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La Iglesia en los medios Peregrinación por lo mismo: la Copa

EL PAÍS | Ovación |

La masiva concurrencia al Cristo Redentor en pleno Mundial está cargada de fútbol y un solo pedido.

Domingo sin fútbol en la Copa, horas previas al inicio de una semana decisiva para las cuatro selecciones que clasificaron a la ronda semifinal del Mundial 2014. Domingo de sol en la capital carioca, playas atestadas y más coloridas que nunca, sin embargo, uno de los paseos más elegidos por los hinchas que aún están en Brasil, es la visita al Cristo Redentor, o el Cristo de Corcovado, una imagen que identifica a Rio en todo el mundo, y es quien recibe a los millones de turistas que visitan a esta ciudad durante todo el año.

Es una imagen de 38 metros de Jesús de Nazareth, con los brazos abiertos, ubicada a 710 metros sobre el nivel del mar en el Parque Nacional de Tijuca, en la cima del cerro del Corcovado. La imponente escultura fue inaugurada el 12 de octubre de 1931, después de cinco años de obras.

Hoy, la imagen del Cristo Redentor está reconocida como una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo y sigue siendo el principal atractivo turístico de Brasil, con 12.000 visitantes por día.

Desde la cima, se ve Rio en toda su dimensión, pero no es lugar de encuentro sólo para turistas, lo es también para los creyentes, es un lugar de peregrinación. Y en estos tiempos de fútbol, en donde está en juego nada menos que la Copa del Mundo, es un lugar de encuentro de hinchas, que llegan hasta el Cristo Redentor a pedir por un triunfo, o dos. Porque primero está la semifinal, y después la final, aquí en Rio, el 13 de julio en el Maracaná.

Domingo sin fútbol, pero la subida al Cristo se parece el largo camino a cualquier cancha del mundo. Hay camisetas de todo tipo y color. De Alemania, de Brasil, de Argentina y de Holanda, pero también de otras selecciones que ya dejaron su sueño mundialista, como Colombia, México, Chile y Ghana. Son hinchas que no quieren irse, que siguen golpeándose el pecho como diciendo «aquí estamos».

Pero los más sentidos, son los que aún están en carrera. Ellos suben al Cristo con dos tareas. La del turista común y corriente, y la del hincha que guarda un pedido en su corazón: «Te pido que nos ayudes a ganar la Copa».

Todos y cada uno de ellos, se persignaron, llegaron y admiraron la enorme escultura con sus brazos abiertos y la cabeza gacha. Hubo fotos, claro, pero también un ruego, «el campeonato del mundo».

Los hinchas de todo el mundo llegaron entre miles, como si nada, pero después de subir en el tren del Corcovado, de trepar esas interminables escaleras que depositan al visitante en esa base de mármol de 8 metros de altura, no esconde su pedido, y lo hacen a la vista de todos.

Argentinos, alemanes, holandeses y brasileños llegaron como cualquier turista a la cima de Rio, al lugar privilegiado de esta «cidade maravilhosa» y lo hicieron con un pedido que quedó expuesto a la vista de todos: «la Copa».

Hubo fotos, de arriba, de abajo, tirados en el piso, parados encima de las gruesas columnas de cemento que rodean la terraza de piedra, o desde el tren. Siempre con las casacas puestas, o mostrando las banderas de sus países. No hubo gritos ni confrontaciones. No era el lugar, todos pasearon, se miraron de reojo, y siguieron con su peregrinación.

Empieza una semana clave, decisiva, y desde el punto más alto de Rio, se escucharon cientos de plegarias. «Ganar sin Neymar», «derrotar a los holandeses», «vencer a Brasil», «y derrotar a los alemanes». Pedidos, ruegos, rezos.

El Cristo Redentor pareció asentir, dejó a los hinchas tranquilos, convencidos de que sus pedidos habían llegado a destino, y cada cual se fue pensando en la victoria.

«Tenemos a un Dios, que es Maradona, a un Mesías, que es Messi, y al Papa Francisco, no podemos perder viejo», decía Carlos, un argentino de 48 años, que trepó hasta la cima para recordárselo al propio Cristo de Corcovado.

NÚMEROS E HISTORIA
Corcovado en la agenda mundial

La imagen de Jesús de Nazareth, con los brazos abiertos, de 38 metros, está ubicada a 710 metros sobre el nivel del mar en el Parque Nacional de Tijuca, en la cima del cerro del Corcovado.
En octubre cumple 83 años

La imponente escultura fue inaugurada el 12 de octubre de 1931, después de cinco años de obras. Hoy, la imagen del Cristo Redentor está reconocida como una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo.