Iglesia al día

" Dios quiere que lo llamemos Padre con la confianza de un niño que se abandona en los brazos de quien le ha dado la vida. "
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Pbro. Héctor Aranzabe: El recuerdo de los compañeros de la primera hora

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Hace hoy 33 años ingresábamos al Seminario Interdiocesano Cristo Rey un grupo de jóvenes; el octavo era Héctor. Oriundo de la Diócesis de Mercedes, nativo de Juan Lacaze; el último en llegar ya casi al límite de la hora de ingreso, un poco antes de la celebración de la Misa, hoy el primero en partir.

Poco a poco fuimos descubriendo varias facetas de su persona que lo pintaron de cuerpo entero. Esta llegada al límite presagiaba cómo le gustaba vivir y moverse. Un “arriesgado profesional” pero con la sabiduría enorme de intuir hasta dónde se podía llegar.

Para nosotros, “el viejo” como lo llamamos siempre, dada su incipiente calvicie a los 24 años y su aspecto formal, fue un disfrute, no tanto para formadores y profesores, porque siempre era muy agudo; sincero y directo, pero para unos y otros era una voz escuchada y respetada aunque se discrepara, de allí que podemos definirlo como un hombre libre pero a la vez muy fiel a Jesús, a la Iglesia y a su Magisterio. Hombre de oración y reflexión.

Amigo de sus amigos, gran anfitrión preocupado hasta el exceso para que pasaras bien a su lado y no te faltara nada. Su casa siempre fue el centro de reunión, el “punto de peregrinación” hacia donde iba la Comunidad San Pablo. Recibir y presentar su lugar, ya Nueva Helvecia, ya Tarariras, ya Mercedes y ahora Colonia era parte de su rutina. Pero no solo nosotros éramos los privilegiados, su casa siempre tenía lugar para matrimonios, familiares, curas de otros lugares… en fin, difícilmente no encontraras algún beneficiario de su hospitalidad.

Su disfrute estaba en servir a los demás, especialmente a los laicos por quienes gastó literalmente su vida y su ministerio. Servidor es una palabra que le cabe muy bien, a la manera del Buen Pastor, el que da la vida por sus ovejas. Preocupado y ocupado por su Diócesis, siempre pensando en ella, buscando formar a los seminaristas y acompañar a los nuevos sacerdotes, provocando y buscando perspicazmente que encontraran su propio camino.

Conservó su veta salesiana de dónde provenía, la Parroquia de Juan Lacaze. Los adolescentes y jóvenes siempre lo pudieron, su preocupación por esta pastoral y por la catequesis fueron también centro de su ministerio. En este perfil desplegó su originalidad y la ocupación constante por agregar un nuevo ingrediente, ya artístico, ya tecnológico, ya lúdico.

Nunca descuidó a su familia, la propia y la que fue acaudalando en sus múltiples ocupaciones pastorales y sociales. A todos nos hizo sentir que éramos parte de la misma. Nuestras alegrías de familia y nuestras penas  las hizo suyas y supo acompañarnos con su palabra y su cercanía en todo momento.

En el día de esta despedida tenemos el corazón partido pero a la vez lleno de esperanza cristiana, tenemos la seguridad de que nos esperará en ese gran banquete con el cual siempre soñó y  alguna vez definió el cielo.

María Virgen de los Treinta y Tres y Auxilio de los cristianos, a quien siempre amaste y veneraste con ternura te lleve de su mano al encuentro con el Señor Jesús.

Tus compañeros de la Comunidad San Pablo