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Noticeu SOS Suicidios Juveniles: Reflexión de Mons. Pablo Galimberti

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Ante el crecimiento de la cruda realidad del suicidio en nuestro país, que afecta especialmente a los jóvenes, el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, plantea que sumar estrategias preventivas propuestas por expertos es una meta del trabajo, pero tratándose de vidas humanas, considera que hay que poner en marcha otros caminos, propuestas y sugerencias.

En las situaciones límite “todos deberíamos tener esos ‘ángeles´, personajes invisibles que en la Biblia acompañan en viajes o situaciones azarosas”, señala el Obispo en su columna semanal del Diario “Cambio”. Anima, asimismo a repasar “esos rostros confiables” que pueden ofrecer una ayuda o a preguntarse “si tomamos la iniciativa para acercarnos a alguien que no lo está pasando nada bien”.

 

 

SOS

Suicidios Juveniles

Mons. Pablo Galimberti

La noticia cruda es que el suicidio crece en nuestro país. La franja de riesgo más complicada son jóvenes entre 15 y 31 años. Expertos de la ONG “Resistiré” y de la Asociación Civil Dr. Enrique Morad, que han difundido esta información, pusieron en marcha un plan preventivo en el Departamento de Maldonado, donde nació esta ONG.

Contagian optimismo. Consideran que el 90% de los casos de autoeliminación se podría rescatar. La franja de riesgo entre jóvenes oscila entre 15 y 31 años. En 2016 hubo 709 suicidios, lo cual arroja un promedio de dos por día.

Sumar estrategias preventivas es una meta del trabajo. Parece lógico convocar a muchos voluntarios. De lo  contrario la ONG se convertiría en un grupo de Bomberos para apagar incendios. Pero tratándose de vidas humanas hay que poner en marcha otros caminos, propuestas y sugerencias.

Las causas son múltiples y con incidencia diversa. Un amor que se truncó, la muerte de una persona entrañable que nos sostenía, un diagnóstico médico con pocas chances de recuperación, el fracaso que golpea a una persona psicológicamente débil, una culpa que avergüenza cuando toma estado público y cuesta digerir por la vía del perdón, etc. ¡Cuántas veces una frustración, por pequeña que sea, despierta el relámpago de desaparecer del mapa! Y cuántas veces un rostro, una sonrisa real o guardada en la memoria, una palabra mágica, un rostro, un relámpago de fe de nuestra infancia o adolescencia, vino en nuestra ayuda. ¿Casualidad? Prefiero llamar “Providencia” o la mano invisible de Dios que siempre está, aunque nosotros no estemos con El.

Recuerdo lo que me dijo un día un amigo ya fallecido, sacerdote italiano, que el día que se recibió de ingeniero le entregó el título al padre y le dijo: ahora seguiré la otra carrera a la que Dios me llama. Sus palabras fueron: el día que estés por abandonar el camino (se refería a la vocación sacerdotal pero bien podría aplicarse a otra situación límite, como el suicidio), tomáte el avión y vení que voy a estar esperándote. Este “último recurso” son personas “mágicas”, padre, madre, abuelos, amigos de verdad, sacerdote o referente espiritual….  O psicólogo o personas confiables fácilmente a mano. Todos deberíamos tener esos “ángeles”, personajes invisibles que en la Biblia acompañan en viajes o situaciones azarosas. Repasemos esos rostros confiables. O preguntémonos si tomamos la iniciativa para acercarnos a alguien que no lo está pasando nada bien.

La fotografía de las familias en nuestros días, donde se palpan ausencias, lejanías y distanciamientos, no favorecen la comunicación con buena dosis de empatía. La ausencia de la figura de padre se nota. Digo “figura” porque ese rol pueden cumplirlo también las madres, tantas veces jefas de hogar.

Cuenta el psiquiatra Viktor Frankl que en el campo de concentración muchas veces tuvo que tomar violentamente del brazo a compañeros que repentinamente intentaban tirarse contra la empalizada electrificada del campo. ¡Qué alivio poder tener cerca a un “Viktor Frankl” cercano en los momentos de locura!

La soledad vivida como desvinculación, el excesivo uso del celular o los largos ratos haciendo zapping ante el televisor, no contribuyen al cultivo de la salud mental y espiritual. Sirva como ejemplo cuando nos interrumpen para pedirnos un favor y nos brota una molestia que tratamos de disimular. Justo ahora, ¡en lo mejor del partido o la película!

Columna publicada en el Diario “Cambio” del viernes 18 de mayo de 2018