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La Iglesia en los medios Publican documentos inéditos [menciona a la Iglesia católica uruguaya]

BRECHA |
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Sobre Carlos Real de Azúa y José Enrique Rodó.

Hablamos de papeles que se creían extraviados, de inéditos recuperados que nos acercan a un Real de Azúa jovencísimo que lee y discute a Rodó. Hablamos de un par de viejos amigos que en su libro hacen posible una nueva mirada sobre dos de nuestros más grandes intelectuales.

Hace cuarenta años dos jóvenes estudiantes se cruzaban en los pasillos del Instituto de Profesores Artigas (Ipa). Ellos eran Óscar Brando y José Rilla.1Ninguno tuvo como profesor a Carlos Real de Azúa (1916-1977), pero la sombra de su magisterio los alcanzó y en varias ocasiones se alinearon tras sus pasos. Brando trascendió como crítico literario, Rilla como historiador. En 2010 coincidieron en el archivo de Real de Azúa depositado en la Biblioteca Nacional. Ambos buscaban algo que concernía a los inicios del trabajo intelectual del maestro, a sus años de formación, a ciertos documentos que explicaran las incómodas opciones juveniles (catolicismo, integrismo, falangismo). Perseguían, además, un trabajo misterioso sobre José Enrique Rodó (1871-1917) que Real había escrito con 20 años, dedicado a la memoria del polémico intelectual español Ramiro de Maeztu, y que había presentado a un concurso internacional convocado en 1936 por la revista costarricense Repertorio Americano, obteniendo el segundo premio detrás del peruano Andrés Townsend Ezcurra. “Ese trabajo era citado por Real y por varios de sus estudiosos, pero se encontraba ‘perdido’. No había sido registrado en el momento de la donación de su archivo, en 1987. Sin embargo –revelan los autores– allí estaba, anidado en una carpeta, y resultó que no era sólo el trabajo para el concurso sino varias versiones que a partir de ese reto habían puesto a Real en el camino de escribir un libro sobre Rodó que nunca culminó.”

Más adelante Brando especificará que en1987 Alberto Methol Ferré, en su conferencia “El Uruguay internacional: la visión de Carlos Real de Azúa”, y Ruben Cotelo en Carlos Real de Azúa de cerca y de lejos, mencionan esas páginas perdidas pero sin otra información que la aportada por Real en un artículo de 1948. Más recientemente, José Rilla y Valentín Trujillo lo leen en el Archivo Literario de la Biblioteca Nacional y se refieren a él: Rilla en el trabajo que ahora se publica (avance de un proyecto más amplio dedicado a la formación intelectual de Real), y Trujillo en su libro Real de Azúa. Una biografía intelectual, de 2017. Pero hasta ahora había permanecido inédito.

En opinión de Rilla, de la decena de análisis eruditos que produjo Real a lo largo de su vida, ese primero sobre Rodó (1937-1938) “es una hoja de ruta para el cateo de su pensamiento acerca del maestro del Novecientos”. Brando recuerda que ese núcleo fuerte de interés recién tendrá un final en los prólogos a la edición venezolana de Ariel y Motivos de Proteo aparecida en 1976, y en un trabajo para la revista Escritura, de Caracas: “El modernismo literario y sus ideologías”, publicado en 1977, año de la muerte de su autor. Desde el tiempo en que Real de Azúa era un joven de 20 años, o antes, Rodó fue para él un tema de preocupación. Ensalzado y cuestionado, el autor de El mirador de Próspero seguía ocupando un lugar central en la cultura uruguaya (aunque muchos piensen que el prestigio de su figura se encumbró en el reconocimiento continental más que en el nacional).

A partir del hallazgo en el archivo comenzó el camino del libro que Brando y Rilla titularon Carlos Real de Azúa: los años de formación (1934-1943). Escritos iné-ditos sobre Rodó. Organizado en dos partes que se complementan y dialogan entre sí –la primera escrita por Rilla, la segunda por Brando–, el libro incluye reproducciones fotográficas de las versiones copiadas a máquina por Real –que ampliaban el ensayo presentado al concurso–, de sus portadillas corregidas, y de fragmentos de texto que él mismo recortó, a veces de tan sólo una línea. Los autores encastran los recortes en forma secuencial con el fin de reproducir partes de las páginas originales que, de este modo, pueden dar un nuevo sentido a las anotaciones manuscritas, a las enmiendas y tachaduras, a las listas numéricas y a la utilización de lápices de colores con el fin de destacar o reordenar. El libro cuenta con una bibliografía oportuna y rigurosa.

EN EL PRINCIPIO FUE EL VIAJE.

El ensayo que José Rilla titula “Real de Azúa y Rodó: lejanías y cercanías” recorre una línea de textos y lecturas tempranas de Real, y ubica al lector en su etapa juvenil, cuando adhiere a las formaciones falangistas de los años treinta en Uruguay. Rilla reconstruye el viaje que hizo Real a la península ibérica en 1942, su desencanto con la España imaginada y con el futuro posible de la democracia postotalitaria en Occidente. Asimismo, examina el mítico libro España de cerca y de lejos, de 1943, que Real escribió sobre su experiencia de viaje, “hecha de rectificaciones y ratificaciones de fuerte significación”.

