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Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2020)

La Iglesia en los medios Sturla: «El problema principal del país es espiritual y no lo resuelve ningún candidato»

EL PAÍS |
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Daniel Sturla, cardenal y arzobispo de Montevideo.

La enorme Catedral Metropolitana está casi vacía un jueves a media mañana. El cardenal y arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, entra a la nave principal y señala una cantidad de sillas con tapizado rojo esparcidas cerca del altar. “Esas sillas son de los constituyentes de 1830”, explica, en la previa de la Misa de San Felipe y Santiago. De pronto lo llaman con gestos casi desesperados dos personas que justo habían entrado a la iglesia. Sturla camina unos metros, se acerca, habla un rato y, al regresar, cuenta que “querían una bendición”.

El cardenal atraviesa una puerta que comunica la iglesia con el edificio del Arzobispado. Camina por un pasillo donde están las tumbas de los monseñores José Gottardi y Carlos Partelli. “Ahí va a estar mi tumba”, dice Sturla y señala sonriente una esquina. El viejo edificio, que tiene casi 100 años de antigüedad, es casi laberíntico. El cardenal sube una escalera, cruza los dormitorios donde él vive con otros sacerdotes, pasa por un comedor (“miren que hoy no vengo a almorzar”, avisa) y entra a su despacho. Pide perdón porque las cosas están algo desordenadas y retira algunos papeles de encima de la mesa.

Una gran cruz cuelga de su cuello. Sturla -que en julio cumplirá 60 años- se sienta en su sillón, ese que está reservado siempre para él. Invita con café, refrescos y chocolate. Por estos días hay un tema que le obsesiona: la misión Casa de Todos, que se lanzó hace unos días y se propone acercar a la Iglesia a quienes se han alejado.

-¿Por qué inician esta misión?

-Porque hay una realidad. Un 40% de los montevideanos se dicen católicos, pero la participación asidua domingo a domingo es de 2% o 3%. Si miramos solo los católicos, un 5% participa de la misa de los domingos en Montevideo. Estamos hablando de unas 40.000 personas.

-Parece muy poco.

-Queremos que haya más católicos que participen de la vida de la Iglesia. Si no hay una vida activa católica, se va disminuyendo la vida de fe, que es lo que nos interesa. Que la gente viva la alegría de ser cristiano.

-Hace pocos días El País publicó los últimos datos del Latinobarómetro, que indican que solo uno de cada tres uruguayos (33%) responde que su fe es la católica. Es el mínimo histórico. ¿Por qué Uruguay tiene una realidad tan distinta a la de otros países de la región?

-Uruguay vivió un proceso muy temprano y muy eficaz de secularización. Fue un proceso fuerte y duro.

«La Iglesia no puede cambiar el Evangelio para quedar bien con el mundo de hoy»

-¿De qué año estamos hablando?

-Allá por 1860. La secularización encontró una Iglesia que no era muy fuerte, recién se estaba organizando. Pensemos un dato: hay obispos en América Latina desde hace 500 años. En Uruguay desde hace 150. El ejemplo que llama más la atención en el exterior es la secularización del calendario: hablar de Semana de Turismo, Día de la Familia y Día de los Niños, es una originalidad uruguaya. Eso caló muy hondo en el uruguayo medio, en un contexto en el que en todo Occidente la Iglesia católica pierde adhesiones porque muchos optan por el agnosticismo o el ateísmo pero muchos más -y eso es lo que crece acá- por decir “creo en algo pero no pertenezco a ninguna religión”. En Uruguay crece mucho el creyente sin iglesia. En otros países baja el número de católicos y crece el número de evangélicos o pentecostales. Acá no.

-Sin embargo, ha habido una inversión muy fuerte de las iglesias llamadas neopentecostales.

-Sí, pero no tienen el éxito de otros países. Si uno va a los datos estadísticos, el total de adherentes a otras iglesias cristianas no pasa del 12% o 13%. Es un número que crece levemente y no explosivamente, como en Brasil, por ejemplo.

-¿Pero hay una autocrítica de la Iglesia? ¿Se preguntan qué han hecho mal?

-Por supuesto. En Uruguay nos quedamos en el rincón católico. El Papa habla de una iglesia en salida, es lo que queremos vivir acá. Por eso la misión Casa de Todos. Tenemos que salir a la calle, visitar las casas y anunciar el Evangelio.

-¿Ya están visitando las casas de familia?

-Se han visitado hospitales, hemos estado en los semáforos, en el Borro visitamos casas. El 9, 10 y 11 de mayo habrá encuentros en unas 40 parroquias.

-Volviendo a la gente que se ha alejado de la Iglesia, da la impresión que no ha habido un aggiornamento de la Iglesia en algunos aspectos. ¿Qué opina?

-No coincido. Hace 50 años la Iglesia hizo un aggiornamento enorme en el Concilio Vaticano II y el resultado no fue más gente en la Iglesia. Al contrario, hubo un bajón. Aggiornarse es una palabra eclesial, de hecho. Lo importante para la Iglesia es ser fiel a Jesucristo y el Evangelio y es cuando la Iglesia se hace atractiva. No cuando se quiere poner a la moda.

-En una encuesta de Equipos Consultores, que ustedes mismos han encargado, se pregunta por qué se han alejado los fieles. Y se menciona entre otras razones que ciertas posturas personales con fuerte influencia del entorno social (como el aborto, el casamiento homosexual y la ideología de género) producen y refuerzan el alejamiento de la institución. ¿No es un error posicionarse en forma tan firme en esos temas?

