Iglesia al día

" Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno Dios nos llama y nos conoce por el nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. "
Papa Francisco (Audiencia General, 17/5/2017)

Saludo Pascual del obispo emérito de Canelones, Mons. Orlando Romero: “¿Qué es el hombre?”

 

100_2520 02

“Los cristianos seguimos celebrando a Jesucristo crucificado para no olvidar nunca el `amor loco´ de Dios a la humanidad y para mantener vivo el recuerdo de los crucificados”, asevera el Obispo emérito de Canelones, Mons. Orlando Romero, en su saludo para la Pascua. Jesús resucitado “es la fuerza que sostiene nuestra esperanza y nuestra lucha por un mundo más humano en el que el hombre y la mujer esté en el principio, en el centro y en la meta de todo nuestro compromiso cristiano”, afirma Mons. Romero.

El obispo plantea la pregunta de qué es el hombre hoy y asegura que “solo en Cristo Resucitado se muestra y se realiza la verdadera grandeza del hombre y solo en Él es plenamente conocida su realidad más íntima”.

“Somos muy sensibles en la proclamación de los Derechos Humanos a los que se acude en el reclamo de dignidad, de igualdad, de equidad, de justicia, de libertad. Pero ¿qué es el hombre? ante el economicismo reinante,  el consumismo, el materialismo que ahogan al ser humano convirtiéndolo en un objeto más o en una moneda de intercambio; ¿qué es el hombre? ante una realidad cargada de distintas formas de sufrimientos y de muerte que se sobreponen unas u otras hasta transformarse en verdaderos flagelos sociales como el hambre, la miseria, la violencia, la guerra, la emigración; ante situaciones de calamidades naturales, las epidemias, las catástrofes. Y qué decir ante el exterminio de millones de vidas humanas  por el aborto,  por limpiezas  étnicas, por las consecuencias de la venta de armamentos sofisticados, por el uso y abuso de millones de niños inocentes y por distintas formas de violencia a la mujer… ¿qué es el hombre? ¿qué es la mujer?:  agobiados por la inseguridad, el miedo, la desesperanza, la impotencia…”, plantea el obispo emérito. Y asevera: “Los acontecimientos pascuales nos abren a una respuesta rica en esperanza y transformadora del ser humano. `Cristo murió por todos y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la misma vida de Cristo resucitado´. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu que resucitó a Jesús, ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de solo Dios conocida, somos asociados al misterio Pascual´”.

 

“HE AQUÍ EL HOMBRE”

Mensaje Pascual

En la narración de la Pasión del Evangelio de San Juan, el gobernador Pilatos presenta a Jesús: “HE AQUÍ EL HOMBRE”, maniatado, ensangrentado, coronado de espinas,  arropado con un manto rojo,  humillado y despojado de todo, en un total anonadamiento, ante una multitud delirante de odio y gritando ¡“crucifícalo”! ¡“crucifícalo”!

“He aquí el Hombre” que hace suya en su propia humanidad sin dejar de lado nada de lo que es típicamente nuestro. “El Hijo de Dios en su Encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de María se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (GS 22).  “El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí” dirá San Pablo (Gal. 2,20). Jesús es el camino que nos invita a poner nuestros pasos en sus  huellas para descubrir un nuevo sentido del hombre y de la mujer, de su vida y de su muerte.

Hoy somos muy sensibles en la proclamación de los Derechos Humanos a los que se acude  en el reclamo de dignidad, de igualdad, de equidad, de justicia, de libertad.

Pero ¿qué es el hombre? ante el economicismo reinante,  el consumismo, el materialismo que ahogan al ser humano convirtiéndolo en un objeto más o en una moneda de intercambio; ¿qué es el hombre? ante una realidad cargada de distintas formas de sufrimientos y de muerte que se sobreponen unas u otras hasta transformarse en verdaderos flagelos sociales como el hambre, la miseria, la violencia, la guerra, la emigración; ante situaciones de calamidades naturales, las epidemias, las catástrofes. Y qué decir ante el exterminio de millones de vidas humanas  por el aborto,  por limpiezas  étnicas, por las consecuencias de la venta de armamentos sofisticados, por el uso y abuso de millones de niños inocentes y por distintas formas de violencia a la mujer… ¿qué es el hombre? ¿qué es la mujer?:  agobiados por la inseguridad, el miedo, la desesperanza, la impotencia…

Los cristianos seguimos celebrando a Jesucristo crucificado para no olvidar nunca el “amor loco” de Dios a la humanidad y para mantener vivo el recuerdo de los crucificados. Sin embargo, para quienes seguimos a Jesús y creemos en su fuerza redentora que encierra su muerte y resurrección, es la fuerza que sostiene nuestra esperanza y nuestra lucha por un mundo más humano en el que el hombre y la mujer esté en el principio, en el centro y en la meta de todo nuestro compromiso cristiano.  Solo en Cristo Resucitado se muestra y se realiza la verdadera grandeza del hombre y solo en Él es plenamente conocida su realidad más intima. Los acontecimientos pascuales nos abren a una respuesta rica en esperanza y transformadora del ser humano. “Cristo murió por todos y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la misma vida de Cristo resucitado”. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu que resucitó a Jesús, ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de solo Dios conocida, somos asociados al misterio Pascual” (cfr GS 22). Por esto que la felicidad de la Pascua de Jesús Resucitado inunde nuestros corazones.

+Orlando Romero, obispo emérito