Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios “Todos somos Dios, una partícula del creador”

EL OBSERVADOR |

El intérprete presenta la semana que viene Dios mío en el Teatro Solís, obra en la que la deidad hace terapia; conversó con El Observador acerca de la trama y su plan de instalarse dos meses en Montevideo

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, repetía Héctor Panigasi en Gasoleros, tira de Pol-ka de los años 90, en la que Juan Leyrado ponía piel a ese mecánico que se erigía como representante del costumbrismo de la clase media porteña. Hay algo de aquella cualidad entrañable que hacía querible a Panigasi que se refleja en Leyrado, al mismo tiempo que el actor se revela por momentos más adusto, como uno se imagina que podría ser el personaje que del viernes 5 al domingo 7 de setiembre, el argentino presentará en el Teatro Solís: Dios.

El intérprete estuvo en Montevideo durante un día para promocionar Dios mío, la obra de la autora israelí, fallecida en 2012, Ana Gov, y que interpretará junto a Thelma Biral, en versión de Jorge Schussheim y con dirección de Lía Jelín. Se trata de un texto cargado de humor en el que la deidad opta por ir a hacer terapia con una psicóloga, que es madre soltera de un hijo autista, para conversar sobre sus dilemas existenciales. La obra, que se encuentra de gira por Argentina y también se presentará en Chile, ganó el premio Estrella de Mar 2014 a mejor comedia dramática.

No es la primera vez que Leyrado se sube a las tablas montevideanas, ya que en el pasado presentó Baraka, Los mosqueteros, y La señorita de Tacna, junto a Norma Aleandro.

El ganador de dos Martín Fierro, que el año pasado tuvo una notoria participación en el filme Vino para robar, junto a Daniel Hendler ( con quien también trabajó en Graduados), recibió a El Observador en el hotel Esplendor. El actor, de 62 años, adelantó que a partir de setiembre se instalará durante dos meses y medio en Montevideo para protagonizar Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, en el teatro El Tinglado.

¿Cómo es interpretar a Dios?

No es fácil, es un recorrido interior, viendo adentro mío qué cosas me unen y qué es en definitiva, para mí, Dios. Entonces hago mucho hincapié en el trabajo corporal, haciendo un Dios que se hace chiquitito y grande según lo que le toca pasar, porque en la palabra, Dios se las puede arreglar porque tiene buena labia.

Si usted fuera Dios, ¿cómo se sentiría?

Creo que todos somos Dios, una partícula del creador, después cada uno le pone una religión. Desde esa mínima partícula también iría a análisis, como voy, y trataría de entender de qué se trata esa involución del género humano que está empecinado en autodestruirse. Me lo pregunto todos los días. Y ver también cuál es mi responsabilidad, porque todos tenemos una, pequeñita, como lo pequeñitos que somos.

¿Cree en Dios?

Sí, creo en ese poder, en toda esa energía que nos puebla, no en un ser que baja con barba. ¿Qué pertinencia cree que tiene esta obra en el contexto de lo que está sucediendo en Gaza?

No es una obra religiosa, ni política ni filosófica. No sé si hubiera hecho una obra que baja una línea determinada, porque en realidad se está hablando de Dios, no de las religiones. Las religiones fueron creadas por los hombres para estar juntos y rezar en torno a una imagen que conciben como Dios.

¿Qué le cambió al hacer esta obra?

Me hizo sentir más empatía con el universo, estamos un poco distraídos de la importancia del cosmos y de Dios. Estamos mirando televisión o con el Ipad, como si eso fuera lo importante, y al final nos damos cuenta de que nos estamos destruyendo.

¿Cómo ve el tema de la militancia política de los actores en Argentina?

No es en Argentina, es en el mundo. Los actores somos ciudadanos, comemos, hacemos pis, nos casamos, tenemos ideas y si un médico puede opinar de política, por qué no un actor, que es un ciudadano. Me parece muy extraño cuando aparece eso como algo nuevo. Además tenemos la posibilidad en democracia de decir lo que pensamos.

¿Pero esto no se ha acentuado en los últimos tiempos?

Porque a algún medio le interesa decir que un actor vota a tal o cual, porque en el medio tiene importancia un partido. Somos parte de una sociedad de consumo, donde se consumen personas, panchos o autos.

Pero en otros gobiernos no era tan común ver a actores haciendo un homenaje… (Leyrado contesta antes de que la periodista termine la pregunta, que se refería al video en el que participó en 2013 en homenaje a Néstor Kirchner).

Lo que pasa es que en otros gobiernos, que no eran gobiernos, existieron los militares. Los militares fueron una casta que, como en este país y otros, ha torturado, hecho desaparecer gente y demás. Me parece que si en este momento nos sorprendemos es porque hay algunas mentalidades que les parece loco que uno opine de política.

¿Cuáles son sus próximos proyectos? Voy a estar trabajando afortunadamente en Montevideo dos meses y medio para hacer una gran obra de Ibsen que se llama Un enemigo del pueblo. La voy a hacer con el teatro El Tinglado, todo con elenco de Uruguay; interpreto al doctor Stockmann, el protagónico. El proyecto me entusiasma porque El Tinglado es un teatro independiente, que es casi como yo empecé. Y me parece bárbaro ya que tengo el tiempo, la convocatoria me gustó y tengo ganas de trabajar con gente que insiste con esto de que el teatro no solo tiene que estar en las grandes esferas, sino que también puede estar en los teatros pequeños. Dirige José María Novo y el productor es Ignacio Novo. En setiembre ya me instalo.

¿Ya había estado tanto tiempo en Uruguay?

No, pero tengo ganas, me encanta Montevideo, la gente. Es más sanita que Buenos Aires. Tengo el tiempo porque justo terminamos la gira de Dios mío y retomamos la obra en Buenos Aires en la calle Corrientes en enero. O sea que tengo octubre y noviembre para estar acá.

¿Se ve viviendo en Montevideo?

Me veo no viviendo en muchos lugares, pero en Montevideo no me veo no viviendo. Es fantástico. Para ir de casa, en Palermo, a la General Paz tardo más que en venir acá.

Pasados los 60 años, ¿ha cambiado su visión de la vida?

Me he hecho un poco más amable y menos terminante.¿Era más intolerante?

Sí. Un poco de intolerancia uno necesita para ubicarse en esta confusión de la vida. Después bueno, ya está, se te abren más los oídos, si aprendiste algo sos un poquito más sabio y sabés que no podés cambiar al otro. l

Días

Viernes 5 y sábado 6 de setiembre, a la hora 21, y domingo 7 a las 18. De $ 500 a $ 1.250