Iglesia al día

" María se levantó y fue con prontitud "
Lucas 1,39

Mons. Milton Tróccoli invitó a rezar por las familias uruguayas

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En la primera celebración de la Fiesta de los santos Luis Martin y María Celia, padres de Santa Teresita de Lisieux, que tuvo lugar en la Capilla erigida en el predio del Proyecto Renacer, el Obispo Auxiliar de Montevideo, Mons. Milton Tróccol,  invitó a rezar por las familias de Uruguay.

El 28 de diciembre del año pasado fue inaugurada esta Capilla consagrada al santo matrimonio de Celia y Luis Martin en el predio del Prado del“PROYECTO RENACER”, dedicado desde el año 1995 a la rehabilitación de personas y familias en situación de drogodependencia,

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El pasado 12 de julio fue la primera fiesta del matrimonio santo que se celebró en la Capilla erigida donde existía una vieja caballeriza del siglo XIX.

La Misa fue concelebrada por el Obispo emérito de Florida, Mons. Raul Scarrone, el Vicario Pastoral de la Arquidiócesis de Montevideo, Daniel Kerber, el fundador del Proyecto Renacer, P. Gustavo Larrique y el flamante Provincial  de los Carmelitas, entre otros.

En su homilía, Mons. Tróccoli destacó que el ¨centro de la vida de este matrimonio santo” fue “el amor”, tal como loe expresa el apóstol Pablo, en la carta a los Corintios, “el que todo lo espera, todo lo cree, todo lo disculpa, el amor que no pasará jamás”.

“Este amor de Dios que es íntimo, permanente, definitivo, que no se echa atrás, es el mismo amor que en el sacramento del matrimonio expresaban estos dos esposos santos y que lo vivieron con esa intensidad tan grande, entregándose también con generosidad, por un lado al servicio de la vida con sus 5 hijos, por otro lado también, al servicio de todos aquellos que los conocían”, subrayó.

El Obispo Auxiliar de Montevideo invitó a orar, en esa Capilla “tan especial”, por “tantas familias de nuestro querido Uruguay que necesitan de nuestra oración, de nuestra comprensión, que necesitan volver a ese centro también que es el amor”. “El amor que hace dar frutos, frutos de entrega, de bien, de generosidad. Esos frutos del amor que nos hacen especialmente sentirnos en ese calor de hogar. Nuestro mundo necesita recuperar el calor de hogar, el espíritu de familia”, puntualizó.

Mons. Tróccoli aseguró que el mundo anhela y tiene ”nostalgia de hogar”, de un lugar donde “sentimos que crecemos cada uno pudiendo desarrollar lo mejor de nosotros mismos”.  En este sentido, destacó lo significativo que resultaba celebrar a estos esposos cristianos en ese lugar que es “hogar, que sana, que fortalece, que renueva y sobre todo, donde se quiere expresar este amor tan intenso”. “El amor de Dios que jamás se echa atrás, el amor de Dios que no da a nadie por perdido, el amor de Dios que es incondicional, que quiere reflejarse en cada rostro, en cada gesto, en cada actitud y en cada corazón”, precisó.

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Mons. Tróccoli resaltó la entrega mutua de estos santos sobre los que la propia hija, Santa Teresita, había dicho: «El Señor me concedió unos padres más dignos del Cielo que de la tierra». Señaló que en el amor del matrimonio cristiano están presentes la “entrega incondicional, permanente, fiel, de todos los días”, un amor “que se va renovando con cada gesto cotidiano, de ternura, de cercanía, de perdón, de paciencia, de alegría, de soñar juntos, de buscar juntos”. “Sabemos que es también este camino especial de santidad, de felicidad y de vida en plenitud”, enfatizó.