-La Iglesia no puede cambiar el Evangelio para quedar bien con el mundo de hoy. El tema es cómo a la gente de hoy la Iglesia le anuncia el Evangelio de siempre. Tenemos un ejemplo clásico: la misa y el sermón del cura. Si un cura sigue con un esquema de una predicación larga, sonó. Ni que decir las palabras que usa. Si hablamos chino eclesiástico… Ahí la Iglesia le ha errado y debe adecuarse. Pero una cosa es adecuar el lenguaje y otra el mensaje. El mensaje es el mismo. Si es duro, es el mensaje de la Iglesia. Hay cosas que la Iglesia hoy comprende más que antes, como toda la sociedad.

-¿Por ejemplo?

-Temas referidos a la sexualidad, como la homosexualidad.

-Pero siguen condenando la homosexualidad de alguna manera.

-No, yo no digo condenando. La Iglesia sigue enseñando su doctrina, pero comprendiendo más las situaciones humanas diversas que se van presentando.

-Desde algunos sectores se plantea cada cierto tiempo por qué no se elimina el celibato, como en otras iglesias.

-Las iglesias que no tienen celibato, también tienen crisis de falta de vocaciones para los pastores. Es engañoso pensar que no hay curas por el celibato. En general no hay curas por dos motivos fundamentales: porque ha bajado la tasa de natalidad y las familias tienen menos hijos, y por la falta de fe.

-Hace poco los obispos emitieron un mensaje de cara a la campaña electoral. Sé que otras veces lo han hecho.

-Se hace al menos desde 1971.

-¿Por qué lo hacen?

-La Iglesia es partera de la patria. Tiene 400 años en estas tierras y Uruguay nació hace casi 200 años. Algo de autoridad tenemos para decir unas palabras que orientan a los católicos, pero que además sirven para poner algunos temas sobre el tapete. Tenemos todo el derecho y el deber de hacerlo.

-Armó revuelo la frase de la “colonización ideológica”. ¿Qué quisieron decir?

-Es una expresión del papa Francisco para referirse al tema de la ideología de género. Yo entiendo que puede sonar dura, pero el Papa la usa porque le consta que hay organismos internacionales que condicionan la ayuda a determinados países a que acepten ciertos programas.

-¿El mensaje fue algo así como “no voten al Frente Amplio, porque promueve ciertas ideas que otros partidos no”?

-Esa es una interpretación errónea. Me consta que hay gente católica trabajando en el Frente Amplio y buscan lo mejor para el país.

-¿A ustedes les preocupa en particular algún tema del país?

-El problema más grande de Uruguay no está en el debate electoral. Es espiritual, el sentido de la vida, y eso está reflejado en dos síntomas: la baja tasa de natalidad y el alto índice de suicidios, sobre todo juveniles. Eso tiene que ser una llamada de alerta a la sociedad: no lo soluciona ningún partido ni ningún candidato. Es un tema que debemos afrontar como sociedad y tiene hondas raíces espirituales.

-¿La inmigración que llega de otros países de América puede ser una solución?

-Tienen un aporte fantástico muchos de ellos y se integran a la vida de la iglesia. En otros países de América tienen un espíritu más de sobreponerse a las dificultades. Estuve en Haití al poco tiempo del terremoto. Hablando con misioneros me llamaba la atención la actitud de combate. Me decían: son sobrevivientes.

-¿Qué opina de la avanzada evangélica a nivel parlamentario en Uruguay?

-Que haya evangélicos diputados me parece fantástico, como hay católicos, masones y de otros colectivos.

-Le pregunto en concreto por el caso de pastores de iglesias…

-Sí. No me parece bueno o positivo que haya una identificación de una iglesia con un partido.

-¿En la Iglesia católica hay impedimentos para ingresar en la política partidaria?

-En Uruguay hubo constituyentes, diputados y senadores sacerdotes. Pero en este momento el código de derecho canónico prohíbe a los sacerdotes una actuación política pública. Hay que tener una dispensa especial para actuar en política.

-El papa Francisco ha visitado casi todos los países de la región, menos Uruguay y Argentina. ¿Cuándo vendrá aquí?

-No lo sé. La esperanza es que el año que viene, pasadas las elecciones, pueda venir. En año electoral no va a los países en proceso electoral y menos al suyo, donde lo han intentado utilizar. Pero entiendo que al mismo Francisco no le gusta que le pregunten por el tema. Es una decisión muy personal del Papa, que obviamente no puede venir a Uruguay si no va a Argentina. Es inviable.

-Pero usted tiene esperanza de que venga en 2020.

-Tengo esperanza y punto. No tengo ni el más mínimo dato.

Abusos: una denuncia por “manoseos”

-¿Cómo vio el proceso de la Iglesia sobre abusos sexuales?

-Es tremendamente doloroso. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las víctimas son miembros de la Iglesia. Han sido chicos católicos, familias católicas las afectadas. Yo lo he vivido con mucho dolor y con mucha vergüenza y por eso he pedido perdón reiteradas veces. Gracias a Dios después del conjunto de casos que se hicieron públicos en 2016, ha habido casos esporádicos en el país.

-¿No hay denuncias nuevas? Ustedes tienen abierta una línea telefónica.

-El último caso que yo recibí fue a fin del año pasado, por un hecho cometido hace unos 30 años.

-¿Ese caso salió a la luz pública?

-No, no.

-¿Puede comentar más detalles?

-Bueno, fue un hecho sucedido en una institución católica, no por un sacerdote. Por un laico, una persona que trabajaba allí.

-¿Qué se hizo con esa denuncia?

-Se actuó según el protocolo y la persona fue sancionada por la Iglesia. La denuncia por manoseos la realizó un adulto. Como siempre, se invitó a hacer la denuncia ante la Justicia pero no lo hizo. El tema se procesó a nivel de las instituciones porque estaba prescripto civilmente. Pero no voy a dar más detalles.