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La Iglesia en los medios Obispos rechazan igualar matrimonio homosexual al común

EL OBSERVADOR |

“Es imposible que haya matrimonio de varón con varón y de mujer con mujer. Si se quiere que lo haya, (…) búsquese otro nombre”, advirtió el obispo de Canelones, Alberto Sanguinetti

El obispo de Canelones, Alberto Sanguinetti publicó este martes una columna en la página de la Iglesia Católica en la que rechaza el término “matrimonio igualitario” para la unión entre un hombre y una mujer.

Este martes la Cámara de Diputados discute el proyecto de ley que habilitará el matrimonio entre personas del mismo sexo bajo esta nomenclatura.

En su escrito, Sanguinetti advierte que “buena parte de las campañas actuales pretenden embarrar la cancha, mezclando las palabras, cambiando el significado de los términos, confundiendo”.

Por esta razón, sostiene que la palabra matrimonio se refiere a la “unión estable de varón y mujer, capaces de acto conyugal con trasmisión de la vida, basado en el contrato de mutua pertenencia”.

De esta manera, afirma “es imposible que haya matrimonio de varón con varon y de mujer con mujer. Si se quiere que haya algún pacto o contrato entre personas del mismo sexo, búsquese otro nombre, porque nunca será un matrimonio”. De lo contrario, sugiere “buscar otra palabra para lo es el matrimonio, porque siempre será una realidad distinta”.

Respecto al término “igualitario”, el obispo subraya que aún una unión estable de varón con varón y de mujer con mujer no puede ser igual a la de un hombre con una mujer porque en los primeros casos “no pueden realizar el acto conyugal entre dos seres con corporalidad diferente – varón y mujer – y la actuación sexual que hagan no es capaz de procrear”.

Sanguinetti reafirma, entonces, que “hablar de matrimonio igualitario – aplicado a algún tipo de unión o pacto de varón con varón o mujer con mujer – es una mentira, y una imposibilidad real”.

El obispo continúa su columna señalando que la postura a favor del “matrimonio igualitario” no se puede sustentar – como dicen algunos legisladores – en que “es un derecho humano hacer lo que uno quiera en su vida privada” porque “la vida privada influye en lo político”. “Una ley no es una realidad privada, sino pública”, manifiesta.

En este sentido, agrega que “hacer una ley que constituye en matrimonio a un pacto de esa naturaleza es un hecho público, que afecta al bien común” porque la normativa tiene efectos culturales y formativos en la sociedad.

“Que se imponga por ley la mentira de que sea un matrimonio un pacto de dos varones o dos mujeres, que no pueden realizar el acto conyugal, ni pueden procrear es una grave injusticia con los jóvenes y las nuevas generaciones, que tienen el derecho a que la sociedad  los eduque en la verdad de las conductas sexuales, familiares”, asegura el obispo en su columna.

“Los problemas de los adultos no se arreglan con leyes voluntaristas que impongan una realidad que no existe. Tampoco con cacería de brujas, con epítetos de homofóbicos y otras discriminaciones a quien piense distinto”, reprocha Sanguinetti, quien sostiene que la familia basada en el matrimonio entre varón y mujer debe ser “sostenida y defendida” por la Constitución.

El obispo pone el ejemplo de la sociedad francesa que se manifestó en las calles para oponerse a este “falso matrimonio igualitario” y defender la familia. “Ponemos este ejemplo, no porque los franceses tengan razón, sino para pensar un poco, para debatir”, señala.

“El concepto de familia no se cambia con votos”

En el mismo sentido, se expresó días atrás en su blog Desde el Verdún, el obispo de Minas, Jaime Fuentes, quien señaló que “la diferenciación sexual tiene una finalidad natural obvia: es la expresión física del amor de los dos, encaminada no solo al placer sino también a la procreación de otro ser”.

“Se puede preguntar, ¿qué pasa con dos personas del mismo sexo que se quieren y desean compartir su vida? Parecería lógico que tengan también un reconocimiento civil, pero no puede ser igual al que regula el matrimonio”, objetó Fuentes.

“Equiparar esta clase de uniones al matrimonio, entiendo que sería una grave discriminación hacia el hombre y la mujer casados, puesto que éste lleva consigo una serie de obligaciones y derechos mutuos que no se dan en otra clase de uniones”, agregó, al tiempo que defendió el “derecho de los niños a tener un padre y una madre, naturales o adoptivos para crecer como personas”. En este sentido, agregó que “está más que demostrado que no puede suplirse esta necesidad por los cuidados que puedan darle dos hombres o dos mujeres”

“La filosofía de género que alimenta esto planteos, es una autentica ideología que, invocando la libertad sin límites y a cualquier precio, pretende, en la práctica, arrasar con los fundamentos mismos sobre los que está construida la sociedad”. En esto, agrega, nuestra Constitución es “muy clara” en su artículo 40: la familia es la base de la sociedad.

“Y el concepto de familia no se puede cambiar con votos. Si lo fuera, habrá que legislar también sobre los “matrimonios de a tres o de a cuatro”, seguir con la poligamia, con los andróginos…Un poco de sensatez, por favor”, reclamó el obispo al cerrar su post.