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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Sangre y muerte en Nicaragua

EL PAÍS |

Dos estudiantes mueren y 16 son heridos en asalto de fuerzas antimotines a una iglesia.

Ciudadanos reciben en la Catedral de Managua a  estudiantes que estuvieron sitiados en la universidad y después fueron atacados en una iglesia. Foto: AFP

Dos jóvenes muertos y 16 heridos dejó el asedio y ataque a balazos de fuerzas del gobierno de Nicaragua contra una iglesia en Managua, donde 200 estudiantes permanecieron atrincherados desde el viernes, en un repunte de la violencia que deja más de 350 muertos en tres meses de enfrentamientos.

Una muchedumbre se congregó ayer sábado en el patio de la Catedral Metropolitana de Managua para recibir como héroes a decenas de estudiantes universitarios que por intervención de la Iglesia fueron liberados del campus de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), donde durante unas 12 horas sufrieron el asedio de huestes armadas leales al presidente Daniel Ortega.

Las imágenes transmitidas por los jóvenes tras las barricadas mostraban a varios de ellos atendiendo a los heridos, al mismo tiempo que otros pedían auxilio. Al menos 60 de los estudiantes pudieron refugiarse en la parroquia Divina Misericordia, que linda con la universidad, y más tarde también fue atacada por las huestes de Ortega. El cardenal Leopoldo Brenes explicó que fueron diez horas intensas de negociaciones con el Gobierno para lograr la libertad de los jóvenes, que el sábado fueron trasladados en autobuses hasta la Catedral. El papel de la Iglesia ha sido clave en la crisis nicaragüense, que el hoy domingo cumple 89 días con un saldo de más de 350 muertos, según los organismos de derechos humanos.

Mientras la Universidad era atacada, el presidente Ortega realizaba un mitin partidario en Masaya, cuidad localizada a 40 kilómetros al sur de Managua y que ha sido fuertemente asediada por las turbas sandinistas. Ortega, atrincherado en el cuartel de la Policía local, hizo un llamado a la paz. “Invitamos a aquellos que tienen pensamientos políticos diferentes, a los productores y campesinos, las empresas, a la microempresa, a que tomemos el camino de la paz”, dijo el mandatario.

El ataque a la UNAN despertó las alertas en el país, dada la importancia de esta universidad, la mayor de Nicaragua. La Iglesia exigió nuevamente el cese de la represión.

Tensión: un manifestante acciona un mortero en las protestas. Foto: EFE
Inhumano.
El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, criticó con dureza la violencia desatada desde el Estado y en su cuenta de Twitter escribió que el Gobierno de Ortega “atraviesa el límite de lo inhumano y de lo inmoral”, calificó de “represión criminal” los actos contra los manifestantes en varias ciudades del país y exigió a la comunidad internacional que ponga más atención a lo que ocurre en Nicaragua. Tras 20 horas de terror bajo hostigamiento de fuerzas antimotines y paramilitares, Nicaragua respiró con alivio al ver salir de la UNAN la caravana encabezada por el cardenal Brenes y el representante del Vaticano en Managua, Waldemar Stanisaw Sommertag. Al llegar al patio de la Catedral una muchedumbre recibió como héroes a los estudiantes —que se veían delgados, ojerosos, algunos heridos y muy cansados—, mientras gritaban consignas contra Ortega. “¡Qué vivan los estudiantes!”, lanzaba una mujer mientras apretaba en sus manos un rosario.

Para los nicaragüenses, estos jóvenes levantados desde abril por la falta de libertad, oportunidades y contra los desmanes de 11 años de Gobierno sandinista, fueron la llama que sacudió el descontento general que hoy exige la salida del presidente Ortega del poder.

Los estudiantes estuvieron atrincherados en la UNAN durante dos meses. Habían tomado la universidad exigiendo el respeto a la autonomía universitaria violentada por Ortega, que desde que se posicionó en la presidencia en 2007, tomó el control de las universidades públicas del país. Los jóvenes levantaron barricadas en el campus y formaron “comandos” de protección armados apenas con bombas artesanales.

