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" En esta noche resuena la voz de la Iglesia: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». Es otro “contagio”, que se transmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia. Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Sturla: «A veces me viene la tentación de ser ateo»

EL OBSERVADOR |

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El cardenal presidió la ceremonia del Domingo de Ramos y se refirió a los atentados contra dos iglesias en Egipto

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A.SARTOROTTI

«A veces me viene la tentación de ser ateo». Con esta frase comenzó el cardenal arzobispo de Montevideo Daniel Sturla la homilía de la misa del Domingo de Ramos, celebrada en la mañana de este domingo en la Catedral.

En la celebración, que conmemora la llegada de Jesús a Jerusalén horas antes de ser prendido para darle muerte, se da lectura a la Pasión del Señor. Con ella se da inicio a la Semana Santa para los cristianos.

Sturla se refirió a los atentados perpetrados este domingo contra dos iglesias cristianas coptas y señaló que muchas veces ante este tipo de hechos, le dice al Señor: «Qué macana que no soy ateo (…) Por qué permitiste qué pasara esto tan tremendo».

El cardenal señaló que este mismo sentimiento se apoderó de Jesús, cuando colgado de la cruz dijo: «¡Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado!».

«Pero frente a esto está la victoria de la fe, que precisamente no ve en esto tan tremendo que hemos escuchado (la Pasión y muertes de Jesús) una realidad absurda, sino el misterio de un amor sin medidas», dijo Sturla y agregó: «Yo creo en este amor de Dios que nos amó tan hasta el extremo, que el hijo de Dios hecho hombre llegó a experimentar en la cruz esa realidad que nosotros muchas veces podemos sentir en momentos de dificultad, dolor y angustia: ¿Dónde estás Dios mío?, ¿me abandonaste?».

El cardenal explicó que lo que lleva a Jesús a superar esa tentación es «su entrega confiada en los brazos de su padre (porque) sabe que no será defraudado».

«Creyendo en este amor sin medida de un Dios que se nos entrega totalmente en la cruz, toda la vida se nos vuelve a ordenar y aquello que podía parecer absurdo se nos vuelve entendible (…) Aún en aquellas cosas que no podemos comprender, nos invita a una confianza que no se deja disuadir», expresó.

Después de exponer su tentación, el cardenal terminó su homilía con la afirmación: «Sé que no seré defraudado».