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Mirando con Dios este tiempo

Noticeu San José “no estaba obsesionado con las fantasías de poder”: Mons. Krebs al celebrar su fiesta en la Catedral maragata

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Foto Decos Diócesis de San José

El Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Martin Krebs, encabezó el 19 de marzo la Misa y la procesión que tuvieron lugar en la Catedral de San José para celebrar la fiesta patronal de la Diócesis de San José.

Unas 1000 personas participaron de la celebración en la Basílica que desde 1957, por disposición de la Conferencia Episcopal del Uruguay, es Santuario Nacional dedicado a San José. Todos los sacerdotes y los diáconos de la Diócesis participaron en la celebración.

En su homilía, el representante del Papa en Uruguay resaltó la figura de San José señalando que “no se preocupó por sobresalir, pese a desempeñar un papel muy importante en la historia del nacimiento de Jesús” y “no estaba obsesionado con las fantasías de poder” ni  “tenía ningún problema con ser solamente el `número dos´. Él hace de sí mismo, por así decirlo, un ‘espacio vacío´ en el que Dios actúa”. Destacó, asimismo, que “no solo José ha recibido la fecundidad espiritual, sino también todos aquellos que están abiertos a una vida que rebasa la dimensión puramente política y biológica”.

En este sentido indicó que “hay un error común respecto al concepto de autorrealización”:  ‘Está claro que cada individuo tiene el derecho de ser reconocido como una criatura única de Dios y, por lo tanto, posee una originalidad única y una dignidad permanente. Sabemos, por nuestra propia experiencia, que muchas personas que no se sienten aceptadas en su singularidad tratan de obtener reconocimiento para sí mismas. Viven guiadas por el principio de `solo yo´ o `yo primero´, `primero mi familia´, `primero mi país´”. “Esta actitud existe, lamentablemente, también en la Iglesia”, admitió, y explicó que “el Papa da a este fenómeno el nombre de ‘mundanidad espiritual´y escribe: La `mundanidad espiritual se esconde detrás de una fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, o en una vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, o en un embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial… Ya no hay fervor evangélico, sino el disfrute espurio de una autocomplacencia egocéntrica” (EG 95)´”.

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Foto Decos Diócesis de San José

Refiriéndose a la Carta Pastoral que Mons. Arturo Fajardo dio a conocer el Miércoles de Ceniza, en la que anima a una “reconfiguración pastoral” para que “todas sus actividades pastorales tengan `sabor a misión´”, Mons. Krebs resaltó que los responsables formularán los objetivos “de manera clara y controlable” y ,”evaluarán los medios que tienen, y desarrollarán estrategias sólidas”, pero “dejarán la dirección del proyecto a Dios, como ha hecho San José”.

Citando al Papa en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Nuncio Apostólico recordó que la “fecundidad es muchas veces invisible, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida… El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos, pero sin pretender ver resultados llamativos. Solo sabemos que nuestra entrega es necesaria”.

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En su prédica Mons. Krebs también recordó que “San José desempeña un papel importante en la fe del Papa Francisco”. Y narró que “a la edad de 17 años, él tuvo una experiencia vocacional en una iglesia dedicada a San José, en Buenos Aires. Y en noviembre de 2016, en una reunión con 140 superiores religiosos, reveló que San José continúa siendo importante en su vida: `Hay muchos problemas en el Vaticano, en la Iglesia y en el mundo´, dijo el Papa. ´Pero estoy en paz. Si hay un problema, lo escribo en una nota a San José, y lo pongo debajo de una estatua que tengo en mi habitación. Es una figura de san José que duerme. ¡Ahora está durmiendo en un colchón de papeles! Y yo también duermo bien: es una gracia de Dios´”. Luego el Nuncio compartió que al llegar a la Nunciatura en Montevideo tuvo la sorpresa de encontrar una figura de `San José durmiendo´. “Probablemente San José quiere concederme paz también a mí, en medio de mis tareas, a veces complejas…”, expresó.

