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La Iglesia en los medios Sturla al Papa: la «ola de simpatía» que generó acercó a más uruguayos a la Iglesia

EL OBSERVADOR |

El arzobispo contó a El Observador los detalles de su viaje al Vaticano y su reunión con el Papa
+ Pablo Zanocchi @Zanocchi

© AFP Sturla recibe el palio de manos del papa Francisco

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Sturla recibe el palio de manos del papa Francisco

El día después de recibir de manos del papa Francisco el palio, símbolo que oficializa su cargo, el arzobispo de Montevideo, monseñor Daniel Sturla tuvo la oportunidad de compartir media hora en privado con el pontífice en el Palacio Apostólico.

Según relató a El Observador, se reunió en el escritorio de la residencia del papa, “un gran salón” del que no recuerda detalles porque no vio nada más que al papa, producto de los nervios que sintió en la mañana del lunes 30, cuando finalmente pudo concretar el encuentro que buscó “por todos los medios”.

“Serenate que tenemos tiempo”, le dijo Francisco a Sturla al comienzo de la reunión, ya que este le presentó varios temas de forma acelerada, en busca de aprovechar el tiempo de la preciada entrevista.

Una vez que terminó la charla de 30 minutos, Sturla comentó que se trató de un encuentro “cordial, ameno, sonriente” y que con Francisco tuvo una “empatía muy grande”.

Habló de la situación de la Iglesia en Uruguay, de la educación en el país, de la ley de la marihuana y de la visita del papa, que todavía no tiene fecha, pero se sabe será cuando visite Argentina.

Como buen futbolero que es, durante la ceremonia de entrega del palio el papa se acercó a saludar a Sturla y le dijo: “Pero che, ¡los eliminaron ayer!”, en referencia a la selección uruguaya y su eliminación del Mundial de fútbol.

Lo que sigue es el resumen de la entrevista que Sturla brindó a El Observador

¿Cómo fue la recepción del palio? ¿Cómo se sintió usted en esta ceremonia?
El domingo, en la Basílica de San Pedro, en una celebración muy solemne, como suelen ser las del Vaticano, recibí el palio junto con otros 23 arzobispos de distintas partes del mundo. Antes de la celebración el papa nos saludó uno por uno a los 24 arzobispos y después comenzó la celebración que fue muy bonita, con unos coros fantásticos. Había un coro de Rusia muy bueno, había muchísima gente y un clima muy bonito. Y también, el sermón del papa fue muy hermoso.

¿En qué consiste el momento que se ve en fotos, en el que usted se acerca a Francisco?
Ese momento fue muy lindo porque el palio en sí significa que el papa le entrega a uno la carga de ser pastor. El palio está hecho con lana de ovejas, y el significado es cargar sobre los hombros del arzobispo la oveja, del mismo modo que el buen pastor Jesús cargó las ovejas en las parábolas evangélicas. O sea que yo ahí sentí que me confirmaba el papa en la misión que me había dado como arzobispo de Montevideo.

Además el papa, de verdad, compartió una sonrisa muy particular conmigo, muy paterna. Fue un momento muy lindo. Hubo un contacto visual muy bonito y con mucha simpatía mutua.

En referencia al encuentro, ¿a los 24 arzobispos el papa les dio la oportunidad de reunirse en privado?
No. No sé a quiénes sí y quiénes no, pero no a todos.

¿Por qué cree que se le dio el privilegio a usted?
Creo que hay obviamente una simpatía muy particular del papa Francisco hacia el Uruguay, por la cercanía… El papa a mí no me conocía, salvo un saludo muy rápido en Río de Janeiro entre una cantidad de obispos. Yo anhelaba la entrevista y busqué por todos los medios que me la concedieran y el papa accedió, así que, bien.

¿Cuáles fueron los principales puntos que se tocaron en la misma?
Yo le hablé brevemente de lo que para mí significaba el llamado que me había hecho, al ser arzobispo de Montevideo. El saberme limitado pero también confiado que es un poco lo que él señaló en la homilía del día anterior. Después hablamos de la situación de la Iglesia en el Uruguay, de los seminaristas, de la vida religiosa, de lo que es la secularización tan grande que el Uruguay ha tenido y que el papa conoce. Y del tema educativo, tanto de la situación de la educación en el Uruguay como también de cómo acompañar a los colegios católicos para que tengan clara su identidad.

¿Qué impresiones y sentimientos se llevó de la reunión?
Fue un diálogo muy cordial, eso es lo primero, muy cordial. Se creó una empatía muy grande, el papa en todos los temas o me daba una breve opinión o me hacía alguna sugerencia, pero con mucho respeto por las cosas que yo le iba diciendo. Como estableciendo “seguí adelante con libertad”; eso para mí fue muy importante.

