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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Primer obispo uruguayo fue declarado venerable por el papa

EL OBSERVADOR |

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El papa Francisco declaró “venerable” al primer obispo del Uruguay, Monseñor Jacinto Vera. El decreto fue firmado el martes en la audiencia que el papa concedió al Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, arzobispo Angelo Amato. La declaración supone un paso más hacia la canonización, es decir, hacia la proclamación de su santidad. Hasta ahora Jacinto Vera era considerado “siervo de Dios”, título que se otorga cuando comienza oficialmente la causa de un “candidato a la santidad”, luego de que la Santa Sede autoriza la apertura del proceso, dado que comprueba que el candidato tiene “fama de santidad”, informó la Conferencia Episcopal del Uruguay en un comunicado.

Cuando un candidato a la santidad es declarado “venerable” quiere decir que se reconoce que vivió todas las virtudes, tanto humanas como cristianas, de forma heroica, es decir, con una fidelidad a la gracia de Dios que va más allá de lo común. Las virtudes que se estudian en profundidad para llegar a este punto son la prudencia, fortaleza, justicia y templanza, así como la virtudes de la fe cristiana: fe, esperanza y caridad. Luego de esto, se necesita el reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión del candidato para ser proclamado beato. Este es el paso previo a ser declarado santo (canonizado). Para llegar a la canonización, se necesita de un segundo milagro, que tiene que ocurrir luego de que la persona haya sido proclamada beata.

Su vida

Jacinto Vera nació el 3 de julio de 1813 en el viaje en el que sus padres, provenientes de las islas Canarias, llegaron a Uruguay. A los 19 años sintió su llamado al sacerdocio y fue ordenado presbítero en 1841. Fue párroco de Canelones, hasta que en 1859 fue designado Vicario Apostólico del Uruguay y comenzó la tarea de organizar la Iglesia en todo el territorio.En 1865 fue consagrado obispo, pero recién en 1878 se creó la diócesis de Montevideo y Vera fue proclamado su obispo. Recorrió varias veces el país con sus viajes misioneros y murió en Pan de Azúcar, el 6 de mayo de 1881. A su muerte el pueblo y el gobierno le tributaron honores.