Tras la Misa tuvo lugar la procesión con la imagen del patrono de la Diócesis, del Departamento y de la ciudad de San José en torno a la Plaza Treinta y Tres. Al llegar nuevamente a la Catedral Mons. Krebs impartió su bendición.

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Foto Decos Diócesis de San José

Luego la fiesta continuó que con una presentación de música y baile, en el atrio de la Catedral, a cargo de artistas llegados de ciudades vecinas para rendir homenaje a San José y al pueblo maragato en su fiesta y culminó con un espectáculo de fuegos artificiales.

Texto completo de la homilía del Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Martin Krebs

Estimado Mons. Arturo, queridos hermanos y hermanas,

¡Muchas gracias por invitarme a celebrar hoy con ustedes la fiesta de su diócesis, la fiesta de San José! Con mucho gusto vengo, como representante del Papa Francisco. Como ustedes saben, él conoce bien el Uruguay. Probablemente hay muchos entre ustedes, además de su obispo, que conocen personalmente al Papa desde su época como arzobispo de Buenos Aires. Me imagino que al Santo Padre le gustaría estar aquí con nosotros esta noche. Pero, como eso no es posible, él me envió en lugar suyo. Por lo tanto, ¡les traigo sus cálidos saludos y bendiciones!

Como saben, San José desempeña un papel importante en la fe del Papa Francisco. A la edad de 17 años, él tuvo una experiencia vocacional en una iglesia dedicada a San José, en Buenos Aires. Y en noviembre de 2016, en una reunión con 140 superiores religiosos, reveló que San José continúa siendo importante en su vida. “Hay muchos problemas en el Vaticano, en la Iglesia y en el mundo”, dijo el Papa. “Pero estoy en paz. Si hay un problema, lo escribo en una nota a San José, y lo pongo debajo de una estatua que tengo en mi habitación. Es una figura de san José que duerme. ¡Ahora está durmiendo en un colchón de papeles! Y yo también duermo bien: es una gracia de Dios”. Fue para mí una agradable sorpresa encontrar una figura de “San José durmiendo” al llegar a la Nunciatura en Montevideo. Probablemente San José quiere concederme paz también a mí, en medio de mis tareas, a veces complejas…

En el evangelio, hemos escuchado que San José no se preocupó por sobresalir, pese a desempeñar un papel muy importante en la historia del nacimiento de Jesús. En lugar de eso, él le ha dado mucho espacio a Dios. Al mismo tiempo, Dios le concedió tanta tranquilidad que pudo dormir muy profundamente. José hizo grandes sacrificios y dedicó su vida a un hijo, sin ser su padre natural, y se casó con una mujer que dio a luz a este hijo ajeno. No fue por su propia determinación que eligió vivir con una familia así, pero Dios le encomendó esa tarea a través de su ángel, “en el sueño”. ¿Acaso José, como persona, no parecía estar sobrando? ¿No era “infecundo”, en sentido metafórico? Quizás su papel podría haber sido desempeñado por otra persona. ¿Ustedes habrían hecho algo semejante, algo que a muchos otros hubiera podido parecer un fracaso y una humillación? ¿San José no buscaba su autorrealización como persona?

Como ustedes saben, hay un error común respecto al concepto de autorrealización. Está claro que cada individuo tiene el derecho de ser reconocido como una criatura única de Dios y, por lo tanto, posee una originalidad única y una dignidad permanente. Sabemos, por nuestra propia experiencia, que muchas personas que no se sienten aceptadas en su singularidad tratan de obtener reconocimiento para sí mismas. Viven guiadas por el principio de “solo yo” o “yo primero”, “primero mi familia”, “primero mi país”. Esta actitud existe, lamentablemente, también en la Iglesia. El Papa da a este fenómeno el nombre de “mundanidad espiritual” y escribe: La “mundanidad espiritual se esconde detrás de una fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, o en una vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, o en un embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial… Ya no hay fervor evangélico, sino el disfrute espurio de una autocomplacencia egocéntrica” (EG 95).

