Iglesia al día

" Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno Dios nos llama y nos conoce por el nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. "
Papa Francisco (Audiencia General, 17/5/2017)

Mons. Jaime Fuentes: “La vida pública de María”

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“La resurrección de Jesús nos llena de seguridad y esperanza”, afirma el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, en su mensaje pascual.

El Obispo invita a recurrir a la Virgen e imitar “a los que compartieron con ella los años en los que Jesús ya no estaba” y comenzó entonces su vida pública. “Los Santos Apóstoles le notificaban cualquier problema que se les presentase y de Ella recibían propuestas y consejos sobre lo que debían hacer, hasta el punto de que los que se encontraban próximos a Jerusalén iban a verla. De vez en cuando, se acercaban a Ella y le informaban de lo que habían hecho y de cómo habían predicado. Ellos después hacían todo según sus orientaciones. (Vida de María, atribuida a San Máximo el Confesor)¨. “Hoy como ayer, si la escuchamos, la Madre de la Iglesia hará notar su cercanía”, subraya Mons. Fuentes. .

LA VIDA PÚBLICA DE MARÍA

¡Jesús ha resucitado, Jesucristo vive para siempre! Nos llena de alegría esta certeza, eje de la fe de la Iglesia. Y Jesús quiso –cosa bien natural- que su Madre, Santa María, que compartió con Él el dolor indecible de la Cruz, compartiera también con Él la alegría inefable de la Resurrección: María fue llevada en cuerpo y alma al Cielo, otra verdad de nuestra que celebramos en la Iglesia el 15 de agosto.

Pero queremos saber más y nos preguntamos: ¿cuánto tiempo permaneció la Virgen Santísima en la tierra, antes de ir al Cielo? No lo sabemos, no dice nada al respecto la Sagrada Escritura. Pero, como afirman distintos autores, es bien posible que hayan sido unos cuantos años, quizás quince.

Fue entonces cuando empezó la “vida pública” de María. Ella experimentó la alegría de ver cómo prendía en muchos corazones la enseñanza de su Hijo, pero también debió pisar en sus mismas huellas… Explica un Padre de la Iglesia que la Virgen no sólo animaba y enseñaba a los Santos Apóstoles y a los demás fieles a ser pacientes y a soportar las pruebas, sino que era solidaria con ellos en sus fatigas, les sostenía en la predicación, estaba en unión espiritual con los discípulos del Señor en sus privaciones y suplicios, en sus prisiones. Así como había tomado parte con el corazón traspasado en la Pasión de Cristo, así sufría con ellos. Además, consolaba a estos dignos discípulos con sus acciones, les confortaba con sus palabras, poniéndoles como modelo la Pasión de su Hijo Rey. Les recordaba la recompensa y la corona del Reino de los Cielos, la bienaventuranza y las delicias por los siglos de los siglos.

Más aún, cuando Herodes capturó a Pedro, el jefe de los Apóstoles, teniéndolo encadenado hasta el alba, también Ella estuvo espiritualmente prisionera con él: la santa y bendita Madre de Cristo participaba en sus cadenas, rezaba por él y mandaba a la Iglesia que rezase. Y antes, cuando los malos judíos lapidaron a Esteban, cuando Herodes hizo ajusticiar a Santiago, el hermano de Juan, las persecuciones, sufrimientos y suplicios traspasaron el corazón de la santa Madre de Dios: en el dolor de su corazón y con las lágrimas de su llanto, era martirizada con él.

En nuestra Diócesis de Minas, desde el 8 de Diciembre pasado, estamos celebrando un Año Mariano, en el que queremos mirar con especial amor a la Virgen Santísima: para aprender de Ella y para tratar de imitar su amor. La resurrección de Jesús nos llena de seguridad y esperanza. La cercanía de su Madre y Madre nuestra constituye un ímpetu de fe en su intercesión. Debemos imitar a los que compartieron con ella los años en los que Jesús ya no estaba: Los Santos Apóstoles le notificaban cualquier problema que se les presentase y de Ella recibían propuestas y consejos sobre lo que debían hacer, hasta el punto de que los que se encontraban próximos a Jerusalén iban a verla. De vez en cuando, se acercaban a Ella y le informaban de lo que habían hecho y de cómo habían predicado. Ellos después hacían todo según sus orientaciones. (Vida de María, atribuida a San Máximo el Confesor). Hoy como ayer, si la escuchamos, la Madre de la Iglesia hará notar su cercanía.

Deseo a todos unas ¡Muy Felices Pascuas! Jesús ha resucitado y su Madre Santísima, nos acompaña.

Con mi bendición,

+ Jaime