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La Iglesia en los medios Opus Dei, defensor de un catolicismo estricto en pérdida de influencia

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En una ceremonia en Madrid, el Opus Dei celebra este sábado la beatificación de su segundo dirigente, una prueba de fuerza tras la cual aparece la pérdida de influencia de esta controvertida institución defensora de una estricta visión del catolicismo.

Tras la canonización en 2002 del fundador Josemaría Escrivá de Balaguer, su sucesor Álvaro del Portillo será beatificado en una misa oficiada por 18 cardenales y 130 obispos, en la que 1.300 sacerdotes darán comunión a decenas de miles de fieles.

«El acto es una demostración de fuerza evidente», considera José Manuel Vidal, director del portal Religión Digital. «Conseguir la beatificacion del segundo prelado es un hito en la historia de cualquier movimiento religioso», agrega.

Fundado en 1928, el Opus Dei -la «Obra de Dios» en latín- tiene como misión difundir la fe católica en la vida cotidiana por el trabajo de sus fieles, unos 90.000 en los cinco continentes (33.000 en España), según sus cifras, laicos en su inmensa mayoría.

La idea es que «se puede ser santo en medio del mundo», explica José Carlos Martín de la Hoz, historiador y responsable de la institución.

Así, sus miembros consagran su vida a la oración y a propagar los valores del Opus Dei, ya sean padres de familia, un 80%, o solteros seglares que hacen votos de castidad y pobreza.

Estos últimos, los denominados «numerarios», realizan «una entrega total», reconoce Martín de la Hoz. A primera vista profesionales ordinarios en cualquier ámbito, viven en grupos de 8 a 12 en casas de «la Obra», a la que entregan su sueldo y todo su tiempo libre.

Este estricto modo de vida y su férrea oposición a cuestiones como el aborto, la eutanasia, la contracepción o a las relaciones premaritales, valió duras críticas al Opus Dei durante décadas.

«Estaban considerados casi como una secta», afirma Vidal, reconociendo que «su imagen ha cambiado muchísimo».

Contribuyó a ello una intensa campaña de comunicación que contrarrestó, entre otras, la visión que de la institución había dado en 2003 el libro de Dan Brown «El código Da Vinci» donde aparecía un supuesto monje del Opus Dei entregado a la mortificación corporal.

– Cambio social y nuevo papa –

Esta mayor aceptación coincidió con una pérdida de poder en la política y la sociedad española.

Si durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975) y los mandatos del conservador José María Aznar (1996-2004) hubo numerosos representantes del Opus Dei en el gobierno, «ahora tiene poder de influencia relativo», afirma Juan González Bedoya, experto en religión del diario El País.

Actualmente solo el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, es mencionado como miembro de la institución. Y «a la gente ya le impresiona muy poco eso», agrega.

Esto se suma a un «cierto secretismo» sobre quiénes son sus miembros, señala Vidal, lo que alimenta los mitos sobre una institución tildada de elitista, cuyos candidatos deben esperar un mínimo de seis años para entrar: uno de formación y cinco de reflexión.

Además, en una sociedad cada vez más secularizada, que acepta mayoritariamente cuestiones como el matrimonio homosexual o el aborto libre, el Opus Dei sufre una crisis de vocaciones, afirma Vidal. «Sale más gente de la que entra», dice, algo que Martín de la Hoz no confirma ni desmiente.

También América Latina, donde tuvo una importante expansión, «se está secularizando», explica el sociólogo Alberto Moncada, autor de varios libros sobre la institución, de la que fue miembro. «El Opus realmente lo único que tiene allí son colegios y algunos obispos, sobre todo en Perú», subraya.

Su poder mengua asimismo en el Vaticano, donde vivió un apogeo durante el pontificado de Juan Pablo II (1978-2005), quien beatificó a Escrivá de Balaguer en 1992, para canonizarlo solo diez años después. El actual proceso de beatificación de Álvaro del Portillo se inició en 2004.

Ahora «han perdido el favor del Vaticano porque este papa, Francisco, no les quiere tanto», afirma Moncada.

El nuevo pontífice «tiene una línea de iglesia muy diferente», coincide Raquel Mallavibarrena, de la organización católica progresista Redes Cristianas.

«Ya no hay peligro de que se conviertan en una Iglesia dentro de la Iglesia», subraya Vidal.

Con información de AFP