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La Iglesia en los medios “¡Qué bueno es dejarnos acompañar!”: una conmovedora historia en el Hospital de Clínicas | Columna del Gordo Verde

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El Gordo Verde nos cuenta cómo una señora ayudó mucho a una mujer que venía de perder su hijo en la Sala de Neonatalogía.

Pasó acá en Montevideo, en el Hospital de Clínicas.

Hace pocos meses, me escribió mi amiga Fio, para contarme este episodio que presenció junto a Florencia (una compañera de estudio).

¡Se me puso la piel de gallina!

Parece que como estudiantes, recorrían la parte de Neonatología (de los bebés recién nacidos) y en eso, ven que sale una muchacha muy humilde llorando sin parar. “No había manera de consolarla y lo único que repetía era ‘¡Llamen a Beatriz por favor! ¡Llamén a Beatriz!'”. Florencia y Fio inmediatamente se pusieron a buscar a esta señora Beatriz, convencidas que sería algún familiar de la muchacha.

Cuando la encontraron se llevaron la tal sorpresa. Se trataba de una Doctora ya retirada (grado 5) que, al parecer, hacía varios años que había perdido un hijo recién nacido y desde entonces, se dedica a visitar con frecuencia estas salas. Según cuentan; no solamente ha brindado buenos consejos, sino que en ocasiones ha ofrecido hasta su propia casa para alojar a familias que llegan del interior con dificultades de alojamiento.

Cuestión que el abrazo de esta mujer, fue lo único que pudo “aplacar el dolor” de la joven desesperada. Fio me decía: “Gordo, yo no te puedo explicar lo que vivimos todos en esa sala de espera, cuando la Doctora abrazó a esta chica que lloraba desconsolada… solamente agradecí a Dios que existan personas como ella”.

Yo no tengo el gusto de conocer personalmente a la Dra. Beatriz, apenas la tengo de nombre. Pero al igual que Fio, me alegro inmensamente por estas “historias anónimas” de personas admirables, que no hacen más que elevarnos como sociedad. Creo que en estos momentos tan difíciles, ¡no hay título que valga! Lo que importa es el apoyo incondicional de esas personas que (desde sus propias historias) intentan solidarizarse, comprender y acompañar con lo mejor que tienen: un simple abrazo lleno de fe, esperanza y afecto.

Nadie mejor que aquel que experimentó de cerca el dolor, para acompañar en el sufrimiento ajeno.

De veras creo que así como las alegrías, al compartirlas, ¡se agrandan! …las grandes tristezas, al compartirlas se vuelven más llevaderas. Ojalá todos nos animemos a “romper esas barreras de los falsos respetos humanos” que tantas veces nos impiden acompañar en el dolor a quienes más nos necesitan.

Y si fuéramos nosotros los averiados… ¡Qué bueno es dejarnos acompañar!

Pa’ salir de los grandes pozos, muchas veces bastan los brazos débiles de quien se anima a tenderlos. Terminan siendo más fuertes que aquellos “brazos robustos” que pasan indiferentes por la vida.

¡Gracias Beatriz por tu ejemplo! ¡Sin dudas nos impulsa a muchos!

¡Buena Semana! ¡Un fuerte abrazo!

Por Gordo Verde