gigante. Una fuerza que le llegaba a Dios”.

La mayoría de las beatificaciones y canonizaciones duran en promedio entre 30 y 50 años.

En esta jornada, el mundo es testigo de dos canonizaciones extraordinarias que darán a los católicos de todo el mundo dos nuevos santos a quienes venerar, dos hombres con los que aún hay generaciones que han convivido.