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Noticeu Obispos, sacerdotes y seminaristas celebraron la Fiesta del Cura de Ars en el Seminario Interdiocesano

foto ars

Obispos, sacerdotes y seminaristas de distintos puntos del país se dieron cita el jueves 3 en el Seminario Interdiocesano “Cristo Rey”  para celebrar la Fiesta de San Juan María Vianney, conocido como el Cura de Ars, patrono de los sacerdotes y los párrocos.

La fiesta se celebra el 4 de agosto pero tradicionalmente el Seminario recibe a los obispos y sacerdotes el jueves más cercano al Día del Cura de Ars.

Este jueves 3 de agosto se congregaron unos 150 entre obispos, sacerdotes y seminaristas del Seminario Interdiocesano y del Redemtoris Mater.

La celebración consistió en una Eucaristía, presidida por el Cardenal Daniel Sturla y concelebrada por todos los obispos y sacerdotes, siendo los concelebrantes principales el Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, (CEU) Mons. Carlos Collazzi (Obispo de Mercedes) y el Vicepresidente de la CEU, Mons. Arturo Fajardo (Obispo de San José de Mayo).

La Misa fue preparada y animada por los seminaristas del Seminario Interdiocesano, así como los detalles del almuerzo posterior.

La homilía estuvo a cargo del Obispo de Maldonado, Mons. Rodolfo Wirz, quien destacó que la gran felicidad que provoca vivir intensamente la vocación “es un don de Dios, no es un esfuerzo propio”.

En su prédica, el Obispo animó a los sacerdotes a asumir las actividades pastorales de tal modo que “la gente vaya captando que lo que estamos haciendo es en serio y que vale la pena”. Invitó a que “con tenacidad” traten de “revisar” la pastoral diocesana y parroquial.

Refiriéndose al Cura de Ars, Mons. Wirz recordó que vivió “intensamente” el encuentro con la gente y que fue un confesor por excelencia.

Trajo a colación algunos datos relevantes de la vida de Juan María Vianney: nació cercano a la Revolución Francesa en 1786 y falleció en 1859 a los 73 años de edad habiendo sido durante 42 años el párroco de Ars. “La iniciación de él no fue fácil, profundizar la fe, aprender latín, había tratado de escapar del servicio militar, tenía problemas con párrocos ya como seminarista, hasta que al final sí, a pesar de las vueltas pudo celebrar y recibir lo que era la culminación de su preparación para ser sacerdote”, puntualizó Mons. Wirz.

“Se levantaba tempranito y él mismo se hacía la cocina, visitaba a los enfermos, preocupado, queriendo a la gente, porque él conocía a su gente, encontraba las palabras oportunas de modo que tuvo que irla conquistando para que se acercara y no solo los de su pago sino la que venía de otro lado porque había escuchado lo que significaba él”, subrayó el Obispo de Maldonado.

El Obispo admitió que en el camino del sacerdocio “pueden surgir momentos de dudas, pero en la medida en que podamos transmitir con nuestra vocación qué es lo más importante, el Señor nos va iluminando y la gente se da cuenta de que estamos planteando algo que es exigente porque duele: profundizar en la fe, reconocer nuestros pecados, pedir perdón”. En contrapartida  la misericordia y la felicidad son el “regalo que Dios nos hace”, aseguró. Animó a los sacerdotes a tratar de “organizarnos bien, de dar tiempo a las cosas,  de que realmente nuestra presencia estimule, de motivar para que cada uno de nuestros parroquianos sienta no solo que Dios existe, sino que Dios está cerca, que busca nuestra felicidad y que es posible ser cristianos”. “Todo esto es un descubrimiento permanente y a esto se nos invita en esta fiesta que hoy celebramos, de aquel lejano santo que es al mismo tiempo para nosotros un estímulo”.

No es cuestión de imitarlo al Cura de Ars en el detalle “sino de captar lo esencial”, precisó Mons. Wirz..“Él se encontró con Cristo, le cambió la vida, cada día era feliz, no lo disimulaba, invitaba a la gente y esta se fue dando cuenta de que valía la pena acercarse a él, de reconocer las culpas, de que uno tiene que pedir perdón, de que Dios nos ama, de que no es demasiado tarde de empezar hoy mismo”.

Al finalizar su homilía Mons. Wirz animó a asumir la responsabilidad de estar cerca de la gente “No tengamos miedo al mundo que viene, es Dios el que nos llama”, enfatizo.

Luego de la Eucaristía, los presentes vieron un video del Padre Cacho, cuyo proceso para la beatificación y canonización está en curso. Seguidamente disfrutaron de un frugal almuerzo servido por los propios seminaristas, quienes estuvieron atentos a todos los detalles.

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