Iglesia al día

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Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2020

La Iglesia en los medios Soy israelí-palestino, soy palestino-israelí [Opinión]

EL OBSERVADOR |

Por José Ramiro Podetti
Profesor de la Universidad de Montevideo y miembro de la Asociación Uruguaya de Estudios Internacionales, de la Sociedad Rodoniana y de la Asociación Alberto Methol-Ferré

Respeto el dolor de muchísimas familias israelíes y palestinas. Lo que voy a decir solo pretende ayudar, y si no lo logra será porque no encontré las palabras adecuadas. Sé que la mera expresión “israelí-palestino”, “palestino-israelí” puede resultar inaceptable para quienes hoy protagonizan la guerra y viven una herencia muy pesada de varias décadas de enfrentamiento. No pretendo pasar por alto las heridas terribles, ni las necesidades, ni los intereses de cada parte, porque entonces serían las palabras de un iluso profesor que habla desde el vacío de su propio discurso.

Con ese respeto, desde la convicción de que el camino del diálogo solo pueden construirlo israelíes y palestinos, quiero decir que hoy me siento un poco israelí-palestino, palestino-israelí. Aunque sea un católico sudamericano.

Me siento así desde mi mente pero también desde mi corazón. Son muchísimas las cosas que no entiendo de la política mundial, seguramente muchas más de las que creo entender; es lógico que así sea, porque retener la información necesaria para una comprensión razonable del mundo actual es muy difícil.

Y más todavía desprenderse de decenas o centenas de estereotipos que “piensan por mí”. ¿No debiera entonces más bien callarme?

Si no lo hago es por una certeza sencilla y clara: no quiero para mis hijos y nietos, ni para mis amigos, ni para mis alumnos y colegas, ni para mí, una vida en guerra. Entonces no la quiero para nadie. Por eso hoy me siento israelí-palestino, palestino-israelí.

Creo que el gesto de Shimon Peres y Mahmoud Abbas de viajar a Roma para rezar juntos con el papa Francisco no es un hecho irrelevante. La fe no es magia ni la oración una pócima que cambie la realidad como una fantasía.

Pero es, por de pronto, el reconocimiento de que solos no podemos. Es un llamado a la unión, con lo que está más allá de todos nosotros, y entre nosotros.

La oración de Mahmoud, Shimon y Francisco representa una posibilidad, un camino; no sustituye la voluntad necesaria para la paz, que se construye día a día, pero contribuye a ella.

Si muchos, en todo el mundo, pudiéramos sentirnos, auténticamente, aunque sea por un rato, israelíes y palestinos al mismo tiempo, tal vez acompañaríamos un poco, hasta donde podemos hacerlo, el gigantesco esfuerzo que israelíes y palestinos, palestinos e israelíes, deben hacer en este momento para reencontrar el camino del diálogo.

Quiero ser parte del abrazo del papa Francisco, el rabino Abraham Skorka y el dirigente islámico Omar Abboud al pie del Muro de los Lamentos. Quiero contribuir a que ese símbolo potentísimo –el abrazo de las tres religiones monoteístas– que crearon tres sudamericanos hace algunas semanas continúe en el tiempo.Si muchos judíos, musulmanes y cristianos, en todo el mundo, repitiéramos ese abrazo y rezáramos juntos, como si lo estuviéramos haciendo por nuestros hijos y nietos, nuestros padres, nuestros hermanos y amigos, les haríamos llegar a israelíes y palestinos, a palestinos e israelíes, nuestra proximidad con ellos en este durísimo momento que viven. Y en unión y simpatía con el gesto de Shimon, Mahmoud y Francisco en Roma, nuestra voluntad de acompañarlos, desde cualquier lugar del mundo, en la dificilísima tarea de restablecer el diálogo.