“¡Qué lindo es ver aquí, una esposa y un esposo que seguramente tuvieron que crecer juntos, tuvieron que irse conociendo cada vez más y cuando se da este animarse a crecer juntos, este compenetrarse el uno al otro, es entonces cuando se van uniendo también las mismas búsquedas, los mismos deseos, los mismos sueños, los mismos proyectos. Donde el amor los va haciendo uno!”,  expresó Mons. Tróccoli. Recordó, asimismo, que no hay vocaciones de primera o de segunda ya que todas las vocaciones son “un don de Dios, un llamado del Señor y son esa invitación constante a responder”. “Cada mañana cuando el Señor nos vuelve a llamar. Cada mañana nos vuelve a invitar para que vivamos con intensidad ese proyecto de amor y de vida que nos ha invitado a vivir y en el que Él mismo se ha comprometido con nosotros para que sigamos adelante. Vamos a pedirle al Señor entonces, que por intercesión de este santo matrimonio, nos regale también a todos nosotros, especialmente a las familias, el don del amor, de la unidad, de la reconciliación sincera”, animó el Obispo Auxiliar de Montevideo.

Muchos familiares amigos del Proyecto acompañaron la Eucaristía cuyos cantos fueron animados por los novicios carmelitas de Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay.  Una vez finalizada la Misa, los feligreses se dirigieron al altar para venerar las reliquias de primer grado (fragmentos del cuerpo) del santo matrimonio cuya Fiesta se celebraba.

Luego de culminada la Misa los presentes compartieron un ágape fraterno.

HOMILÍA MONS. MILTON TRÓCCOLI

MIÉRCOLES 12 DE JULIO

CAPILLA PROYECTO RENACER.

En este caso tenemos la alegría de celebrar a este matrimonio santo. A Luis Martín y a María Celia, de quienes Santa Teresita misma decía «El Señor me concedió unos padres más dignos del Cielo que de la tierra». Y la lectura de hoy nos invita a contemplar lo que fue el centro de la vida de este matrimonio santo, y fue el amor. El amor como lo expresa el apóstol Pablo, en la carta a los Corintios, el amor es el que todo lo espera, todo lo cree, todo lo disculpa, el amor que no pasará jamás. Y este amor de Dios que es intimo, permanente, definitivo, que no se echa atrás, es el mismo amor que en el sacramento del matrimonio expresaban estos dos esposos santos y que lo vivieron con esa intensidad tan grande, entregándose también con generosidad, por un lado al servicio de la vida con sus 5 hijos por otro lado también, al servicio de todos aquellos que los conocían.

Santa Teresita recuerda que sus padres tenían siempre muy presente este afán misionero, esta necesidad de la misión, sea colaborando con las obras de las misiones, sea rezando intensamente también para que sean más los que conozcan a Jesús. Y Teresita, en su alma filial, perdóname Señor mío si vivo desatinos al querer expresarte mis deseos, mis esperanzas que rayan el infinito. Perdóname y cura mi alma dándole lo que espera. Esa picardía de los Santos, dame lo que estoy pidiendo, es una forma más poética de decirlo, pero con esa sencillez de los Santos, que al ser amigos de Dios pueden hablarle con esta confianza y también con este saberse plenamente escuchados por él.  Por eso al celebrar hoy esta misa en esta capilla tan especial, capilla desde donde de un modo particular queremos orar por todas las familias, por las familias de quienes estamos aquí presentes, por tantas familias de nuestro querido Uruguay que necesitan de nuestra oración, de nuestra comprensión, que necesitan volver a ese centro también que es el amor. El amor que hace dar frutos, frutos de entrega, de bien, de generosidad.

