Iglesia al día

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La Iglesia en los medios Por la vida

EL OBSERVADOR |

POR EDUARDO HÉGUY TERRA ES DOCTOR EN DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES

Ya nadie puede negar científicamente que la vida del ser humano se inicia con la concepción. Ya nadie puede ignorar que la Constitución de la República ordena proteger la vida como uno de los derechos fundamentales. Ya a nadie puede resultar ajeno que tratados internacionales, firmados y oportunamente ratificados por el Parlamento uruguayo, establecen acertadamente que hay vida desde la concepción y que desde ese momento se le debe protección y amparo. Sin embargo, el Frente Amplio insiste en aprobar leyes que en su esencia contradicen esos compromisos y precedentes.

Peor aun, se insiste en ello cuando en la legislatura pasada se aprobó en el Poder Legislativo, con los votos de la izquierda, una normativa favorable a despenalizar el aborto, que no llegó a ser ley, pues fue vetada por el entonces presidente de la República, doctor Tabaré Vázquez.

Hoy, el doctor Vázquez vuelve, afortunadamente, a ser noticia de primera plana en temas que hacen a la ética profesional, social y política. Dirigiéndose a un grupo de estudiantes, en Colonia, no dejó dudas acerca de su posición contraria a la legalización del consumo de marihuana, por los efectos nefastos para la salud que ella trae aparejados. Peor que el consumo de tabaco, afirmó. Y recordó que los países que en algún momento aprobaron normas permisivas, con pésimas consecuencias, están volviendo a soluciones restrictivas del consumo del cannabis. No consuman, aconsejó a los muchachos, que lo escucharon con atención. ¿Lo escuchará el Frente Amplio? ¿Lo harán Mujica y Breccia?

Algunos de los promotores de la legislación que despenaliza el aborto procuran atribuir a quienes están en contra, creyendo debilitar la fuerza de sus argumentos, motivaciones puramente religiosas. Pues se trata de un mal argumento. El cristianismo -católicos y protestantes- es contrario al aborto porque está a favor de la vida y porque sabe que esta se inicia con la concepción. Su fundamento es la evidencia científica: si no se interrumpe la vida que crece y se desarrolla en el vientre materno, transcurridos nueve meses esa madre dará a luz un niño. Se repetirá así, una vez más, el extraordinario milagro de la vida. Por eso la religión rechaza toda práctica que constituya una agresión, irreparable y definitiva, a esa vida que considera sagrada.

De ahí que cuando un médico como el doctor Tabaré Vázquez, grado 5 de la Facultad de Medicina, con serena claridad nos recuerda lo que para la ciencia son verdades evidentes -tanto respecto al aborto como a la marihuana -, no podemos menos que darle la bienvenida a sus conceptos y recibir su oportuna intervención pública con beneplácito, respeto y honda satisfacción. Hace falta coraje cívico para enfrentar con sus ideas a las del colectivo frenteamplista, del cual es, a no dudarlo, el máximo referente político. ¿Será que no lo entienden? ¿O es que no valoran sus opiniones?

Aún falta el pronunciamiento de la Cámara de Senadores. Se descuentan los votos de todo el Frente Amplio. El presidente José Mujica ya ha dicho que, a diferencia de lo hecho por Tabaré Vazquez, no lo vetará. Está de acuerdo con la solución aprobada en la cámara baja. El Partido Nacional, cuyos diputados, sin excepción, votaron en contra de la despenalización del aborto, ya anunciaron que promoverán un referéndum contra la ley que se apruebe. El Partido Colorado, con acierto, con Pedro Bordaberry a la cabeza, resolvió no votar este proyecto de ley aprobado en la Cámara de Diputados. Los médicos contrarios al aborto ya han manifestado que se ampararán en la cláusula de conciencia para no tener que realizarlos.

El debate continuará dividiendo a la sociedad uruguaya por largo tiempo más. Pero quizás, en el griterío y la polvareda, se disimule el verdadero drama nacional: las decenas de miles de abortos que se practican en Uruguay, año tras año. El énfasis se ha puesto en las condiciones sanitarias en las que se realizan los abortos, pero no en prevenirlos, en evitarlos, en trabajar para que no haya embarazos no deseados, en luchar y educar para que las adolescentes no caigan en las trampas que les presenta la vida. Con esta ley seguirá habiendo decenas de miles de abortos. Decenas de miles de vidas perdidas, en un país que lo tiene todo para recibirlas, para acogerlas, para ampararlas y protegerlas. Estamos frente a un tremendo drama, que ha traído y trae mucho dolor y mucha pena a las familias uruguayas.

¿Y qué decir de esas mujeres que recurren al aborto no una sino varias veces? ¿No hay límites? ¿Da lo mismo un aborto como cinco o diez? ¿Cuáles son los criterios? ¿Cuando no hubo violación, ni está en juego el honor, ni existen trágicas malformaciones? ¿Es lo mismo ser soltera que casada? ¿Y cuándo son motivaciones estrictamente económicas? Cuántas preguntas. Cuántos dilemas. Cuánta responsabilidad. Cuánta tarea por realizar. Se ha dicho con error que la mujer es dueña de su cuerpo: es que son dos los cuerpos y no uno. Aunque uno, el más pequeño, no tiene voz. En definitiva, la cuestión no radica en un sí o un no al aborto. La cuestión radica en un sí o un no a la vida. Optamos por la vida. Con respeto por todos, pero con profunda y fundada convicción. Por la vida.