La Misión Casa de Todos se hace sentir a lo largo y ancho de Montevideo/ Fuente: Federico Gutiérrez

Este  fin de semana se están llevando adelante los Encuentros Casa de Todos, en más de 20 puntos de la ciudad, etapa clave de la misión que comenzó el Domingo de Pascua.
La misión, que durante estas tres semanas movilizó a la Iglesia de Montevideo, tuvo muchas y variadas actividades en las parroquias pero sobre todo fuera de ellas; plazas, ferias, semáforos, pasajes peatonales, casas de familia, ómnibus y un largo etcétera. Cada lugar de encuentro era propicio para invitar a todos a vivir la alegría de la fe y la esperanza de la victoria de Cristo, pero además para escuchar a cada una de las personas que recibía este mensaje. Escuchar, anunciar e invitar; esas fueron las consignas.

La actividades, en su mayoría, se concentraron en los fines de semana, cuando las comunidades tienen mayor disponibilidad y saben que los vecinos están en sus casas o en actividades al aire libre.

Durante los sábados y domingos entre 1.500 y 2.000 misioneros, identificados con chalecos amarillos, recorrieron las calles de toda la ciudad. Entre todos quiere compartir con sus lectores dos de estas experiencias que seguramente marcaron un antes y un después en la vida de muchas personas.

Anunciar, dialogar e invitar

Apenas pasan cinco minutos de las tres de la tarde. El cielo encapotado amenaza desde hace ya un par de horas y la puerta de la casa parroquial que da a la calle Helvecia se acaba de abrir. Los misioneros, unos diez, se mezclan con los niños y jóvenes que llegan a catequesis a la Parroquia Ntra. Sra. del Rosario de Pompeya, en Piedras Blancas. Se saludan y el párroco, el Padre Andrés Caprile, les da la bienvenida uno por uno.

El sacerdote informa que la parroquia cuenta con tres pequeñas comunidades; una de la Legión de María, una de la Renovación Carismática y otra del Camino Neocatecumenal. En la misma manzana de la parroquia está ubicado el Colegio Divina Pastora.

No es la primera vez que la comunidad de Pompeya está de misión. De hecho cada año, sobre finales de febrero, se suele realizar una sobre todo pensando en los niños que después realizarán un proceso de catequesis. “Estas misiones fueron muy importantes, sobre todo pensando en los niños que recibieron el Bautismo. Un año, de 20 niños que recibieron el sacramento de iniciación, la mitad se unieron en la misión”, comenta el P. Caprile.

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Pero con Casa de Todos la misión tiene un enfoque especial, donde el cara a cara, el buscar y escuchar la historia que tiene para contar el hermano que se había alejado, el anunciar la alegría de Cristo que salva, se convirtieron en los objetivos principales. Para esto se sumaron a los parroquianos algunos misioneros llegados de otros barrios, de otras realidades, pero que comparten la misma fe. Por ejemplo un grupo de jóvenes de la Residencia Del Plata. De hecho, en la zona funcionan Los Pinos y el CADI, dos instituciones también vinculadas al Opus Dei.

Antes de salir de dos en dos por las calles del barrio, el párroco explica algo de la logística, les entrega los chalecos que lucirán como misioneros, así como los folletos que repartirán a los vecinos. Les recuerda los tres objetivos de la misión: anunciar a Jesús, escuchar a las personas con las que se crucen e invitarlos al Encuentro Casa de Todos.

Solo falta la oración de envío, esa que dará el impulso para ser testigos. Parte de ella dice: “Con tu poder infinito, guía, Señor, sus pasos, fortalécelos con tu gracia, para que el cansancio no los venza. Que sus palabras sean un eco de las palabras de Cristo para que sus oyentes presten oído al Evangelio. Dígnate, Padre, infundir en sus corazones el Espíritu Santo para que, hechos todo para todos, atraigan a muchos hacia ti, que se incorporen a tu pueblo santo. Por Jesucristo, Nuestro Señor”.

La escucha atenta

Una vez en el camino se dan la distintas instancias de encuentro. Algunas en la calle, con un joven que espera el ómnibus y que recibe el folleto, otras en la puertas de las casas, presentándose y contando la propuesta. La experiencia va desde el “no” rotundo hasta las personas que reciben a los misioneros en sus casas, se abren a ellos y les cuentan sus problemas, sus alegrías y sus esperanzas.

“A veces hay misioneros que avanzan poco porque se quedan hablando en algún hogar, pero en realidad eso es muy importante, escuchar lo que tiene el vecino para decir e invitarlo a esta casa de puertas abiertas”, comenta el P. Andrés Caprile.

La tarde avanza, minutos antes de la cinco una lluvia fuerte cae sobre Montevideo y los misioneros regresan a la parroquia; allí celebrarán la Misa y compartirán esta experiencia de misión. En Ntra. Sra. del Rosario de Pompeya el Encuentro Casa de Todos se realizará el sábado 11 de mayo, a las 18 horas, y habrá música, un espacio de catequesis y testimonios, esos que hablan en primera persona de una vida transformada por Cristo.