Pero José ha llegado a ser fecundo, cumpliendo un papel que otros habrían considerado infructuoso. Parece que se sentía bien tratado por Dios. Para él, Dios no era un destino anónimo, sino el Señor, que guió la historia de su pueblo Israel y que sigue guiando la de cada uno de sus miembros, a través de todos los peligros. Por esta razón, al comienzo de su Evangelio, antes de hablar de José, Mateo enumera tres veces catorce generaciones de antepasados de José -y, por lo tanto, del mismo Jesús-: desde Abraham a David, desde David a la cautividad en Babilonia, y desde la cautividad en Babilonia a Cristo. Con ese árbol genealógico, el evangelista señala que la existencia misma del pueblo es un milagro. Muestra que Dios merece confianza, porque siempre ha salvado maravillosamente la vida de su pueblo. Aunque existieron grandes pecadores en la serie de los antepasados de José, Dios nunca ha abandonado a su pueblo. Siempre quiso salvar la vida, nunca destruirla.

José estaba muy cerca de este Dios. Por lo tanto, también había planeado separarse de María, de la cual primero debía asumir que era una adúltera. La ley establecía que tenía que ser apedreada: “Los hombres de la ciudad la matarán a pedradas, porque ha cometido un delito vergonzoso en Israel”, come dice el libro del Deuteronomio (Dt 22,21). Pero de José leemos que “decidió separarse de María en silencio para salvarla de su vergüenza”. Aquí se revela la característica fertilidad de José: primero, él ayuda a salvar la vida física de María. Pero también participa en la creación de una nueva vida que va más allá de la dimensión biológica. Levanta en sus brazos a Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva, y redime a su pueblo de sus pecados”. José se vuelve espiritualmente fecundo, haciéndose un instrumento de Dios. Esta obra es mucho más grande que todas las obras que José pudo haber realizado por su cuenta. No estaba obsesionado con las fantasías de poder y no tenía ningún problema con ser solamente el “número dos”. Él hace de sí mismo, por así decirlo, un “espacio vacío” en el que Dios actúa.

Pero no solo José ha recibido la fecundidad espiritual, sino también todos aquellos que están abiertos a una vida que rebasa la dimensión puramente política y biológica. Algo similar sucede en la crianza de los hijos: el padre y la madre le dan espacio a una persona que no puede seguir siendo un niño para siempre, sino que se volverá independiente y tendrá su propio proyecto de vida. Los niños son “prestados” a sus padres solo por un tiempo. Incluso los buenos maestros tratan de hacerse “superfluos”, buscando que sus estudiantes puedan vivir y trabajar sin ellos en el futuro. Esto es válido también para nosotros, miembros de la iglesia que actuamos por fe y con amor. El Papa Francisco expresa lo siguiente:

“Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás” (EG 273).

El obispo de Ustedes, Mons. Arturo, en su carta pastoral del pasado Miércoles de Ceniza sobre la “reconfiguración pastoral”, los ha convocado para que todas sus actividades pastorales tengan “sabor a misión”. Por supuesto, los responsables formularán los objetivos de la “reconfiguración pastoral” de manera clara y controlable, evaluarán los medios que tienen, y desarrollarán estrategias sólidas. Pero dejarán la dirección del proyecto a Dios, como ha hecho San José. Confiaba en el Espíritu Santo, a pesar de toda la inseguridad que ese Espíritu parecía traer a su vida. El Papa escribe:

La “fecundidad es muchas veces invisible, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida… El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos, pero sin pretender ver resultados llamativos. Solo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea El quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a El le parezca (EG 279). No hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu…. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!” (EG 280).

Queridos hermanos y hermanas, ¡con estas palabras les deseo una misión fructífera, gozando siempre de la paz interior con la que vivió San José! Amén.