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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Opción Consultores: La religión y el voto en Uruguay

UY PRESS |
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Opción Consultores presentó, este jueves, el Monitor de Opinión Pública, dónde se analiza algunas tendencias vinculadas a la asociación entre dos dimensiones: la religiosa y la política.

En nuestro pasado informe de opinión pública, observamos algunos datos sobre la distribución de la ciudadanía según su identificación y vida religiosa (http://www.opcion.com.uy/opinion-publica/?p=2233). A modo de segunda parte, en este informe analizaremos algunas tendencias vinculadas a la asociación entre la dimensión religiosa y la dimensión política.

En el gráfico 1, se exhiben los promedios de ubicación en la tradicional escala izquierda-derecha para distintos subgrupos según su auto-definición religiosa (en dicha escala el valor 1 representa “izquierda” y el valor 10 “derecha”). Se observa un promedio de 4.44 para las personas ateas o agnósticas, lo que puede interpretarse como un valor cercano a la centro-izquierda. En tanto, el promedio para los creyentes sin religión es 5.61, un valor típicamente asociado con el centro de la escala político-ideológica. Entre quienes se auto-definen católicos o creyentes de otras religiones, los valores promedio de identificación en la escala político-ideológica son 6.43 y 6.80 respectivamente, lo que sugiere en estos subgrupos un predominio de personas de centro-derecha. En suma, los promedios de los cuatro grandes sub-grupos analizados varían desde valores que representan la centro-izquierda a valores emparentados con la centro-derecha. Los datos ilustran además que las personas que adhieren a alguna religión se encuentran en general más a la derecha en la escala ideológica que los ateos, agnósticos y creyentes sin religión.

En el gráfico 2, en tanto, se compara la intención de voto según la auto-definición religiosa. En línea con los datos de auto-identificación ideológica, las personas ateas o agnósticas son quienes tienen la propensión más elevada de votar al Frente Amplio en las próximas elecciones. 42% de los ateos o agnósticos votaría al FA si las elecciones fueran el próximo domingo. Entre los creyentes sin religión, ese porcentaje desciende al 29% y entre las personas adherentes a alguna religión el porcentaje de frentistas es aún menor: 19% entre los católicos y 21% entre los creyentes de otras confesiones.

En el Partido Nacional sucede el fenómeno opuesto: crece sensiblemente el porcentaje de votantes nacionalistas entre las personas identificadas con alguna religión en comparación al segmento de ateos y agnósticos. En tanto, los adherentes al Partido Colorado crecen por su lado entre los católicos, donde llegan al 18%. En los otros segmentos, los colorados fluctúan entre el 8% y 10%. Finalmente, quienes hoy votarían otros partidos (principalmente Partido Independiente y Partido de la Gente) tienen mayor presencia entre los ateos donde alcanzan el 14% de intención de voto.

Otra vía interesante para observar la asociación entre religión e intención de voto es tomando en cuenta la importancia otorgada a la religión en la vida propia más allá de la religión particular a la que se adhiera. Esta información es presentada en el gráfico 3. Queda claramente establecido que a mayor importancia otorgada a la religión menor es la probabilidad de votar al Frente Amplio. Entre quienes consideran muy importante la religión sus vidas un 18% votaría al FA, porcentaje que crece al 23% entre quienes otorgan algo de importancia, al 27% entre quienes dan poca importancia y al 40% entre quienes no consideran nada importante la dimensión religiosa en sus vidas (segmento que incluye tanto a población atea como a creyentes que no otorgan centralidad a la dimensión religiosa).

También se observa una mayor predisposición a votar por los partidos menores en la población más secularizada. Dichos votantes son un 12% y 13% entre quienes consideran a la dimensión religiosa poco o nada importante, en tanto que representan un 7% y 5% entre quienes le otorgan algo o mucha importancia. En cuanto a los partidos fundacionales, el dato más saliente es que entre quienes consideran a la religión muy importante en sus vidas el 36% votaría al Partido Nacional porcentaje que se reduce sensiblemente (16%) entre quienes  no le dan importancia a la religión en sus vidas.

Los datos presentados se encuentran en línea con la investigación electoral de los últimos años. Por ejemplo, las politólogas Lucía Selios y Daniela Vairo encontraron para las elecciones de 2009 que la creencia en Dios se asoció a una mayor probabilidad de voto a los partidos fundacionales. Para esa misma elección, un análisis multivariado de Tomas Doesk exhibió que quienes no se identifican con ninguna religión tuvieron una probabilidad significativamente mayor de votar por el entonces candidato presidencial frentista José Mujica.

Por tanto, aunque la dimensión religiosa no es la principal fuente de estructuración y división de los partidos políticos uruguayos, existen algunos procesos a través de los cuales la religión continúa afectando el comportamiento electoral de los uruguayos. Algunos de estos procesos son de muy larga data. Por ejemplo, el mayor peso relativo de votantes blancos dentro de los sectores de mayor religiosidad se remonta al mismo proceso de consolidación del Estado uruguayo. En este entonces, en el marco de un sistema bi-partidista, el Partido Colorado y el Partido Nacional difirieron fuertemente en cuanto al grado de apoyo a las políticas de secularización, siendo los primeros claramente más proclives que los segundos a la separación total entre Iglesia y Estado. Al mismo tiempo, la mayor popularidad que actualmente tienen los partidos de izquierda entre los electores ateos y agnósticos se condice con la impronta fuertemente secular que históricamente caracterizó a las principales corrientes ideológicas vinculadas a dichos partidos (en especial las diversas variantes de socialismo). Además, en tiempos recientes, el Frente Amplio ha sido la fuerza política que más apoyo ha dado a la llamada nueva agenda de derechos, generando en algunas medidas particulares (como la “ley trans”) resistencia por parte de algunas colectividades religiosas del país.

Finalmente, un cambio significativo que se ha producido en la sociedad uruguaya se encuentra en el perfil de los votantes colorados. Si bien el Partido Colorado tuvo históricamente especial afinidad con la población de baja o nula religiosidad debido a su fuerte impulso secularizador, en la actualidad no se percibe una diferencia sustantiva entre los niveles de apoyo a dicha colectividad política según el grado de importancia otorgado a la religión. Incluso, como ya observáramos, es entre los católicos que el PC cosecha su mejor intención de voto.

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