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La Iglesia en los medios Shaná Tová: miles de uruguayos celebran el Año Nuevo judío

EL PAÍS |

Miles de uruguayos comenzaron a celebrar en la noche de ayer, a la caída del sol, el año 5775 del calendario judío. Lo hicieron en diferentes partes del país y otros, en Israel. El deseo de un año «fructífero y dulce» vuelve a sonar en sus voces.

En sinagogas y casas de judíos ortodoxos, tradicionalistas y seculares, se inició ayer y continúa hasta mañana el festejo del Año Nuevo judío (Rosh Hashaná). La tradición conmemora la creación del ser humano, según el libro del Génesis, y abre un período de reflexión y expiación que finaliza en 10 jornadas, en el llamado Día del Perdón (Yom Kipur).

Celebración en familia. Foto: Marcelo Bonjour.

Se trata de una de las fechas que más une a la colectividad judía en Uruguay y que trasciende la religiosidad de sus integrantes. La celebración transcurre entre el día jueves y el viernes. Para los judíos, el día comienza en la víspera, con la salida de la primera estrella. Por ello, el nuevo año comenzó ayer al anochecer.

Shaná tová umetuká (fructífero y dulce año nuevo) es el saludo clásico que se pronuncia en estas fechas en Uruguay, al igual que en otras partes del mundo, desde hace miles de años.

«Empezamos el año 5775. Se trata de una cuenta tradicional y no científica que viene del Talmud, que es el libro de la tradición rabínica. Así como la cuenta del 2014 del calendario gregoriano refiere al nacimiento de Jesús, nuestra cuenta tradicional comienza con la creación del primer hombre y la primera mujer», dijo el rabino de la Nueva Congregación Israelita, Ariel Kleiner.

Explicó que el calendario judío es una combinación entre el calendario lunar y solar. Los meses van de acuerdo a la Luna. El mes comienza con la Luna nueva. «Pero esto se combina con el calendario solar, porque las actividades tienen que coincidir con temporadas del año. La Pascua judía tiene que coincidir con la primavera en el hemisferio norte».

El calendario judío tiene 12 meses y ciclos de 19 años en los que, en dos o tres ocasiones, se agrega un mes más para hacer que la Pascua siempre coincida con la primavera.

El rabino dijo que la impronta de esta fecha es «intercambiar los buenos deseos, desearnos un año bueno y dulce» y en especial «hacer un balance del alma».

«Es un trabajo introspectivo personal, que permite evaluarnos y mejorarnos, proponiéndonos nuevos objetivos para el año que comienza».

«Hay que aprovechar cuando se puede festejar», dijo sonriendo Kleiner al comentar que también celebra el Año Nuevo del 1° de enero.

«Una diferencia es que el 31 de diciembre, si caminamos por el Centro, vemos que hay gente tirando tacos de calendarios y las calles se llenan de papelitos. Nosotros agarramos el calendario y miramos en retrospectiva para reflexionar qué fue lo que hicimos», afirmó.

Para los religiosos, esta festividad es no laborable «con lo que eso implica en la tradición israelí», dijo Kleiner, quien ayer apagó su celular y no lo atenderá hasta la noche del viernes.
Comidas.

Manzanas y miel simbolizan la dulzura y son infaltables en las mesas familiares judías en estas fechas, como símbolo del deseo de un año «fructífero y dulce». Un clásico es el jalá -un pan redondo, con miel, pasas o chocolate- y platos sencillos elaborados con pescado o pollo con miel, y una copa de vino dulce. Es habitual colocar una cabeza de pescado en la mesa.

Un elemento tradicional de esta fecha es el shofar, un cuerno de carnero que se utiliza como instrumento musical. «El precepto más importante de estos días es escuchar en las mañanas del jueves y el viernes el sonido del shofar, tembloroso y agudo, que nos pueda sacudir y despertar en estos momentos de reflexión» y que se hace sonar en la sinagoga, dijo Kleiner.
Cifras.

El sociólogo Rafael Porzecanski, autor del libro El Uruguay judío, estimó que en el país hay unos 15.000 judíos, de los cuales aproximadamente el 50% cree en Dios (un 5% ultraortodoxos y un 15% con una importante religiosidad); el 30% son judíos seculares y otro 20% tiene poco contacto con su judaísmo. Hay unos 18.000 judíos uruguayos viviendo en Israel.

El Año Nuevo y el Día del Perdón son las jornadas en que mayor cantidad de gente practica los rituales tradicionales; lo hace el 80% aproximadamente, y buena parte del 20% que no lo hace coincide con el porcentaje que está en la periferia del judaísmo, expresó Porzecanski.

El sociólogo acotó que hubo tres grandes olas migratorias de judíos: una durante la década de 1970, al inicio de la dictadura; otra, durante la crisis de «la tablita» del año 1982, y la última a raíz de la crisis financiera del año 2002.

Si bien no hay datos oficiales, se estima que en la década de 1960 fue cuando hubo más judíos en Uruguay, unos 50.000.
El Papa y su vínculo con judíos argentinos

El miércoles 17 de septiembre, el papa Francisco recibió a una delegación del Congreso Judío Latinoamericano que lo visitó en la Casa de Santa Marta, en el Vaticano.

Sergio Gorzy, presidente del Comité Central Israelita del Uruguay, participó de ese encuentro y comentó que Francisco tiene una «conexión muy fuerte con la colectividad judía argentina desde mucho antes de su pontificado». Dijo que en Argentina el Papa celebraba el Año Nuevo judío con sus amigos de esa colectividad, quienes también celebraban la Navidad junto a él.

«Fue un encuentro muy emocionante. El papa Francisco se mostró muy humano», afirmó Gorzy a El País.

«Nos dijo que estamos asistiendo a la tercera Guerra Mundial y que los cristianos están siendo perseguidos en Medio Oriente. `Ustedes saben de eso, porque antes fueron ustedes los perseguidos y ahora somos nosotros`», añadió.

El Papa les dijo que «un cristiano no es buen cristiano si no reconoce sus raíces judías», lo que para Gorzy «habla de lo que es el pensamiento de la Iglesia católica hoy».

«Toda la charla fue en español, pero el Papa terminó el encuentro diciendo Shaná tová, en hebreo», recordó.