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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Ortega se aferra al poder y niega adelantar elecciones

EL PAÍS |

Continúa la ola de violencia contra opositores en Nicaragua.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, descartó adelantar las elecciones como propuso la Iglesia católica y exigen sus opositores en protestas desde hace casi tres meses, mientras continúa la ola de violencia que deja más de 300 muertos.

Este fin de semana al menos cinco personas murieron por ataques de las fuerzas del Gobierno contra opositores a la gestión del presidente Ortega. En los ataques más recientes, la mañana de este domingo, a las ciudades de Jinotepe y Diriamba, en la zona del Pacífico de Nicaragua, tres personas perdieron la vida por disparos de las “fuerzas combinadas”, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

La cantidad de fallecidos podría aumentar, según el Cenidh, ya que los hospitales públicos y privados de ambas ciudades fueron sitiados por las “fuerzas combinadas”, integradas por policías, antimotines, parapolicías, paramilitares y grupos oficialistas, ataviados con armas de guerra.

Otro joven fue encontrado muerto en la madrugada del sábado en Matagalpa, víctima del ataque perpetrado por estas “fuerzas combinadas”. Y ayer domingo también se confirmó la muerte del joven de 18 años Mario Peralta, quien recibió 18 disparos durante un ataque de las “fuerzas combinadas” en la ciudad de León, en el noroeste de Nicaragua, según sus familiares.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh) han responsabilizado al Gobierno nicaragüense de graves violaciones a los derechos humanos. Entre las violaciones denunciadas por estos organismo, destacan “asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, malos tratos, posibles actos de tortura y detenciones arbitrarias cometidos en contra de la población mayoritariamente joven del país”, según la CIDH, y que el Gobierno de Nicaragua ha rechazado.

Sin elecciones.

“Las reglas las pone la Constitución a través del pueblo. Las reglas no pueden venir a cambiarlas de la noche a la mañana simplemente porque se le ocurrió a un grupo de golpistas”, dijo el sábado Ortega, en una multitudinaria marcha de seguidores en el oeste de Managua.

El mandatario, quien no aparecía en público desde el 30 de mayo, añadió que si “los golpistas”, como llama al movimiento civil opositor que le pide dejar el poder, “quieren llegar al gobierno”, deben buscar “el voto del pueblo”.

“Veremos si el pueblo le va a dar el voto a los golpistas que han provocado tanta destrucción en estas semanas. Ya habrá tiempo para las elecciones”, dijo el gobernante junto a su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, sobre una tarima en la rotonda bautizada con el nombre del fallecido líder venezolano Hugo Chávez.

La Iglesia media entre el gobierno y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia —grupos de la sociedad civil— y propuso adelantar los comicios de 2021 a 2019. Pero el diálogo se estancó porque Ortega, quien gobierna desde 2007 por tercer periodo consecutivo, no respondía.

El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, reaccionó al discurso del mandatario y dijo que “ya debería tener claro que la Iglesia no tiene miedo” y está “al lado de los pobres y las víctimas”.

Las protestas iniciaron el 18 de abril contra una reforma a la seguridad social, pero ante la fuerte represión de la policía con grupos armados ilegales se ampliaron para exigir la salida de Ortega, a quien acusan de instaurar con Murillo una dictadura marcada por la corrupción y el nepotismo.