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San Pío X

Jaime Castells: Eminente veterinario jubilado que “cuenta” el Evangelio donde nadie llega

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Tomado del Boletín salesiano, Marzo 2017

Su carisma de líder y facilidad de palabra fueron las herramientas que le ayudaron a desarrollar una labor destacada como médico veterinario, dirigente en la Asociación Rural, en ámbitos deportivos y políticos, y como docente. Desde que se jubiló, hace nueve años, y haciendo caso omiso a las molestias de una prótesis de cadera, esos mismos dones los usa al servicio de LA PALABRA que lleva a los lugares más recónditos e inaccesibles del Durazno rural, donde por décadas no llegó ningún sacerdote.

Admite que su catequesis es “muy sui generis” y que hasta podría “escandalizar a más de un catequista”, pero dejando de lado prejuicios y con el aval del obispo de Florida, ofrece un curso “intensivo”, para gente de todas las edades, cuya finalidad reside en “contar lo que es la vida a la luz del Evangelio y llevar la alegría del mismo”.

– ¿Ha cambiado mucho a lo largo de su vida?

-Me parece que no. Al hacer el recuento de mi vida junto con un sacerdote en unos ejercicios espirituales que compartimos, llegué a la conclusión de que tuve varias etapas. Sin embargo, este cura, muy sabiamente, me hizo ver que hay una suerte de continuidad.

La vida de cada uno de nosotros esta signada por un plan de Dios, que seguimos o no. La continuidad es porque mi vida siempre estuvo marcada por el servicio a los demás.

Desde chico sentí que podía ser líder. En la juventud tuve la percepción de que desde el gremio estudiantil se podían modificar cosas que estaban mal en ese mundo agitado de los 60.

Fui docente y me retiré dos meses antes de la intervención de la Universidad. En la etapa de la dictadura uno no podía exponerse, entonces me dediqué a la profesión en Durazno y a mantener a la familia, que iba creciendo. Formé parte de la Liga de Fomento Rural de Molles y tuve una destacada participación en organismos internacionales de sanidad animal desde mi rol de asesor de la Asociación Rural, llegando a representar a todo el Cono Sur.

-¿Cuándo decidió jubilarse y dedicarse a otras cosas? 

– A los 65 años padecí una artrosis de cadera muy dolorosa y un día me dije: “Me jubilo”. Pero inmediatamente me vino a la cabeza la pregunta: “¿Qué voy a hacer?”. Sabía que ocioso no me podía quedar, porque en unas semanas o me moría o mi esposa me echaba de casa.

Afortunadamente, mis problemas físicos solo me impedían los desplazamientos a pie, pero no manejar. Una gracia de Dios en mi vida fue la de tener facilidad de palabra, a lo que se sumaba que conocía gente de todos los pueblitos del país y de todas las clases sociales.

– ¿Y el clic cuándo lo hizo?

– Un día venía rumbo a mi casa, ya decidido a jubilarme, y al pasar por el pueblo de Molles entré por si veía a alguno de los que habían trabajado conmigo. Como el día estaba lindo, encontré a muchos de ellos sentados frente a sus casas. Algunos sin la doña, otros sin el don y sin los hijos que ya se habían ido. O sea, estaban solos. Les pregunté cómo pasaban el tiempo y me dijeron “no hay nada para hacer acá”.

Ahí nació la idea de trabajar con la gente sola y pensé en hacer un “Club de Viejos”. Y tuve grandes problemas, porque me decían que “viejos son los trapos” (risas). Pero a mí lo más lindo que me pueden decir mis hijos es “viejo”. Me siento bárbaro.

– ¿Ahí arrancó a hacer cosas con ellos?

-Empecé a trabajar con gente adulta y decidí hablarles del Señor, de las cosas fundamentales de la vida, para prepararlos para la etapa final, que es la muerte.

Hice unos muy buenos cursos de Biblia, donde se me mostraba el Evangelio de una forma diferente, y pensé que esto tenía que transmitirlo.

Me propuse traducir el Evangelio al idioma de nuestra gente de campo, partiendo de las vivencias de cada uno de ellos. Primero en Carlos Reyles, después en Baygorria, luego pasé a Centenario. Nos reuníamos una vez por semana para reflexionar sobre el Evangelio del domingo, así cuando iban a Misa entendían lo que les decían, les llegaba de otra manera.

– ¿Y  en ese contexto hizo otro cambio?

-Todo iba tranquilo hasta que en mi vida se cruzó el “Cholo” (P. Adrián García sdb), el cura que se hizo amigo de uno de mis hijos. Él estaba en Talleres Don Bosco pensando en hacer misiones rurales con los alumnos en la zona del Chileno (Durazno). Después el “Cholo” me invitó a predicar un retiro en el “Paiva”. No pude decir que no y luego esa experiencia se repitió varias veces.

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Jaime Castells junto al P. Adrián García (Padre Cholo) en el Paiva

En el Paiva lo quieren mucho…

-En el Paiva me dicen abuelito. Allí quedó acuñada una expresión mía de cuando he predicado retiros. Les decía a los muchachos que “cuando reventás de amor por los demás, todo tu universo se inunda de partículas, e inmediatamente Dios te modela de nuevo, y te hace con un amor mucho más fuerte”.

 Y la cosa ahí fue creciendo aún más…

-En Cuchilla Ramírez me encontré con varias generaciones que no tenían los sacramentos ya que llevaban 20 años sin sacerdote. El Obispo de Florida me dijo que había que confirmar a esa gente y lo llevé, pero había gurisitos sin bautizar y sin la Primera Comunión. Ahora tengo19 niños de entre 9 y 12 años, que antes del inicio de las clases van a tomar la Primera Comunión.

¿Qué le transmite a la gente?

-Mi catequesis es muy “sui generis” y aunque cuenta con el aval del Obispo, la misma puede escandalizar a más de un catequista. Hago un intensivo. Estoy allá los lunes, martes y miércoles de febrero. No se puede dar catequesis dos años en un lugar al que es complicado acceder por  el estado de las carreteras y la crecida de las cañadas.

No me importa si no saben quién es Josué. Les doy un buen conocimiento de Dios y de la fe, de Jesús, una mecánica de interpretación de las cosas y listo. Trato de no cansarlos, de usar mecanismos que no los aburran y les hablo con palabras que entienden. Voy trabajando con niños, jóvenes y adultos. Ahora tengo seis parejas con hijos grandes para tomar la Primera Comunión. Dios no dijo “lleven mi palabra después de estudiar en la Facultad, hacer mil cursos, aprender Teología”, no es así. Hay que contar lo que es la vida a la luz del Evangelio y llevar la alegría del mismo.

Jaime Castells 

Es médico veterinario jubilado, de formación jesuita. Está casado hace décadas con Elina Daveredes, tienen 6 hijos –uno de ellos jesuita- y 12 nietos. Viven en la ciudad de Durazno.

Fue Presidente del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), directivo de la Asociación Rural del Uruguay, Jefe de la lucha contra la aftosa en el MGAP, político, dirigente deportivo, docente de la facultad de veterinaria, entre otras funciones. Actualmente realiza su tarea fundamental: llevar el Evangelio a los lugares más recónditos del Uruguay profundo.