Alegría compartida

Sobre las seis de la tarde, en el cruce de Ellauri y Av. Brasil, la luces de los semáforos se mezclan con la de los autos y el reflejo en el asfalto mojado. En las esquinas y sobre el pequeño cantero central unos 15 misioneros de la Parroquia San Juan Bautista entregan volantes a los autos que paran y a los transeúntes.

Los misioneros han salido por la zona de Pocitos durante dos fines semana, sábado y domingo, por la mañana y por la tarde. En la rambla, en los semáforos o subiendo a los ómnibus, los chalecos amarillos con la inscripción Casa de Todos se hicieron presentes.

Las reacciones son variadas: están aquellos que ni siquiera bajan las ventanillas del auto, está aquel que viene andando en bicicleta y sin frenar recibe el volante, y también están aquellos, muchos para sorpresa de los propios misioneros, que al pasar con el auto tocan bocina. Alguno hasta saca la cabeza y grita: ¡¡¡Arriba Cristo!!!

En ese salir al encuentro, en ese diálogo cara a cara con algunas de las personas que pasan, surgen anécdotas. Por ejemplo la de un matrimonio que se encontró con los misioneros durante el primer fin de semana.

Después de un rato de compartir la vida y la fe, les pidieron un contacto para seguir comunicados. Poco días después, la pareja hizo llegar a los misioneros pancartas con el logo de la misión Casa de Todos con la intención que los chicos siguieran repartiendo la alegría del encuentro con otros.

Es que si algo se trasluce en estos días de misión es la alegría. Gente de todas las edades, con los infaltables chalecos amarillos, comparten con quien primero encuentren la alegría de Cristo resucitado. Y hay mucho color y música en estos encuentros: bombo, redoblantes, guitarras.

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Jesús y María nos acompañan

Otra de las cosas que hay durante la misión es osadía, o lo que en nuestra cultura montevideana se podría asemejar a la osadía. Un grupo de estos misioneros ha decidido que el transporte público también es lugar de misión. De hecho no fueron los únicos que lo hicieron durante este par de fines de semana, y también surgieron historias de esas iniciativas.
En este caso de los jóvenes de San Juan Bautista se repitió la modalidad de ir de dos en dos, pero en lugar de tocar cada puerta o cada timbre, se subían y pedían permiso en cada ómnibus que pasaba. Dos muchachos se suben a los ómnibus con una guitarra.

Una de estos testimonios nos lo da Pía, una joven misionera que junto a otra joven de su comunidad salió por primera vez este sábado. “Antes de comenzar nos juntamos en la Iglesia e hicimos una oración con el Card. Daniel Sturla. Estuvimos por el barrio compartiendo un poco de la alegría que tenemos”.

Pero el día se nubló y la lluvia amenazaba con terminar la misión antes de tiempo, había que encontrar otra solución. “No podíamos ir a la rambla, dice Pía, entonces agarramos un par de guitarras y nos subimos a los ómnibus”. Todavía no entiende como se animó porque al principio le dio un poco de vergüenza pero “al segundo ómnibus ya la perdimos”, asegura riéndose. Agrega que ya no le importaban “los supuestos papelones, porque compartíamos con la gente la alegría que traíamos” y recalca que “más allá de que alguno no aceptara los folletos o no le gustara mucho que estuviéramos ahí, había mucha gente que se animaba a cantar y aplaudía la iniciativa”.

También contó que “entre ómnibus y ómnibus pudimos compartir también con la gente que estaba en las paradas. Es más, tuvimos el caso de una señora venezolana que se quiere unir a la comunidad y grabó las canciones que cantábamos para mandársela a los suyos en su país”.

Otro misionero que subió al transporte público fue Rogelio, actualmente en el Seminario Interdiocesano Cristo Rey. “Nunca me imaginé que iba a subir a un ómnibus a cantar, a hablar con la gente sobre Cristo e invitarla: fue una experiencia única”, remarca. Asegura que “el Espíritu Santo estuvo presente a la hora de dar testimonio e invitar a nuestra casa. Realmente Jesús y María estaban allí. Mucha gente nos aplaudía y otra mucha no, pero igualmente estoy muy contento porque la alegría de Cristo se hizo presente”. En este caso, el Encuentro Casa de Todos será a nivel zonal, en el Colegio Zorrilla, el sábado 11 de mayo, a las 17 horas.

La tarde del sábado ya se convirtió en noche y los misioneros de todo Montevideo vuelven a sus comunidades para compartir y celebrar lo vivido durante la misión. Todavía restan los Encuentros Casa de Todos (ver lista aquí), en los que se compartirán música, catequesis y testimonios. Todos ellos serán, como las iniciativas de la misión, variadas pero unidas por la fe común en Cristo que nos salva.

Crónica e imágenes tomadas de http://icm.org.uy/la-mision-casa-todos-dentro/