Dos son entonces los espacios de “ajuste y enmienda” en los que Real de Azúa pone a prueba su capital cultural: el primero fue Rodó, el segundo, España. El ensayo sobre Rodó es un trabajo “furioso, militante, enojado”, apunta Rilla, “habla más y mejor de Real que de Rodó”. Un Real al que le molestaba el reconocimiento oficial dedicado al autor de El camino de Paros: “una innecesaria pleitesía” a la que habrían sucumbido, entre muchos, los católicos uruguayos. El Rodó que Real de Azúa rechazaba y al que le reclamaba como si fuera su contemporáneo y pudiese estar a su alcance convencerlo “es el antagonista que él necesitaba”, subraya Rilla, para afirmarse en una interpretación del momento y en las lecturas que lo habían acompañado. La convincente interpretación de Rilla refiere a varias dimensiones posibles del viaje del joven antimoderno y católico que, al regresar de la España del franquismo inmediato a la guerra, pensaba –y esto Rilla lo destaca como nuevo– que la catolicidad de la que España era portadora para beneficio de la historia universal se había ahogado en la dictadura.

Rilla se pregunta con agudeza qué tipo de historiografía es posible hacer con esta historia o, más estrictamente, cuál pretende hacer él. Piensa que el acercamiento biográfico “deviene un espacio de confluencias y discontinuidades difícilmente apreciables fuera de su marco”, y que la distorsión se amplía cuando el sujeto biografiado revisa su pasado, lo reelabora y lo justifica mientras es recusado por sus contemporáneos.

EL EJERCICIO DEL CRITERIO.

El trabajo de Brando se titula “Rodó en Real de Azúa”, y consta de dos partes: “De la negación a la indagación negativa” y “Balance de cuatro décadas”. Incluye la transcripción del texto inédito del concurso y de su última versión ampliada, también inédita.

Nutriendo su estudio con los avances de la crítica genética –se adjunta en una página el ajustado código de transcripción–, Brando despliega con pericia aspectos del proceso de gestación de esos escritos, revisa métodos de composición y reescritura, coteja versiones y exhibe una red de informaciones que puede mutar como consecuencia de las intervenciones practicadas por el joven ensayista. Al poner las piezas en relación plantea hipótesis sobre el modo de trabajo que es posible detectar –el work in progress de Real de Azúa–, sosteniendo que los datos son representativos del proceso de inflexiones que estuvo dispuesto a hacer desde el principio. En los cinco documentos localizados las inscripciones miran al pasado y al futuro: “a lo que ya sucedió, tiempo clausurado y acción de archivar lo premiado, junto al prospecto del infinitivo ‘ampliar’, con fechas que dudan entre lo que ya fue y lo que va a ser”.

Sin ánimo de fatigar al lector neófito con la escrupulosidad de la genética textual (pero con la ilusión de acicatear su curiosidad), glosamos sólo uno de los casos referidos. El lector que se deje seducir podrá acceder en el libro a algunos misterios del proceso creador de Real de Azúa, a su escena de escritura. En las versiones más avanzadas del ensayo encuentra Brando uno de los enigmas fructíferos de ese proceso: la serie de documentos que llama “los papelitos”, un grupo de piezas recortadas por Real de una hoja mayor mecanografiada por él que forma un conjunto de “notas-fichas” –así son descritas– con citas o comentarios de lecturas de Rodó y numeradas con rojo. Tal providencia permite establecer un repertorio que revela, en parte, el método del joven autor.

De la variación de los títulos se desprende que el primero pudo ser el contundente “Negación de Rodó”, corregido luego por “Revisión de José Enrique Rodó” y finalmente por “Indagación de José Enrique Rodó”. Tránsito que en opinión de Brando lo pondría en el camino de una revaloración que le insumiría toda la vida. Real de Azúa impugnaba el individualismo, el eclecticismo, el relativismo de Rodó: “enfrentaba su idealidad y aun su idealismo”.

En el tiempo corto que transcurrió entre el fallo del concurso y la versión más avanzada del ensayo la posición de Real no cambió demasiado. Siguió escribiendo desde su voluntad católica, a la que consideraba “coherente, única y maravillosamente armónica y con la que buscaba iluminar cosa tan contradictoria como el ideario de Rodó”. A medida que siguió estudiándolo, se fue alejando de su temprana posición iconoclasta.

Óscar Brando (1954), profesor de literatura egresado del Ipa, doctorado en la Universidad de Lille 3, da clases en el Centro de Formación en Educación y en el Claeh, Facultad de la Cultura. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de la Anii, publicó libros sobre el Novecientos uruguayo, la obra de Juan José Morosoli y de Juan José Saer. Preparó y prologó las obras de Felisberto Hernández, Mario Arregui y Heber Raviolo.

José Rilla (1956) es profesor de historia egresado del Ipa, doctor en historia, investigador en la Universidad de la República y el Sistema Nacional de Investigadores, profesor titular de historia contemporánea y decano de la Facultad de la Cultura de la Universidad Claeh. Dedicado a la historia política e intelectual, es autor, entre varias publicaciones, de La actualidad del pasado. Usos de la historia en la política de partidos de Uruguay.