Iglesia al día

" "María guía a los fieles a la Eucaristía" "
Peregrinación Nacional Virgen de los Treinta y Tres 2019

La Iglesia en los medios Redes sociales ayudan a «barbudos rusos-chinos» a integrarse al país [cristianos ortodoxos rusos]

ECOS. LA |
https://ecos.la/13/Sociedad/2019/04/27/32852/redes-sociales-ayudan-a-barbudos-rusos-chinos-a-integrarse-al-pais/

La Colonia Onfir está a unos 13 kilómetros de San Javier, en Río Negro, donde se afincó la colonia rusa en Uruguay hace más de un siglo.

Por Sarah Yáñez-Richards/EFE

Las redes sociales, la digitalización de las máquinas rurales y la legislación están ayudando a que una colectividad rusa -conocida en la región donde están asentados como los «barbudos rusos-chinos»- empiece a integrarse en Uruguay.

Así lo detalló el director de Turismo de Río Negro para San Javier, Leonardo Martínez, quien explicó que esta comunidad, de más de un centenar de personas, se instaló en Uruguay en 1968.

El también historiador señaló que esta congregación huyó de Rusia con la llegada de la Revolución de 1917, pues empezaron a ser a perseguidos por ser cristianos ortodoxos.

China y Hong Kong fueron los primeros destinos a los que los creyentes se trasladaron, por lo que los rasgos asiáticos de este colectivo se entremezclan con los ojos azules; luego emigraron a Italia y Turquía.

Finalmente, entraron a América por Brasil, pero el caluroso clima les hizo desplazarse hasta Uruguay, donde en 1968 un total de 16 familias compraron 45 hectáreas en el departamento de Río Negro atraídos, además, por la existencia de una colonia rusa a solo 13 kilómetros.

«Ellos tenían una colonia que se llama La Pitanga en Guichón, departamento de Paysandú y querían comprar algún campo y se enteraron que acá había una colonia de rusos», apuntó haciendo referencia a su pueblo, San Javier, que fue fundado por rusos en 1913, pero que en la actualidad ha perdido muchos de sus rasgos culturales eurasiáticos, como el idioma.

Martínez, que es bisnieto de rusos, explicó que sus vecinos son «muy reservados» y que hablan el español con acento ruso, pero que las nuevas generaciones están teniendo una «apertura social».

«Creo que es inevitable por como se vienen dando los cambios sociales, porque hasta hace poco tiempo ellos no permitían, por ejemplo, mirar tele, escuchar radio, usar el celular, no podían tomar cerveza los jóvenes y todo eso se está cambiando totalmente», recalcó el también guía turístico.

En este sentido, Martínez destacó que estos campesinos tuvieron que ir poco a poco abriéndose a la tecnología por trabajo, ya que la maquinaria agrícola actual está digitalizada.

«Sí o sí tienen que saber computación, los acerca a estar comunicados por teléfonos celulares, las camionetas, los vehículos nuevos tienen radio, tienen todo… Incluso hoy vemos integrantes de la colonia que tienen Facebook, cosa que para los viejos es impensable», apostilló.

No obstante, el director señaló que esta «revolución» no se ha dado entre los más viejos, que siguen siendo «muy reservados» y autoritarios con los más jóvenes.

Además, recalcó que, pese a que algunos ya cuentan con perfiles en las redes sociales, en la colonia Ofir -también conocida como «camino de los barbudos»- todos siguen vistiendo los trajes tradicionales rusos y las mujeres casadas se cubren el pelo con un shashmura, tipo de pañuelo.

Otro hecho clave para que esta congregación se integrara en la sociedad del país austral fue la instauración de diversas leyes por parte de Uruguay.

«Hace unos pocos años también la Justicia comenzó a encauzarlos a las leyes de nuestro país porque eso era como un pueblito… entonces ya tienen que ir a la salud pública; antes por ejemplo daban a luz ahí, empezaron a ir a la escuela rural en la zona (…) y a convivir con los criollos de la región que también son descendientes de inmigrantes rusos», resaltó.

Uruguay no es la única casa de estos agricultores, pues cuando el campo no da trabajo muchos de los hombres se van a Alaska (Estados Unidos) a trabajar en navíos pesqueros y en empresas relacionadas con la forestación.

«Van (a Norteamérica), hacen una zafra y vuelven con más recursos, porque pagan muy bien allá, y siguen trabajando después en los trabajos propios de época, cosecha, siembra y ese tipo de cosas», concluyó.