Esos frutos del amor que nos hacen especialmente sentirnos en ese calor de hogar. Nuestro mundo necesita recuperar el calor de hogar, el espíritu de familia. El saber sentirnos en este lugar donde nos sentimos cuidados, protegidos y donde podemos sentir que crecemos cada uno de nosotros pudiendo desarrollar lo mejor de nosotros mismos. Nuestro mundo busca, anhela, tiene esta nostalgia de hogar. Como tenemos todos, cuando llegamos cada día a nuestro hogar y sentimos la alegría de volver a estar en él. Por eso creo que también cobra un especial sentido, el celebrar a estos esposos cristianos aquí en este lugar que quiere ser hogar. En esta casa que es hogar, que sana, que fortalece, que renueva y sobre todo, donde se quiere expresar este amor tan intenso. El amor de Dios que jamás se echa atrás, el amor de Dios que no da a nadie por perdido, el amor de Dios que es incondicional, el amor de Dios que quiere reflejarse en cada rostro, en cada gesto, en cada actitud y en cada corazón. Y es por eso que, el celebrar aquí la fiesta de Luis Martín y de Celia Guérin, nos ayude a nosotros a pedirle especialmente a esta casa también que siempre siga creciendo este calor de hogar, esta capacidad de recibir, de acompañar, de sostener, de fortalecer y de animar. Siempre que celebramos la vida de los Santos y especialmente cuando celebramos estos Santos que se sacrificaron justamente en el matrimonio, en la entrega mutua de amor, en esa entrega incondicional, permanente, fiel, de todos los días. Ese amor que se va renovando con cada gesto cotidiano, de ternura, de cercanía, de perdón, de paciencia, de alegría, de soñar juntos, de buscar juntos. Todo esto que está presente en la vida del matrimonio cristiano, sabemos que es también este camino especial de santidad, de felicidad y de vida en plenitud. Cuántas veces podemos escuchar que nos dicen “Padre, si usted conociera a mi esposa que es así, así, así” Y las esposas que dicen “Si usted conociera a mi marido que es así, así, así”.

Y qué lindo es ver aquí, una esposa y un esposo que seguramente tuvieron que crecer juntos, tuvieron que irse conociendo cada vez más y cuando se da este conocimiento juntos, este animarse a crecer juntos, este compenetrarse el uno al otro, es entonces cuando se van uniendo también las mismas búsquedas, los mismos deseos, los mismos sueños, los mismos proyectos. Donde el amor los va haciendo uno. Y este es el don que queremos pedir hoy. Para todos los matrimonios de nuestra patria, pero queremos pedir también para todas las familias aquí presentes, lo queremos pedir también para todos aquellos que están buscando de verdad, con entrega, con generosidad, la santificación en el camino de matrimonio.

La oración de comienzo de hoy es muy bonita en este sentido porque le pide a Dios “saber amarte y servirte fielmente respondiendo cada uno dignamente a su vocación” No tenemos vocaciones de primera o de segunda, todas las vocaciones son un don de Dios, un llamado del Señor y son esa invitación constante a responder. Cada mañana cuando el Señor nos vuelve a llamar. Cada mañana nos vuelve a invitar para que vivamos con intensidad ese proyecto de amor y de vida que nos ha invitado a vivir y en el que Él mismo se ha comprometido con nosotros para que sigamos adelante. Vamos a pedirle al Señor entonces, que por intercesión de este santo matrimonio, nos regale también a todos nosotros, especialmente a las familias, el don del amor, de la unidad, de la reconciliación sincera .. De tener siempre esos sueños grandes, esos sueños de Dios. Dios no sueña cosas chiquitas, cosas más o menos. El ir más o menos tirando o llevándola o marchando, como decimos tantas veces “y bueno ahí vamos, voy marchando, la voy llevando” Dios tiene sueños grandes, entonces no se deja ganar en generosidad y por eso nos impulsa también a una generosidad grande, honda, profunda, una salida de verdad, entregada en el amor, entregada sobre todo en saber amar como Jesús nos ama. Amense unos a otros como yo los he amado. Ese es el mandamiento nuevo del amor que Jesús nos ha dejado, ese es el mandamiento que hoy recordamos especialmente, ese es el mandamiento que hoy queremos pedir cada uno de nosotros con especial intensidad. Que el Señor, por intercesión de estos santos, nos regale a nosotros aquellas gracias que pedimos, que más necesitamos  y aquellas gracias que necesitan todos los matrimonios y familias de nuestra patria. Que así sea.