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Mons. Galimberti insta a que se respete a quien piensa distinto

Mons. Pablo Galimberti Obispo de Salto

En su columna semanal en el Diario “Cambio”, el Administrador Apostólico de Salto, Mons. Pablo Galimberti, reivindica el derecho a que se respete a quien piensa distinto.

“Actualmente comprobamos dos actitudes diferentes y opuestas. Por un lado la libertad para expresar ideas y opiniones” pero, por otro lado, “dificultades para aceptar al que piensa distinto”, advierte el Obispo.

Mons. Galimberti señala como “una actitud legítima” el desconectarse cuando, por ejemplo, habla el Presidente de un club de fútbol que no es de nuestra preferencia, pero subraya que “otros diálogos requieren mayor prudencia” como “cuando hablamos del valor de la vida humana en oposición al aborto libre. O respecto a la ley integral para personas trans”.

“Tenemos derecho a opinar. Esto no significa que quien piense distinto está atacando a personas. Deberíamos distinguir entre la persona, que es digna del mayor respeto y sus ideas. Sus ideas o las mías, expresan a veces la búsqueda sobre cuestiones que se plantean actualmente y requieren atenta lectura. El respeto debe ser mutuo”, enfatiza.

Al ejemplificar sus dichos Mons. Galimberti recuerda que “a veces estallan atropellos”, como “sucedió en un centro educativo oficial en Salto, donde la directora fue separada apresuradamente por presunta violación de la laicidad”. “Fácilmente se atropella, aunque los comunicados maquillen lo sucedido”, manifestó.

El Obispo resalta que “buscar la verdad no es cosa de eruditos” al tiempo que admite que “un diálogo abierto no es fácil”. “El peligro es caer en la ingenuidad de las medias verdades”, indica y en este sentido cita a Antonio Machado, “que enseñó filosofía, advierte: “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces, si dices la otra mitad”.

“La exigencia de la bondad, de la justicia, de la verdad, de la felicidad, constituye la energía profunda del corazón. La verdad que nos colma”, concluye.

Pensar diferente

Actualmente comprobamos dos actitudes diferentes y opuestas. Por un lado la libertad para expresar ideas y opiniones. En este país podemos salir a la calle y levantar pancartas.

Por otro lado comprobamos dificultades para aceptar al que piensa distinto. Nos “desconectamos” al escuchar opiniones opuestas, por ej. en temas deportivos. Habla el Presidente del club “A”, que no es de mi preferencia; cambio de canal o lo escucho “como quien oye llover”. Actitud legítima.

Otros diálogos requieren mayor prudencia, cuando hablamos del valor de la vida humana en oposición al aborto libre. O respecto a la ley integral para personas trans.

Tenemos derecho a opinar. Esto no significa que quien piense distinto está atacando a personas. Deberíamos distinguir entre la persona, que es digna del mayor respeto y sus ideas. Sus ideas o las mías, expresan a veces la búsqueda sobre cuestiones que se plantean actualmente y requieren atenta lectura. El respeto debe ser mutuo.

A veces estallan atropellos. Sucedió en un centro educativo oficial en Salto, donde la directora fue separada apresuradamente por presunta violación de la laicidad. Fácilmente se atropella, aunque los comunicados maquillen lo sucedido.

Mirtha Legrand tuvo esta semana un mano a mano áspero con una artista invitada, que mostraba un pañuelo verde en su muñeca, señal de su adhesión al aborto. La conductora manifestó “yo soy celeste”, partidaria del “salvemos las dos vidas” y la invitada retrucó:“¡Yo no te respeto!”

Para la invitada,respeto equivale a coincidencia. Al que no piensa igual lo ataco o ignoro. ¿Será posible pensar diferente y al mismo tiempo poder mantener un trato de mínima cordialidad y respeto?

Ocasionalmente el diálogo puede transcurrir según recomienda A. Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. Sin pretender llegar a conclusiones abstractas, ya que “el corazón tiene sus razones que la razón no conoce” (Pascal). Un diálogo abierto no es fácil. El peligro es caer en la ingenuidad de las medias verdades. Machado, que enseñó filosofía, advierte: “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces, si dices la otra mitad.”

Buscar la verdad no es cosa de eruditos. Como la buscamos en el supermercado verificando la calidad de un producto. El corazón humano es un pozo inagotable. Cuenta un educador italiano que un joven le dijo: “Todo lo que me dice no vale. No puede negarme que la verdadera estatura del hombre es la del Capaneo de Dante, ese gigante encadenado por Dios en el infierno, que grita: “No puedo librarme porque me tienes preso. Pero no puedes impedirme que te maldiga. Esta es la verdadera estatura humana.”

El educador respondió: ¿No es aún más grande amar al Infinito, en lugar de patalear?Cuatro meses después volvió el joven,diciendo que se había reconciliado consigo mismo. Había vivido “taladrado por un gusano” por aquella frase.
La anarquía fascina. Hace olvidar que el ser humano, primero no existía y que luego, morirá. Por tanto es pura violencia que le hace decir: “Yo me afirmo frente a todo”. Es mucho más grande y verdadero amar al infinito, abrazando la realidad y el ser; mejor que afirmarse uno mismo frente a cualquier realidad pasajera.

La exigencia de la bondad, de la justicia, de la verdad, de la felicidad, constituye la energía profunda del corazón. La verdad que nos colma.

Columna publicada en el Diario “Cambio” el viernes 7 de septiembre de 2018