Iglesia al día

" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Reproducción asistida [Opinión]

EL PAÍS |

Desde que el Frente Amplio logró mayoría parlamentaria, las cámaras legislativas -salvo circunstancias excepcionales- han dejado de ser un ámbito de discusión profunda y analítica, porque esa mayoría le ha permitido al gobierno la sanción casi sin obstáculos de las leyes que ha promovido.

En su afán de sancionar normas con sello “progresista”, no reparó siquiera en contemplar la posibilidad de la inconstitucionalidad de algunas de ellas, lo que terminó provocándole más de un dolor de cabeza.

En esa misma línea, el Senado dio aprobación días pasados al proyecto de ley sobre la Reproducción Humana Asistida, faltando ahora su discusión en la cámara baja, aunque por las mismas razones arriba señaladas se presume que la ley tendrá también rápida sanción.

Lo que entre otras cosas le ha faltado a esta norma es mayor discusión, miradas desde diferentes ángulos, observaciones desde puntos de vista éticos, morales o religiosos y no solo científicos. Una ley de esta naturaleza hubiera merecido una información más profunda a la población, abriéndola a voces que sobre el tema pueden hacer una valoración más calificada que muchos de los parlamentarios que levantaron sus manos.

En un blog personal, reproducido por la página de la Conferencia Episcopal del Uruguay (iglesiacatolica.org.uy), el Obispo de Canelones, Monseñor Alberto Sanguinetti, realiza algunas reflexiones sobre la ley que por su contenido y visión merecen atenderse.

El obispo es consciente que se trata de uno de los hechos humanos fundamentales: la transmisión de la vida, la paternidad y la filiación. Se toca la concepción de la persona humana, sus derechos y su sentido. Se entrecruzan múltiples afectos y pensamientos que piden un tratamiento jurídico y por eso le parece oportuno brindar algunas ideas para el eventual diálogo en la cámara baja.

Reconoce que el avance médico-científico es un don, pero al mismo tiempo advierte que la ciencia estudia causas y efectos y abre posibilidades tecnológicas, pero no emite juicios morales. Este es propio de la conciencia, iluminada por la razón, y debe encontrar sus fundamentos en los principios de la moral.

Reconoce que el proyecto aprobado por el Senado procura que las técnicas usadas en la reproducción humana asistida no tengan desvíos, al prohibir fecundar gametos para producir embriones con fines de investigación o clonación. No obstante, advierte que no se sigue totalmente ese principio, ya que se da a los embriones humanos un trato instrumental. “Se producen fuera de la unión de las personas y se manipulan, se congelan. Veremos en el futuro qué se hará con los sobrantes. La mayoría se producen para ser destruidos. No soy especialista en el tema, pero se suele decir que los embriones sacrificados son alrededor del 80%”, señala. A eso, la ley como está planteada no da respuestas.

En el plano moral, asegura que la norma lleva a una desvalorización del matrimonio y del acto conyugal, ya que este se puede suplantar por la manipulación de gametos. “La procreación humana pide estar unida a actos humanos, libres, responsables y personales de los procreadores, el padre y la madre. Estos actos personales no deben ser sustituidos por la manipulación de células por parte de terceros”, dice.

Pone también en tela de juicio que la ley acepta la fecundación con gametos no solo fuera del acto conyugal, sino por donación anónima, como un insumo más. Insiste en tal sentido sobre la desnaturalización del matrimonio y el acto conyugal al darse el derecho de usar como instrumentos a mujeres solas e incluso a dar vientres prestados.

El Obispo también indica que la ley omite la objeción de conciencia que eventualmente interpongan médicos e instituciones que objeten esos procedimientos. La norma no tiene en cuenta que pueda haber quienes les parece ofensivo a su conciencia fecundar gametos humanos o fecundar a una mujer con un gameto de donante anónimo porque quiere tener un hijo y no quiere darle padre. La ley da libertad a realizar esos actos imponiendo como un derecho obtener esas prestaciones, pero no tiene en cuenta que se está obligando a realizarlas a personas a las que les pueden pesar en su conciencia.

El tema, por su trascendencia, merece mayor discusión de la que ha tenido.

La norma no tiene en cuenta que seguramente hay personas e instituciones que les parece ofensivo a su conciencia fecundar gametos humanos o a una mujer con un gameto de donante anónimo.