El Gobierno mantenía un asedio constante contra la universidad, pero el ataque certero se produjo el viernes, cuando un estudiante murió a causa de un disparo en la cabeza, mientras que otro falleció desangrado en una de las barricadas. El ataque se produjo por hombres encapuchados fuertemente armados, que según organizaciones de derechos humanos actuaron bajo la protección de la Policía Nacional.

En la universidad se atrincheraban unos 200 estudiantes, que respondieron con sus bombas artesanales. María Luisa Bascur, representante en Managua del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, hizo un llamamiento al Gobierno para que desmantele estos “elementos armados”. Bascur advirtió de que a la ONU le preocupa que haya represalias contra los jóvenes liberados el sábado, que ahora deberán regresar a sus casas o sitios de seguridad. “Hemos pedido seguridad, pero por desgracia aquí todos estamos corriendo riegos”, admitió el cardenal Brenes tras liberar a los estudiantes de la UNAN.

Una noche como filme de terror
“La noche fue horrible, como una película de terror”, comenta una estudiante que se identifica como Valeria y que ayer se convirtió en la voz de la tragedia estudiantil. Parapetada tras una barricada, envió por redes sociales un mensaje desesperado de socorro y se despidió de su madre convencida de que iba a morir asesinada por los paramilitares. “Solo mirábamos cómo venían las bombas trazadoras y veíamos los fusiles”, relató a EFE. “Nosotros mirábamos a los paramilitares y los tuvimos a unos 20 pasos, no eran nicaragüenses, ellos eran cubanos. Nosotros los vimos y los escuchamos hablar”, asegura y no puede borrar de su cabeza una de las amenazas que recibió: “Nos dijeron que nos van a cazar uno a uno”.

Entre sollozos, otro de los estudiantes dijo: “Creí que iba a morir. Pedí perdón a mis padres. Solo salí a defender mi patria. Yo amo a mi país”.

Un país estremecido por 89 días de protestas

Secretario de OEA, Luis Almagro. Foto: EFE
La crisis y situación de violencia que estremecen a Nicaragua —gobernada por Daniel Ortega, uno de las figuras de la izquierda en América Latina, y su señora Rosario Murillo, como vicepresidenta— estallaron hace 89 días como consecuencia de una reforma de la seguridad social que fue rechazada por la mayoría de los ciudadanos. Ante la fuerte oposición, Ortega retiró el proyecto de reforma, pero las manifestaciones continuaron contra el gobierno, debido a que amplios sectores de la sociedad consideran que no da respuesta a los problemas del país y actúa de manera autoritaria. Hubo numerosas protestas y se produjeron hechos de violencia que causron más de 350 muertos, indican organismos defensores de los derechos humanos.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro había pedido el viernes que se detuviera el ataque a la UNAN porque calificó de inadmisible el uso de las fuerza contra la universidad y reclamó proteger la vida de los estudiantes “Cualquier desalojo debe ser negociado”, dijo.

Asimismo, criticó con dureza al régimen y dijo que “Nicaragua es víctima de la represión y la violencia”. Almagro advirtió que “existe una clara responsabilidad del Estado por la represión y la muerte causada por policías y paramilitares afines a este. El Estado está para proteger derechos de toda la gente y no para avasallarlos”, aseguró.

Almagro ha enviado a dos integrantes de su gabinete —Luis Rosadilla, quien fue ministro de Defensa en Uruguay y Luis Porto, ex subsecretario de Relaciones Exteriores— a Managua para reunirse con distintos sectores con vista a una reforma electoral y política, indicó La Prensa, de Managua.

Nicaragua es uno de los países más pobres de América Latina con un Producto Interno Bruto de US$ 36.220 millones. Tiene un territorio de 130.370 kilómetros cuadrados situado entre Honduras y Costa Rica y una población de 6,2 millones.