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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Papa llamó a la paz en Coreas y Siria

EL PAÍS |

Semana Santa. Francisco apuntó su mensaje “a la ciudad y el mundo” a las regiones en conflicto. También fue contra el narcotráfico. 250.000 personas lo escucharon en la plaza San Pedro

CIUDAD DE VATICANO | AFP Y ANSA

El papa Francisco, en su primer mensaje “Urbi et orbi”, hizo hoy un fuerte llamado a la paz en el mundo -“dividido por la avidez de la codicia”, según dijo-, en especial en Medio Oriente, Siria, Irak y la península coreana.

El pontífice, desde el balcón central de la basílica de San Pedro, donde apareció por primera vez el 13 de marzo después de su elección como Papa, condenó además el narcotráfico, la trata de personas y la explotación desleal de los recursos naturales en el mundo.

Francisco, en una plaza colmada por 250.000 fieles según la sala de prensa vaticana, celebró su primera Misa de Pascua de Resurrección revestido con una casulla blanca que representa la gloría de la jornada.

Tras la misa pascual y su mensaje a los fieles, recorrió la plaza en su “papamóvil”, desde el que bendijo a varios niños y enfermos, mientras era vitoreado por los fieles llegados desde numerosos países del mundo.

En su mensaje “Urbi et Orbi” (“A la ciudad y el mundo”, que se imparte solamente dos veces al año: en Pascua y Navidad), el Papa pidió por la “paz en Asia, sobre todo en la península coreana, para que se superen las divergencias y madure una renovación del espíritu de la reconciliación”. De esa manera, aludió a los vientos de guerra que soplan entre Corea del Sur y Corea del Norte.

Francisco pidió “paz para Medio Oriente, en especial entre israelíes y palestinos, que fatigan en encontrar el camino de la concordia, para que reanuden con coraje y disponibilidad las negociaciones para poner fin a un conflicto que dura desde hace demasiado tiempo”.

“Paz en Irak -prosiguió- para que cese definitivamente toda violencia y, en especial, para la amada Siria, para su población herida por el conflicto y por los numerosos refugiados que esperan ayuda y consuelo”.

“¡Cuánta sangre fue derramada!”, indicó el Papa. “Y cuánto sufrimiento deberá aún ser infligido antes que se logre hallar una solución política a la crisis”, se preguntó.

“Paz para África, aún teatro de sangrientos conflictos. En Malí para que reencuentren unidad y estabilidad; y en Nigeria, donde lamentablemente no cesan los atentados, que amenazan gravemente la vida de tantos inocentes, y donde no pocas personas, también niños, son mantenidos como rehenes por grupos terroristas”, precisó.

La referencia del pontífice, sin hacer una citación en forma directa, apunta al secuestro ocurrido hace un mes, y aún en curso, de una familia francesa con cuatro niños en Camerún y llevada luego a Nigeria.

“Paz en el este de la República Democrática del Congo y en la República Centroafricana -prosiguió Francisco-, donde muchos son obligados a dejar sus casas y viven en el miedo”, apuntó.

Y agregó: “Paz en todo el mundo, aún dividido por la avidez de quien busca fáciles ganancias, herido del egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, egoísmo que continúa la trata de personas, la esclavitud más extendida en este siglo XXI”.

“Paz en todo el mundo -prosiguió- desmembrado por la violencia vinculada al narcotráfico y la explotación desleal de los recursos naturales. Paz en esta nuestra Tierra. Jesús resucitado lleve consuelo a quien es víctima de las calamidades naturales y nos haga custodios responsables de la creación”, sostuvo.

“Pedimos a Jesús resucitado, que transforma la muerte en vida, cambiar el odio en amor, la venganza en perdón, la guerra en paz”, dijo Francisco en su mensaje “Urbi et Orbi”.

“Cristo es nuestra paz y a través de Él imploramos paz para el mundo entero”, enfatizó el Santo Padre.

DISTINTO. Al igual que miles de compatriotas argentinos que rompieron su tradicional indiferencia con lo que pasa en el miniestado vaticano en estas fechas de asueto muy familiares, la italiana Stefania Spalluti, de 30 años, fue ayer a San Pedro atraída por la personalidad del nuevo Papa.

En particular la multiplicación de “pequeños gestos” con que ha ido jalonando sus primeros pasos desde que fue elegido al trono de Pedro el pasado 13 de marzo.

“Es diferente, muy cercano a la gente. Ha hecho cosas muy simples que uno se espera de un Papa”, dice antes de confesar qué es lo que le está acercando de nuevo a la Iglesia. “Tengo un sentimiento diferente, estoy mucho más implicada en este momento”, asegura.

“Simplicidad, amor, humildad” es lo que espera de la Iglesia el veneciano Roberto Tosettio, 51 años, con este jesuita que predica con el ejemplo.

Desde su forma de vestirse con una simple casulla blanca, alejada de la pompa de sus antecesores, en particular del renunciante Benedicto XVI, su decisión de vivir por el momento en una sencilla habitación de una residencia de sacerdotes en vez del lujoso apartamento del Vaticano, hasta su acercamiento y contacto con la gente.

Al término de la misa, recibió una camiseta de San Lorenzo, el club de fútbol argentino de sus amores, y se inclinó para abrazar, besar y acariciar a un grupo de jóvenes discapacitados en medio de los aplausos del público. También besó a varios niños.

“¡Es mucho más social que Facebook!”, bromea Tosettio, quien considera que el Papa alemán “ahuyentaba a los fieles” pese a su combate sin cuartel contra lo que consideraba la “dictadura del relativismo”.

La colombiana Doralis está convencida de que las ovejas “desilusionadas” de la Iglesia, van a volver atraídas por la “transparencia” y la personalidad de Francisco.

FIESTA. Orquídeas, narcisos, lirios, tulipanes, jacintos, rosas, magnolias… Más de 40.000 plantas, ramas y flores blancas y amarillas, los colores del Vaticano, adornaron ayer la plaza de San Pedro para la misa de Pascua y la bendición “Urbi et Orbi” de Francisco, el flamante Papa argentino.

En las escaleras que conducen al altar, el amarillo lo aportaron los 6.000 tiestos de narcisos en miniatura, mensajeros de la primavera.

En las terrazas, a ambos lados de las escaleras, estaban los lirios blancos, que representan la paz -eje de las palabras del Santo Padre-, la pureza, la inocencia y la virginidad. En la Edad Media, estas flores eran el símbolo del poder (divino) por lo que aparecen en muchos escudos de familias nobles.