¿Hubo alguna decisión o alguna novedad concreta que se haya traído de la reunión?
Hubo algunos temas… De temas grandes podríamos decir que no. Hubo alguna reflexión sobre algunos temas más pequeños donde el papa me dio su opinión o su guía. Sí hablamos de la futura visita del papa a Uruguay, yo por supuesto le pedí y le dije que lo estamos esperando en Uruguay y él dijo que pensaba ir a Uruguay junto con su visita a Argentina y Chile, que todavía no tenía fecha fijada. Yo le dije 2016 y él me dijo “veremos”. Por supuesto hay un tema con el gobierno allí.

¿Se tocó por ejemplo el tema de la baja en la edad de imputabilidad y la postura que usted tiene y que de acuerdo a algunas declaraciones recientes, él al parecer comparte?
Ese tema en concreto no.

¿Por qué aclara que “en concreto, no”?
Porque hablamos del tema educativo y de lo que significaba en Uruguay en este momento la situación de la pobreza. Es decir, de la pobreza con respecto a lo educativo, hablamos del Liceo Jubilar brevemente, yo le dije que era una experiencia que se estaba multiplicando con otras, lo que al papa le alegró mucho, pero no hablamos concretamente de la baja en la edad.

Usted mencionó que se habló de la situación de la Iglesia en el Uruguay, ¿cuál fue el informe que dio y en qué consistió ese intercambio?
Yo le decía al santo padre que el gran drama de la Iglesia en Uruguay para mí tenía que ver con que la secularización había llegado a la gente más pobre, también, a diferencia de otros países de América, donde esto no se ha dado. Pero que también hay una apertura mucho mayor del Estado y de la sociedad uruguaya hacia la Iglesia en un proceso que para mí se viene dando desde el retorno de la democracia hasta ahora. Y cómo, en la ola de simpatía que el mismo papa a suscitado en el mundo y también en el Uruguay, ahí se ha dado en nuestro país también una onda de simpatía en estos meses hacia la Iglesia. Y las invitaciones que había recibido de distintos actores de la sociedad. El contacto que he tenido también con el presidente, el PIT-CNT, la Cámara de Comercio, etcétera. Lo que yo creo que es un cambio positivo en el Uruguay.

¿El papa hizo algún comentario sobre Uruguay?
Toda la simpatía volcada del papa hacia el Uruguay fue clarísima a lo largo de toda la conversación. Hablamos de gente en común, gente que el papa conoce, uruguayos, de jesuitas uruguayos que él conoce que él conoce por ser compañeros de él. Hablamos del padre Gonzalo Aemilius que está en Roma.

¿Hubo algún otro tema relacionado al Uruguay del que hayan hablado?
Yo hablé del tema de lo que había pasado con la aprobación de la ley de la marihuana, y bien, el papa me escuchó lo que yo había opinado como contrario totalmente a lo que es las drogas. El papa tuvo una intervención hace poco sobre el tema y bien, por supuesto que estamos en absoluta sintonía. La Iglesia tiene una postura en todos los campos de defensa de la vida y especialmente de defensa de la vida de los más débiles, y en este sentido yo le explicaba al santo padre que, más allá de que sea efectiva o no (la ley), cosa que es muy dudosa, las intenciones que están detrás de la ley en cuanto al combate del narcotráfico y el intento por alejar a los más chicos de la pasta base, son positivas.

¿Eso él lo compartió?
El papa comprendió lo que yo le había dicho. Me dijo que el discernimiento concreto de lo que pasa en cada país corresponde a los pastores de cada país.

¿Se habló sobre la ley del aborto?
No.

¿Sobre la ley del matrimonio igualitario?
Tampoco.

¿El trato durante la reunión fue “de tú a tú”?
Del papa hacia mí sí, yo me dirigí hacia él como “santo padre” y “usted”.

Se conoce el gusto del papa por el fútbol, ¿le comentó algo sobre el Mundial?
No me comentó nada, pero el día anterior, cuando el saludo breve antes del palio, ahí me dijo: “Pero che, ¡los eliminaron ayer!”. Estaba al tanto. En ese día (el de la reunión), yo estaba un poco nervioso porque no quería robarle al papa tiempo porque atrás mío había más audiencias y después estaba el rey Felipe VI. Tanto que el papa en un momento me dijo: “Serenate y decime tranquilo”, porque yo al principio le iba diciendo rápidamente todo lo que le quería decir. Entonces yo no quería abrir más temas porque sabía que tenía otras audiencias. Por supuesto había otros temas que yo hubiera querido tocar y después él tocó otros temas pero más en privado.

¿En dónde fue la reunión?
En el Palacio Apostólico.

¿Cómo es el lugar?
Fue en el escritorio del papa, que es un gran salón. Si usted me pregunta cómo es ese salón, no tengo ni la menor idea porque no vi nada más que al papa.

¿Compartieron un té o un café o solo conversación?
No, fue media hora de conversación. El papa tenía una agenda cargadísima, cuando llegué tenía dos audiencias, después que yo me fui tenía dos audiencias más y después tenía al rey.

¿Quedaron en volverse a ver?
(Risas) No, supongo que la próxima vez que lo vuelva a ver será en Montevideo.